Por Valentina Garcia Torres
El miércoles 7 de enero de 2026 quedará marcado en los libros de historia como el momento en que Estados Unidos decidió, oficialmente, dejar de jugar bajo las reglas que él mismo ayudó a escribir hace ochenta años. Mediante la firma de un memorándum presidencial, Donald Trump ordenó la retirada inmediata y el cese de financiación a 66 organizaciones internacionales. No se trata de un ajuste administrativo menor; es el desmantelamiento deliberado de la arquitectura de la gobernanza global.
La lista de organismos afectados es extensa y estratégica. Abarca desde la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) —el tratado madre de la diplomacia ambiental— hasta entidades técnicas críticas para la economía real, como el Grupo Internacional de Estudio sobre el Cobre y el Comité Consultivo Internacional del Algodón. Para comprender la magnitud de este sismo diplomático, es necesario analizar la teoría política que lo impulsa, las consecuencias económicas inmediatas y cómo este vacío de poder reconfigura las alianzas en el Sur Global.
La Lógica del “Realismo Jacksoniano”
Para decodificar la política exterior de la actual administración estadounidense, los analistas recurren al concepto de “Realismo Jacksoniano”. Esta tradición, que toma su nombre del presidente Andrew Jackson, rechaza la noción de una “comunidad internacional” abstracta. Bajo esta óptica, las instituciones multilaterales no son foros de cooperación, sino trampas burocráticas que limitan la soberanía nacional y drenan recursos sin ofrecer beneficios tangibles.
A diferencia del aislacionismo clásico, el jacksonianismo no busca desconectar a Estados Unidos del mundo, sino interactuar con él únicamente bajo términos de fuerza y beneficio directo. La retirada de estos 66 organismos envía un mensaje claro: Washington prefiere la anarquía bilateral —donde puede imponer su peso específico en negociaciones uno a uno— antes que someterse a reglas universales que nivelan el campo de juego para potencias menores.
Del Clima a los Commodities: Un mercado a ciegas
El impacto más mediático es, sin duda, el ambiental. Apenas dos meses después de la cumbre COP30 celebrada en Belém, Brasil (noviembre de 2025), donde ya se evidenciaron las fracturas en el consenso global, la salida de EE. UU. de la CMNUCC y del Panel Intergubernamental de Expertos (IPCC) deja al régimen climático sin su principal financiador histórico y sin la mayor economía del mundo en la mesa de negociación.
Sin embargo, existe un impacto silencioso y potencialmente más disruptivo para la economía diaria: la opacidad estadística. Organismos técnicos como los grupos de estudio del cobre, el plomo, el zinc y el caucho cumplen una función vital: proporcionar datos transparentes sobre oferta y demanda que estabilizan los precios globales.
Al retirar a Estados Unidos de estos foros, el mercado de materias primas entra en una zona de oscuridad. En un momento donde se proyecta un déficit estructural de cobre para 2026 debido al auge de la inteligencia artificial y la electrificación, la falta de datos fiables de uno de los mayores consumidores del mundo añade una volatilidad peligrosa. Para las economías exportadoras de recursos naturales, esto implica planificar inversiones a largo plazo en un entorno de precios impredecibles y manipulables.
El “Efecto Dominó” y el Caso Argentino
La onda expansiva de esta decisión ha comenzado a sentirse en América Latina, donde algunos gobiernos evalúan sus propias posiciones frente al multilateralismo. El caso más notorio es el de la República Argentina. La administración de Javier Milei ha mostrado una alineación casi mimética con la doctrina de Washington, anunciando intenciones de retirarse de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en febrero de 2026 y rechazando iniciativas de la ONU como el “Pacto del Futuro”.
Esta estrategia de acople conlleva riesgos significativos para potencias medias. Mientras Estados Unidos posee la espalda económica y militar para sostener una postura unilateral (“patear el tablero”), los países en desarrollo que replican esta estrategia corren el riesgo de quedar aislados diplomáticamente. Al retirarse de los foros donde se discuten las normas comerciales y sanitarias, se pierde capacidad de influencia y se expone a los sectores productivos nacionales a barreras para-arancelarias en mercados exigentes como el europeo, que continúa endureciendo sus normativas de sostenibilidad.
Geopolítica del Vacío: La Oportunidad de China
La paradoja de esta retirada es que, al intentar frenar lo que denomina “globalismo”, Estados Unidos podría estar entregando las llaves del sistema internacional a su principal rival. La ausencia estadounidense en organismos técnicos y de desarrollo deja asientos vacíos que China está dispuesta a ocupar.
Al mantenerse dentro de las instituciones y presentarse como el garante de la estabilidad y el comercio multilateral, Beijing tiene ahora vía libre para influir en los estándares tecnológicos e industriales del futuro. Iniciativas como la Alianza Solar Internacional, debilitada por la salida de EE. UU., podrían ver un incremento en la influencia china, reconfigurando las alianzas energéticas en el Sur Global.
Perspectivas futuras para el orden mundial
La decisión del 7 de enero marca el fin de la ilusión de un gobierno global cooperativo nacida en la posguerra. El mundo transita hacia un orden más áspero y transaccional, donde la diplomacia de foros cede paso a la diplomacia de la fuerza. En este nuevo escenario, la “neutralidad” de las reglas técnicas desaparece, y tanto naciones como empresas deberán aprender a navegar un sistema internacional fragmentado, volátil y carente de árbitros aceptados por todos.








