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Las mujeres y las maras

Por Agustina Bonatti

En este artículo, se busca visibilizar el rol que tienen las mujeres dentro de dinámicas tan machistas y estructuras tan patriarcales como las que se ven en las maras (pandillas centroamericanas). Se realiza una diferenciación entre las pandilleras y las jainas, como así también, se ilustra el caso de las “Viudas Negras” dentro de la Mara Salvatrucha.

Es menester entender que, más allá de su subordinación, las mujeres son las que refuerzan el cimiento de estas estructuras, haciendo el trabajo que no se ve y logrando el perfecto funcionamiento de la mara.

Introducción

Cuando pensamos en las maras, dadas a conocer por la Real Academia Española como: “pandilla juvenil organizada y de conducta violenta, de origen hispanoamericano”, automáticamente se nos vienen a la cabeza jóvenes tatuados con sus respectivos símbolos que representan al grupo de pertenencia. Y sí, es cierto, las maras centroamericanas, a las que se va a hacer mención, están conformadas mayoritariamente por hombres; es más, su organización está totalmente sesgada por una fuerte jerarquía patriarcal que, hoy en día, la conocemos bastante bien.

Sin embargo, para que esta reproducción del patriarcado exista, deben estar presentes las mujeres y podemos enumerar dos roles centrales que pueden desempeñar: pandilleras o jainas, sin embargo no son los únicos y, menos aún, excluyentes; ya que, algunas pandillas lograron crear otros roles, como hizo la Mara Salvatrucha con las Viudas Negras.

 

Pandilleras: una elección

Ellas son las que escogen pertenecer al grupo, aunque saben que nunca podrán llegar a las altas jerarquías, debido al estructurado sistema que rige estas pandillas. Los miembros varones las consideran como propias de la mara, no como un sujeto íntegro con igualdad de facultades. Se ven en su rol de compañeras sexuales, de cocineras para el grupo, de criadoras de niños y de colaboradoras o enlaces con el mundo exterior, ya que hacen de mensajeras de la pandilla, en especial cuando sus parejas están encarceladas (Sampó, 2016).

Para entrar, pueden elegir qué rito de iniciación desean: la brincada o los “zapateos” (golpizas por una cierta cantidad de segundos, según lo dispuesto por cada grupo) o el «trencito» o «dar amor» mantener relaciones sexuales con cierta cantidad de miembros del grupo. Por lo general, para lograr ser parte propiamente de la mara, el tiempo estimado es prolongado: de dos a tres años; las niñas primero son «simpatizantes» de la mara y cumplen con recados menores, a medida que pasa el tiempo, se ven más involucradas en las actividades delictivas de la pandilla (Sampó, 2016).

Sin embargo, puede haber otra forma de ingresar al grupo de manera privilegiada: convertirse en “la jaina» (esposa/compañera) de alguno de los meros (jefes) de la pandilla; al ingresar de la mano de los jefes, acceden a un lugar privilegiado dentro de la mara. Por otro lado, las que son capaces de asesinar por encargo son las que tienen más posibilidades de ganarse el respeto y un lugar. Y, en el caso de las que ingresaron con el brinco, logran escalar posiciones dentro de la organización al convertirse en la jaina de los que ocupan la parte más alta de la pirámide.

 

“Viudas negras” ¿un rol más?

Las Viudas Negras son mujeres que han sido sometidas a la trata de personas a través del matrimonio con desconocidos, que luego mataban para cobrar el seguro y entregarlo a la Mara. Esta fue una estrategia surgida desde la Mara Salvatrucha, en donde por primera vez se llevó a cabo un juicio por trata de personas en El Salvador, durante el año 2019.

Todo comenzaba cuando una de las mujeres miembro de la pandilla, asistía a eventos en donde se vinculaba con hombres interesados en obtener el permiso para residir en norteamérica, y los terminaba convenciendo de que casarse con “su sobrina” le iba a dar ese beneficio. Una vez que las mujeres víctimas de trata se encontraban con su futuro esposo, la cual era controlada y violentada en el caso de no cumplir con los requerimientos de la mara, tenía que lograr que su pareja acceda a realizar los trámites correspondientes para el seguro. Una vez finalizado eso, se encargaban de matarlos, cobrar aquello que les correspondía y entregarlo a algún miembro superior de la mara.

Sin embargo, estas mujeres no eran consideradas como miembros. Según los juicios por el caso, muchas de ellas no sabían a quién estaban sirviendo y, ni hablar de cómo deshacían poco a poco su nivel de decisión (González Díaz, 2019).

 

 Rol de las mujeres dentro de las maras

Su reclutamiento es primordial en la mara, ya que estas ayudan a esconder droga, recoger la renta e incluso asesinar a miembros de la mara rival. La situación más peligrosa es la de la jaina porque tienen que ser leales a su marido para no perder este estatus dentro de la mara, y la vida, eso significa que nadie las toque ni vea. Pero las mujeres que están en pareja con alguno de los pandilleros que se ubican en los estratos más bajos, deben ser compartidas con los demás miembros, por ella no existe un respeto (Sampó, 2016).

En este sentido, impacta el gran componente machista que hay en la composición de estos grupos donde, en general, la mujer pasa a hacer un trabajo imprescindible pero desde el ámbito privado.

Sin embargo, estas son la debilidad del marero, eso hace que con frecuencia sean el blanco de las pandillas rivales. Son las que sostienen las bases de esta gran “familia”. Sin embargo, eso no quita que sigan sin ser partícipe de la toma de decisiones del grupo.

 

 A modo de conclusión

Como se puede observar, las mujeres se encuentran envueltas en diversas dinámicas dentro del grupo. Algunas con más protagonismo que otras. Pero al fin y al cabo, siempre en un lugar de inferioridad respecto al varón.

En este sentido, se considera que las mujeres que sufren la violencia del contexto social que las rodea muchas veces acuden a la mara huyendo de esa situación; no obstante, se encuentran envueltas en otras situaciones de violencia que, muchas veces, las tienen de protagonistas. En definitiva, las mujeres son objetos y sujetos de violencia; son violentas, pero también son violentadas (Tager, s/f).

 

 

Bibliografía:

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