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En los últimos años, las nuevas tecnologías como el big data han comenzado a consolidarse como mecanismos de público conocimiento. Es notable cómo esta herramienta se ha caracterizado como un insumo cuyo objetivo es mejorar los procesos decisorios. La política no es ajena a este instrumento, ya que lo ha utilizado en diversas áreas a los fines de mejorar la gobernanza y la gobernabilidad. No obstante, no son pocas las pretensiones de utilizarlo para manipular la opinión pública o entrometerse en la privacidad de las personas.

 

La tecnopolítica 

En un contexto de revolución masiva de datos, el actualmente famoso big data nos envuelve en un mar de preguntas y respuestas: ¿Qué es? ¿Para qué sirve? ¿Cómo se articula con la política? Resulta de gran importancia plantearse estos interrogantes, ya que el big data se ha propuesto tener la capacidad de atravesar cada uno de los aspectos de nuestra vida online. Si bien existen múltiples definiciones en pugna, algunos consultores políticos destacados lo denominan como una herramienta cada vez más imprescindible a los fines de mantener altos índices de aprobación social. Esto se debe a que recopila todos los rastros que dejamos en la red y proporciona una enorme cantidad de información sobre quiénes somos, cuáles son nuestros gustos o intereses, con quiénes nos relacionamos, cuál es nuestra ocupación, zona de residencia, etc. Es decir, implica un manejo óptimo de diferentes bases de datos con información sobre la ciudadanía o el grupo objetivo.

Como era de esperarse, la política no está dispuesta a quedarse al margen de este fenómeno de carácter global. Es por ello que en las campañas electorales, en procesos de elaboración de políticas públicas, en comunicación gubernamental, y en muchos otros aspectos el big data se ha consolidado como un instrumento de central importancia. Ya sea que se trate de ganar una elección, interpretar con efectividad problemas y necesidades de la sociedad, o transmitir información de manera correcta, el big data será sumamente relevante y se aplicará en un sentido particular en cada caso.

El ciudadano algoritmo 

Los políticos se han interesado en conformar equipos técnicos destinados a obtener información clave sobre los ciudadanos generando “macrodatos”; seguido de una individualización por temática, es decir, una “micro segmentación” para lograr mayor especificidad. Para muchos consultores políticos y académicos se trata de una nueva forma de relación entre la política y el ciudadano, la cual se presenta mediada por estos mecanismos de percepción ciudadana por la interacción en redes principalmente.

Esto es posible ya que la ciencia de los algoritmos permite procesar grandes cantidades de datos sin que las personas sepan con exactitud que se encuentran bajo un análisis permanente. De este modo, mientras los políticos se orienten a los intereses y las necesidades de la ciudadanía con mayor precisión, más probable será generarconsensos mínimos y que adhieran a sus medidas. Sumado a que se incrementan las posibilidades de mejorar los procesos de elaboración de políticas públicas o propuestas electorales, ya que los mandatarios pueden definir con detalle y personalización quiénes son los destinatarios y cuáles son las políticas requeridas. Es decir, si el big data es utilizado de manera correcta y bajo principios de ética profesional, es posible que alimente los procesos de gobernanza y gobernabilidad.

No obstante, la obtención de datos sin entendimiento político no tiene casi utilidad. Es imprescindible que desde el equipo técnico existan conocimientos de métodos de identificación, cuantificación y transformación de datos complejos, así como también capacidad para darle voz a los datos y saber comunicarlos a los decisores. Con esto remitimos a que los datos aislados sin la comprensión de la coyuntura política, económica y social resultan simplemente vacíos.

 

De Barack Obama a Mauricio Macri

La campaña electoral de Barack Obama durante 2012, fue pionera en la utilización del big data, una estrategia de campaña que tiempo después muchos candidatos intentarían replicar. La misma consistía en una recopilación de información sobre los electores estadounidenses, a través de diversas fuentes como plataformas web y redes sociales, seguido de un proceso de comprensión y estudio sobre cuáles eran las propuestas que recibían apoyo y cuáles no. El trasfondo de esta estrategia era la pretensión de convencer al electorado mediante la generación de afinidad y simpatía, principalmente con los votantes indecisos. En este sentido, es destacable cómo la ciencia de datos tuvo la capacidad para marcar varios asuntos en la agenda electoral del año 2012.En el caso de Mauricio Macri, la utilización del marketing político y la comunicación política fueron los grandes protagonistas –entre otros aspectos no menos importantes– durante la campaña del año 2015. Teniendo como antecedente el proceso electoral de Barack Obama, desde el espacio político de Cambiemos no se dudó en utilizar el big data como insumo para las nuevas técnicas de investigación-acción social a los fines de captar a la gran cantidad de votantes indecisos existentes en la coyuntura política argentina.

En términos de redes sociales, la campaña tuvo como eje central las expresiones a través de anuncios programados en Facebook y Twitter. Estos se realizaron en horarios específicos a los fines de generar un mayor impacto y alcance de cada mensaje en la opinión pública. De esta manera, Cambiemos fue una de las primeras fuerzas políticas argentinas en dar cuenta de la importancia de la comunicación política en las redes sociales. Y permitió que se genere un proceso de quiebre, sin precedentes, con respecto a las formas tradicionales de “hacer política”.

 

Conclusión

El big data se ha consolidado como una herramienta cada vez más conocida por gran parte del espectro político. Actualmente, se encuentra en un momento de auge que ha permitido que muchos consultores políticos se dediquen a salir de su zona de confort para adentrarse en el mundo de los algoritmos y la programación. Este instrumento, enmarcado dentro de las nuevas tecnologías, resulta central para mejorar los procesos de gobernabilidad y gobernanza en las acciones gubernamentales. Esto se debe a que facilita los mecanismos de respuesta del gobierno a las demandas sociales con eficacia  y legitimidad, y representa un gran avance en términos de comportamientos encuadrados dentro de los marcos institucionales y de reglas preestablecidas.

No obstante, no son escasas las posibilidades de utilizar el big data para manipular la opinión pública con el objetivo de conseguir votos o apoyo político. Por este motivo, es necesario generar un entrenamiento en términos éticos de quienes utilizan estas herramientas, para que no se llegue hasta el punto de quebrar la línea entre la obtención de información sobre las personas y la intromisión en su privacidad.

Bibliografía

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  • Gomez, F. (2015) “¿Cómo el Big Data ayudo a Obama a ganar?” Forbes. Disponible en: http://forbes.es/emprendedores/7560/como-el-big-data-ayudo-a-obama-a-ganar/ (Última vez consultado el 01/03/2018).La Voz del Interior (2017) “Así trabaja el Big Data para «ver» la afinidad de usuarios de redes sociales con candidatos políticos”. Disponible en: http://www.lavoz.com.ar/tecnologia/asi-trabaja-el-big-data-para-ver-la-afinidad-de-usuarios-de-redes-sociales-con-candidatos (Última vez consultado el 01/03/2018).
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  • Mota, D (2017) “La Política de Big Data”. MPR Group. Disponible en: http://mpolitico.com/2017/05/17/la-politica-de-big-data/ (Última vez consultado el 01/03/2018).

 

Autora

Natalia Judith Esquenazi. Estudiante avanzada de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba. Ayudante de Cátedra en Estadística Multivariada de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Diplomando en Big Data y Lenguaje SQL en Educación IT. Y encuestadora política en Gustavo Cordoba & Asoc.

 

 

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