Por Jorge Tomé
En las fronteras del Báltico, donde los bosques espesos se mezclan con bases militares y la tensión con Rusia se percibe en cada movimiento, soldados de distintos paises de la OTAN entrenan juntos. Son estadounidenses, alemanes, lituanos y polacos que, más allá de las banderas en sus uniformes, comparten una certeza: si uno de ellos es atacado, todos responderán. Esa promesa, inscrita en el Tratado del Atlántico Norte de 1949, se resume en un solo parrafo: el Articulo 5. Se trata de una cláusula breve, pero con un peso descomunal en la seguridad internacional, porque constituye la esencia misma de la defensa colectiva occidental bajo la premisa de que “unidos somos mas fuertes”.
Un seguro de vida colectivo.
El Articulo 5 nació en un mundo marcado por la Guerra Fría. Tras la segunda guerra mundial, Europa estaba devastada, Estados Unidos emergía como potencia global y la Unión Soviética avanzaba en su consolidación como superpotencia rival. En ese contexto, el 4 de abril de 1949, doce paises firmaron en Washington el tratado que le daría origen a la OTAN. Su núcleo era simple: garantizar que ningún estado Europeo quedara solo frente a una agresión sovietica. El recuerdo de Múnich de 1938 y de Polonia en 1939 estaba demasiado fresco; la idea era evitar que la fragmentación europea volviera a abrirle la puerta a la expansión de una potencia autoritaria.
Lo notable es que, pese a su centralidad, el Artículo 5 se activó solo una vez en la historia: después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos. Fue un uso inesperado, porque la cláusula fue diseñada para enfrentar tanques y divisiones militares, no a grupos terroristas armados con aviones secuestrados. Sin embargo, aquella invocación mostró que el articulo no estaba atado unicamente a la guerra convencional. Bajo su paraguas se lanzaron operaciones en Afganistán y se reafirmó el compromiso de los aliados en un momento de vulnerabilidad inédita.
Pero el hecho de que se haya usado una vez no quiere decir que el articulo 5 haya estado inactivo. Al contrario, su verdadero poder está en la disuasión. Moscú siempre supo que atacar a un país de la OTAN significaba enfrentarse a su conjunto; y lo mismo perciben otros actores que tantean los limites del sistema internacional. El artículo funciona como un seguro colectivo: se espera nunca tener que usarlo, pero su sola existencia condiciona el cálculo del riesgo de cualquier potencial agresor.
Ambiguedades en un mundo nuevo.
La pregunta central hoy es si ese seguro sigue siendo tan creíble como en 1949. Y acá entran los dilemas estratégicos. En primer lugar, la ambigüedad de lo que constituye “ataque armado”. El tratado no lo define con precisión, lo que abre debates en un mundo donde las agresiones ya no se reducen a invasiones con tanques; ¿cuenta un ciberataque masivo que paralice redes eléctricas?, ¿y un sabotaje a un gasoducto bajo el mar?, ¿o la injerencia sistemática en elecciones democráticas mediante campañas digitales?. La guerra hibrida y los ataques en el ciberespacio ponen a prueba la vigencia del articulo, porque no está claro si un ataque de ese tipo dispararía la respuesta colectiva.
En segundo lugar, está la cuestión politica. El articulo 5 no obliga automáticamente a responder con fuerza militar; cada país decide como contribuir, lo que abre las puertas a divergencias internas. Estados Unidos ha presionado constantemente para que los aliados europeos inviertan mas en defensa (el famoso 2% del PBI), bajo la amenaza de que el compromiso de D.C. podría flaquear si otros no asumen su parte. Durante la presidencia de Donald Trump, esta presión se volvió un cuestionamiento directo a la alianza, generando dudas sobre si, llegado el momento, la respuesta estadounidense sería automatica. Esta incertidumbre es peligrosa, porque debilita la disuasión: si un adversario percibe grietas en la unidad aliada, puede sentirse tentado a probar suerte.
El tercer dilema es geográfico. Cuando se firmó el tratado, la frontera de la OTAN estaba en Alemania Occidental. Hoy llega hasta Estonia, Letonia y Lituania, pequeñas naciones bálticas que colindan directamente con Rusia. Para Moscú, su vulnerabilidad es evidente; para la alianza, defenderlas de un ataque rápido y localizado sería un desafío logistico colosal. Acá surge una de las grandes incognitas: ¿responderá la alianza con la misma contundencia a un ataque limitado contra un país báltico que a una agresión directa contra Alemania o Francia?, la credibilidad del Artículo 5 depende de que la respuesta sea la misma, pero la tentación de distinguir entre lo central y lo periférico siempre está presente.
A todo esto se suma un cuarto punto: la relación con el poder nuclear. Estados Unidos, Reino Unido y Francia son potencias nucleares dentro de la alianza atlantica. Esto significa que, en ultima instancia, un ataque contra cualquier miembro podría escalar hasta un enfrentamiento nuclear. Esta posibilidad refuerza la disuasión, pero tambien eleva los riesgos de malinterpretaciones. Los ejercicios militares en Europa del Este, los vuelos de bombarderos estratégicos y las amenazas veladas de Rusia sobre el uso de armas nucleares tácticas en Ucrania mantienen vivo el debate sobre cuánto riesgo están dispuestos a asumir los aliados.
El futuro de la defensa colectiva.
Entonces, el Articulo 5 no es una formula mágica que garantiza la seguridad absoluta. Es una promesa política sostenida por la confianza mutua y por la disposición de los Estados a cumplirla incluso cuando el costo sea alto. La historia muestra que la disuasión funciona mientras la voluntad sea creíble. El dia que se dude de esa voluntad, la disuasión puede quebrarse de manera irreversible.
Hoy la OTAN enfrenta ese dilema en varios frentes. En el Báltico y Polonia, la amenaza Rusa; en el ciberespacio, la sombra de ataques que podrían paralizar infraestructuras críticas. En el Ártico, la competencia por rutas maritimas y bases estratégicas. Y en el Atlántico, la vulnerabilidad de los cables submarinos que sostienen internet. En todos estos escenarios, el mentado articulo se encuentra implícitamente en juego.
El lema de “unidos somos mas fuertes” sigue vigente, pero no basta con repetirlo: hay que demostrarlo en cada despliegue, en cada ejercicio conjunto y en cada decision de gastos en defensa. Lo que está en juego no es solo la seguridad de los países miembros, sino la credibilidad de la alianza mas poderosa de la historia contemporánea.
El articulo 5 es mucho mas que una clausula en un tratado; es la línea roja que separa la seguridad de la incertidumbre, la disuasión de la agresión, la estabilidad de la catástrofe. Desde 1949 ha servido como un seguro de vida colectivo para Occidente. La pregunta que nos sobrevuela hoy es si, en un mundo marcado por la guerra híbrida, la IA, las amenazas nucleares tácticas y la creciente competencia multipolar, ese seguro seguirá siendo incuestionable.
La respuesta depende menos del papel escrito que de la voluntad politica de los Estados. Porque al final del dia, el articulo 5 no se mide en palabras, sino en disposición a cumplirlas. Y esa disposición será lo que defina si, frente a la próxima gran crisis, la OTAN logra mantener viva su promesa fundacional: que un ataque contra uno es, inevitablemente, un ataque contra todos.
Referencias bibliográficas.
-Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). The North Atlantic Treaty (1949) https://www.nato.int/cps/en/natolive/official_texts_17120.htm
-Rynning, Sten. NATO Renewed: The power and purpose of Transatlantic Cooperation
–Waltz, Kenneth. Theory of International Politics.
–Lanoszka, Alexander. Military Alliances in the Twenty-First Century.
–Freedman, Lawrence. Deterrence.
–Hill, Christopher. The Future of NATO: Regional defense and Global Security.
–OTAN. Collective Defense – Article 5. NATO Official website.









