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Amazonia: focos de incendio y de atención en el pulmón del mundo

Desde hace más de un mes en la región de la Amazonia se han reportado más de 70 mil focos de incendio, de esta manera, la zona se convirtió en el centro de atención, tanto de la opinión pública internacional como de diferentes organizaciones medioambientales. ¿Cómo repercutió esta catástrofe en el resto del mundo y en las relaciones entre los Estados involucrados? ¿Cómo afecta al funcionamiento del sistema internacional la ausencia de un organismo supremo que regule políticas medioambientales? ¿Qué rol cumplen los actores del sistema en esta discutida gobernanza medioambiental?

 

 

¿Amazonia o Amazonas?

¿Un río, una selva o una región? La denominada Amazonia o Amazonía refiere a la región central de América del Sur que comprende la selva tropical Amazonas de la cuenca del río homónimo y las adyacentes regiones de las Guayanas y el Gran Chaco (RAE, 2005). La selva amazónica se extiende a lo largo y a lo ancho de Brasil, Perú, Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Guayana Francesa, Guyana y Surinam, por lo que es el bosque tropical más extenso del mundo con siete millones de kilómetros cuadrados, según el Guinness World Records (2013), como así también una de las ecorregiones con mayor biodiversidad y, desde noviembre del año 2011, una de las siete maravillas naturales del mundo.

Es un área extraordinariamente vasta en biodiversidad, tanto en especies como en ecosistemas, y es sinónimo de abundancia y de equilibrio climático global dados los ingresos y egresos de dióxido de carbono y oxígeno. Se estima que alrededor de 10 % del total de las especies de plantas se encuentran en esta región (Prance, Beentje, Dransfield y Johns, 2000).

Según fuentes oficiales de Survival (2019), movimiento global por los derechos de los pueblos indígenas, la Amazonia es el hogar ancestral de más de 400 pueblos originarios diferentes, cada uno con su cultura característica. Dedicados a la agricultura, la caza y la pesca, estos pueblos deben enfrentarse constantemente a las amenazas de un mundo capitalista y occidental, que encuentra en sus tierras sagradas, diversas fuentes de riqueza y explotación.

 

Focos de incendio

La superficie de la selva amazónica se ha reducido de un 20 %, desde que se inició la deforestación en el año 1970. El fuego es un elemento natural que necesita nuestro ecosistema para la regeneración de bosques, con fines de rebrote y germinación (Greenpeace, 2019). Sin embargo, es también una estrategia humana para abrir áreas para la explotación de recursos naturales, especialmente para la ganadería. Los analistas creen que las quemas con fines ilegales son la causa del 80% de los incendios, alentados por la escasa humedad y falta de lluvias de la época (INPE, 2019).

Especialistas en medioambiente sostienen la normalidad del aumento de los focos de incendio durante la estación seca en la Amazonia, precisamente entre julio y noviembre; sin embargo, alertaron sobre la magnitud de los focos de este año. El Instituto Nacional para la Investigación Espacial (INPE), la agencia federal que monitorea la deforestación y los incendios en Brasil, reportó más de 76 mil focos de incendio en lo que va del año, lo que equivale a un incremento del 85 % en comparación con el mismo período del año pasado.

Las acusaciones contra el gobierno del presidente brasileño, Jair Bolsonaro, y la falta de apoyo a organizaciones ambientales por parte de su gobierno tuvieron fuertes repercusiones alrededor del mundo, sumado a la prioridad que este presenta frente a las actividades económicas como la agricultura y la ganadería por sobre compromisos medioambientales. A modo de respuesta, Bolsonaro sugirió que es posible que precisamente dichas ONG puedan estar detrás de esta catástrofe y hayan provocado los incendios en la zona como una manifestación en contra de sus políticas de gobierno. Dichas declaraciones generaron indignación por parte de las organizaciones medioambientales. Durante su campaña presidencial, Bolsonaro anunció que seguiría los pasos de su par estadounidense, Donald Trump, y dejaría el Acuerdo de París, salida que hasta ahora no tuvo lugar.

 

 

Focos de atención

Por supuesto, la comunidad internacional no tardó en reaccionar frente a estos hechos. A medida que los focos de incendio aumentaban, también lo hacía la presión de las principales potencias mundiales sobre el gobierno brasileño, que le exigían que tome medidas urgentes y concientice sobre la gravedad de la situación.

Los aportes económicos en la región fueron históricamente importantes y heterogéneos, dada la gran cantidad de Estados, organizaciones y bancos multilaterales que colaboran con la protección de la selva amazónica. Desde el año 2008 el Banco de Desarrollo de Brasil es gestor del denominado “Fondo Amazonia”, que tiene el objetivo de captar donaciones destinadas a la causa, incentivando así su desarrollo sustentable. Sin embargo, el rechazo del presidente Bolsonaro frente a la ayuda económica ofrecida por países como Alemania y Noruega a dicho fondo generó el repudio de Europa hacia su gobierno. De una manera despectiva, Bolsonaro sugirió que Noruega tomara su dinero (desde que este fondo fue creado, los noruegos han aportado más de US$ 1 200 millones) y ayudara a la canciller Angela Merkel a “reforestar Alemania” (Emol, 2019).

El G7, grupo que nuclea a los representantes de los siete países más poderosos del mundo en términos económicos (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y una representación política de la Unión Europea), avanzó sobre proyectos de ayuda en la región. El presidente francés, Emmanuel Macron, rechazó las críticas de Brasil sobre una intromisión en asuntos soberanos de otras naciones y recordó que Francia es “uno de los nueve países amazónicos”,  ya que la Guayana Francesa, departamento de ultramar francés, está localizada en el noreste de Sudamérica (AFP, 2019).

Finalmente, el reciente acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, el cual aún se encuentra en curso, fue otra de las armas utilizadas contra las políticas de gobierno de Bolsonaro. Francia habría amenazado con no ratificarlo, por considerar que Brasil no está cumpliendo con los compromisos sobre la protección a la biodiversidad. Cabe recordar que el pacto UE-Mercosur es el primero que compromete a los firmantes a cumplir con el Acuerdo de París de 2016, que fue firmado por gran parte los países miembros de Naciones Unidas y establece medidas para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero a través de la adaptación de los ecosistemas a los efectos del calentamiento global.

Los intereses nacionales de los Estados una vez más se ven involucrados en los asuntos internacionales y, como en otras ocasiones, dejan de lado la verdadera finalidad del establecimiento de tratados y acuerdos: la paz y la seguridad internacional.

 

El anárquico sistema de ayuda medioambiental

La anarquía internacional que se vive respecto al control y regulación de las políticas medioambientales en los distintos países se hace visible en situaciones como las de la Amazonia. La carencia de un organismo supremo que monitoree las diversas inversiones de los diferentes países y organizaciones destinadas a causas de protección medioambiental genera una dispersión de fondos y una sospechosa administración de los recursos disponibles, dado que no se rinden cuentas a ningún ente que controle el destino del dinero.

Esta masiva institucionalidad ambiental internacional, influenciada fuertemente con la celebración de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992, desplazó a los Estados como principales responsables y dio paso a un sistema de organismos, organizaciones, comisiones, programas y secretariados que deben articularse y coordinarse para lograr efectividad a la hora de la implementación de diversas políticas medioambientales. Por parte de la ONU, su Programa para el Desarrollo Medioambiental presenta cierta deficiencia, que lo hace ausente en el panorama internacional. Paralelamente, organizaciones económicas multilaterales, como el Fondo Mundial para el Medio Ambiente o el Banco Mundial, y diferentes entidades bancarias regionales, demuestran una fuerte descoordinación y contradicción entre las acciones que ambos llevan adelante para colaborar con el medioambiente (Lucatello, 2014).

 

“El tamaño actual de los problemas ambientales globales requiere de esfuerzos colectivos (…) se requiere mayor claridad y trasparencia en la utilización de los mecanismos de ayuda internacional a favor del medio ambiente” (Lucatello, 2014).

 

Consideraciones finales

Necesaria entre las prioridades de la agenda internacional, una gobernanza medioambiental efectiva a la hora de tomar decisiones determinantes debe contar con una articulada y regulada participación de los Estados y diversas organizaciones, en un marco de transparente financiación internacional. Esto no solo colaboraría con causas medioambientales, sino que también atacaría distintos fenómenos sociales que acechan a la humanidad, como la pobreza y la desigualdad estructural. Latinoamérica debe enfocarse en esto.

Finalmente, las comunidades del mundo deben ser parte de este actuar colectivo en pos del medioambiente. Los cimientos para construir una sociedad fundada en valores deben ser difundidos constantemente, como el respeto y el cuidado de los árboles, el agua y los diversos recursos naturales que tienen a su disposición, pero, sobre todo, es necesario crear una sociedad consciente de las nocivas consecuencias que acarrea la acción humana y la incesante expansión industrial.

 

Bibliografía

 

Autora

Eugenia Casas: Estudiante de la Licenciatura en Relaciones Internacionales y Ciencia Política en la Universidad Católica de Córdoba. Interesada en medioambiente, cultura y geopolítica latinoamericana.

 

 

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