Venezuela, cambios e implicancias para la región y el mundo

Por Antonio Miguel

En su obra cumbre «La venganza de la geografía», Robert Kaplan cita a uno de los padres de la geopolítica, Nicholas J. Spykman, quien en 1944 advertía:

«La guerra global, igual que la paz global, implica que todos los frentes y todas las áreas estén interrelacionados. No importa lo lejos que se encuentren unos de otros, el éxito o el fracaso de uno de ellos tendrá un efecto inmediato y determinante en los demás»

A excepción de contados casos, analistas internacionales, gobernantes e instituciones globales, parecen querer recordarle esto a Donald Trump. ¿Cuáles son los efectos que el éxito o fracaso de las operaciones estadounidenses en Venezuela pueden traer?

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Venezuela como ficha en el tablero global

El país del sur del cual hasta hace sólo un par de días Nicolás Maduro tenía el título de propiedad, es sólo un eslabón en la cadena de intereses que Estados Unidos y la administración Trump tiene. China, Ucrania, Panamá, Groenlandia, son algunas otras palabras comunes en los discursos del presidente republicano que ha decidido apegarse en su política exterior al más ortodoxo realismo. La potencia del norte que parecía replegarse de su papel de gendarme internacional con hechos ilustrativos como la retirada de tropas de Afganistán o el recorte del financiamiento a Ucrania, se muestra ahora nuevamente activa y protagonista como actor global.

El más reciente accionar de Washington es leído por algunos como la confirmación de una potencia que promete hegemonía algunas décadas más, y por otros como los zarpazos de un animal fuerte pero temeroso de quienes se le acercan. En cualquiera de los casos, se sientan dos precedentes, uno más feliz como es el derrocamiento de un dictador (que no significa el fin de una dictadura) y otro más peligroso como es la intervención de una potencia en territorio extranjero. Sobre esto último se han pronunciado distintos gobiernos e incluso el Secretario General de la ONU Antonio Guterres cuyo portavoz expresó:

«Independientemente de la situación en Venezuela, estos acontecimientos constituyen un precedente peligroso. El Secretario General sigue subrayando la importancia del pleno respeto —por parte de todos— del derecho internacional, incluida la Carta de las Naciones Unidas. Le preocupa profundamente que no se hayan respetado las normas del derecho internacional.»

Quienes podrían aprovechar esto son dos potencias regionales, Rusia y China, siendo esta última la única con posibilidades de subir al ring para pelear el título mundial. Algunos analistas, entre los que se destaca Andrés Malamud, no dudan en afirmar que la relación entre los norteamericanos y sus viejos adversarios rusos propenden a tomar un carácter benigno e incluso amistoso, en pos de aislar al gigante asiático que es la verdadera preocupación. Esto haría que la idea de que Trump y Putin hablaron previo al asalto de Caracas tiene lógica, más aún si se tiene en cuenta que según agencias como Associated Press diplomáticos rusos abandonaron la república de Bolívar unos días antes de navidad, o que todavía se desconoce dónde estaba Delcy Rodríguez durante la intervención.

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El precedente y el riesgo del whataboutismo

Es racional que cualquiera se pregunte ¿de qué precedente hablan si Rusia invadió a Ucrania hace ya casi cuatro años? Lo que esta pegunta no tiene en cuenta son al menos dos aspectos: Rusia es una autocracia que nunca se preocupó en enarbolar banderas nobles como la democracia o la libertad que Estados Unidos sí osa proteger, y además Venezuela se encuentra en la región más pacífica del mundo, Latinoamérica no vivió ningún conflicto bélico desde el fin del siglo XX, y de hecho ese es un activo que los líderes de la región deberían preocuparse en defender. El precedente del que hablamos no es sólo contraproducente para el mundo en general que ya desde hace un tiempo tiene aroma a polvorín, sino que es contraproducente para el propio Estados Unidos. Con el arrorró, a Trump le deberían leer algunos cuentos como el de Spykman u otros como el artículo de Chow y Levin de 2024 que hablaba sobre la efectividad del whataboutismo.

El whataboutismo, nos dicen los investigadores, es un recurso retórico para neutralizar críticas que tiene que ver con una construcción interrogativa cuya traducción sonaría más o menos así ¿y qué sobre lo que vos hiciste? Traído a nuestro análisis, Putin puede seguir con su misión colonizadora en Ucrania y ante cualquier intento de crítica estadounidense e incluso occidental (pues la potencia americana es el líder indiscutible del occidente cultural al que pertenecen todas las democracias liberales, incluida Argentina) ahora puede responder ¿y qué sobre lo que hicieron en Venezuela? En el caso de China, el más peligroso de todos, esto podría ser una defensa exitosa ante un ataque a Taiwán “la isla rebelde”, o ante una intensificación de su avance sobre el mar meridional.

¿por qué el caso de China es el más peligroso? Simplemente por lo incierto de las consecuencias que una avanzada china provocaría. No sabemos cómo reaccionarían las demás potencias ante —por ejemplo— una conquista de Taiwán (que sería a su vez el logro de la hegemonía en capital económico y tecnológico).

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Europa y América Latina ante un mundo sin árbitro

Hemos hablado de Rusia, China, Estados Unidos, hay alguien que desde hace más de dos mil años es el protagonista occidental por excelencia y que no hemos nombrado: Europa. No haberlo nombrado es un síntoma de la importancia reducida que tiene en el mundo actual, donde Estados Unidos es el dueño del reflector que apunta especialmente a Asia. Desde el inicio de la administración Trump, los discursos y acciones fueron coherentes, el ocho de diciembre del 2025 el presidente norteamericano advirtió en un acto en la casa blanca: “Europa tiene que tener mucho cuidado. Queremos mantener a Europa como Europa. Europa está yendo en mala dirección, y es muy malo para su gente”. El viejo continente, guardaba lo que dicen que guarda la vejez: sabiduría, pero su andar en las últimas décadas es errático, y su hijo más exitoso, de este lado del atlántico parece dispuesto a dejarlo solo. El futuro de Europa aún es incierto, las dudas sobre si todavía hay tiempo para recuperar el timón están sobre la mesa.

En cuanto a la región en la que vivimos hay una buena noticia. Latinoamérica volvió a ser tapa de diarios internacionales como no lo era desde hace más de veinticinco años. Estos eventos deberían espabilar a los líderes del continente sobre la oportunidad de mostrarse como un actor de importancia en las batallas globales. Los riesgos de entrar en este terreno son la pérdida de soberanía o de valores democráticos, en estos momentos en los que aún se blanden las espadas, defender estas dos cosas será una prioridad para el continente. ¿Qué significa defender la democracia y la soberanía? Significa oponerse a regímenes autoritarios como el de Nicolás Maduro, pero también a intervenciones extranjeras como las de Estados Unidos. Quien sea parcial en este asunto corre el riesgo de perder una u otra cosa.

El mundo es un polvorín, cayó un dictador, pero no la dictadura. Estados Unidos busca victorias inmediatas, pero podría estar dando lugar a un difícil provenir. Europa ni se nombra. América Latina no toma decisiones. Más o menos eso es el lugar donde vivimos.

 

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