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Cachemira: un foco de tensión en la carrera hacia el liderazgo regional

La región de Jammu y Cachemira ha permanecido en disputa entre India y Pakistán desde 1947, año en el que ambos obtienen su independencia de la Corona Británica. Actualmente, lejos de haber cesado, el peso de China en la región redefinió los intereses y la importancia del área en litigio, incrementando las fricciones entre las partes. Las ambiciones chinas por el entramado de La Nueva Ruta de la Seda y su mayor presencia en la región impulsaron la reestructuración de una serie de alianzas y contrapesos, que a su vez deja ver los intereses y el posicionamiento de cada una de las partes dentro del conflicto, así como en la carrera hacia el liderazgo regional entre India y China. Pakistán, el actor menos favorecido dentro del tablero, debe lidiar tanto con factores desestabilizadores internos, así como con las consecuencias del exponencial crecimiento de sus vecinos en cuestión. Aunque deseando que el conflicto entre ambas potencias nucleares no llegue a mayor gravedad, al parecer la región de Cachemira seguirá en latente disputa entre India y Pakistán.

 

Barbed-wire placed by security personnel stretches across a Srinagar street in Indian-controlled Kashmir, Aug. 11, 2019. Prime Minister Imran Khan of Pakistan complained bitterly about what he described as repeated rebuffs from India over Kashmir. And he raised the threat of military escalation. (Atul Loke/The New York Times)

 

Introducción

Poco más de 70 años ha permanecido latente el conflicto de la región de Cachemira, disputada por lo que hoy son las grandes potencias de la región: India, Pakistán y China. Dejando atrás su presencia en Afganistán, la influencia norteamericana en el Asia Meridional procede a declinar, dando lugar a una estratégica relación triangular frente a la cual China e India, los estados con mayor peso en la región, deben establecer ciertos parámetros para este nuevo orden regional.

Desde los inicios de su independencia de la corona británica, 1947, la construcción estatal aplicada en términos sociales se definió territorialmente delimitando dos Estados con distintos lineamientos de culto: Pakistán, aglutinando las regiones de mayoría musulmana, y la India compuesta por las provincias con predominio de población hindú. Esta partición, sin embargo, como toda delimitación artificial, logró despertar un inacabable conflicto que ha desembocado en duros enfrentamientos armados entre estos nuevos Estados (1948, 1965 y 1971), región que hoy representa una de las áreas más militarizadas del planeta.

Desde ese entonces, la región de Jammu y Cachemira ha resultado ser un foco de tensión en la relación indo-pakistaní. Actualmente, lejos de haber cesado, el ascenso de China redefinió los intereses y la importancia del territorio disputado, incrementando las fricciones entre las partes. El denominado “Gigante Asiático”, que ha tenido un crecimiento exponencial en las últimas décadas, se convierte ahora en una potencia a nivel mundial. Su desarrollo económico, su innovación tecnológica, su poderío armamentístico y su competitiva participación en el comercio internacional lo posicionan a nivel global frente a la hegemonía estadounidense, y a su vez, como líder regional, posición disputada por la India.

 

La Nueva Ruta de la Seda. Cachemira bajo la lupa China

Uno de los proyectos más ambiciosos entre los objetivos de política exterior de la República Popular es el gran proyecto La nueva Ruta de la Seda, impulsado prematuramente en 2013, conocido actualmente como La Iniciativa de la Franja y la Ruta. Con esta meta por delante, la dirigencia china ha construido una esfera de influencia mediante relaciones bilaterales basadas principalmente en financiamiento y construcción de infraestructura en aquellos países clave para trazar esta Nueva Ruta.

Ahora bien, ¿Por qué es importante hablar de La Iniciativa de la Franja y la Ruta en la cuestión de Cachemira? Esta estrategia se fue materializando con la presencia e influencia china en distintos países del continente, posicionándose, no casualmente, en Estados limítrofes y cercanos a India. A partir de este esquema geográfico la potencia asiática logra rodear las fronteras tanto terrestres como marítimas de la India en casi toda su extensión, permitiéndole así mismo el monitoreo del Océano Índico y el control de la comunicación y el transporte marítimo. Parte de este llamado “collar de perlas” incluye: el puerto de Hambatota en Sri Lanka, Maldivas y el puerto pakistaní de Gwadar, por lo que claramente Pakistán no ha sido la excepción.

En este entramado de relaciones asimétricas, la región de Cachemira resulta fundamental para la concreción de uno de los pilares fundamentales de la mencionada iniciativa: el Corredor Económico China-Pakistán (CECP), que conecta la provincia de Xinjiang con la costa del Mar Arábigo, y que atraviesa la disputada región. Pese a tal relevancia, Beijing elabora una estructura discursiva a partir de la cual no se posiciona de manera simétrica u horizontal a India y Pakistán dentro del litigio, sino en una posición más elevada, buscando consolidar su imagen de mediador y restaurador del orden en la región.

Sumado a ello, China ha establecido una relación estratégica con la República Islámica, apoyando el programa de armas nucleares y misiles pakistaní, siendo actualmente su principal proveedor de armamento. Dicha alianza, sumado a la creciente presencia china en la región, constituyen una preocupación entre los asuntos de la agenda de seguridad del gobierno de Modi, Primer Ministro indio.

 

India bajo amenaza. Alineamiento múltiple y autoritarismo en la política exterior

El 5 de agosto de 2019 el Partido Popular Indio (Bharatiya Janata Party), actualmente en el poder, tomó medidas críticas sobre la cuestión limítrofe: revocó el artículo n° 370 de su Constitución, adjudicándose la autoridad sobre los territorios de Cachemira que India reclama para sí. Este artículo garantizaba cierta autonomía a la subunidad territorial en disputa y ha generado como consecuencia, además del descontento de la población cachemira por el nivel de represión ejercida, que Pakistán haya elevado su nivel de alerta frente a las posibles decisiones que pueda tomar su vecino oriental.

A pesar del convulsionado historial de las relaciones indo-pakistaníes, existe un leve acercamiento en 1972 con el Acuerdo de Simla. A partir del mismo se estableció la Línea de Control que divide el territorio en cuestión con el fin de establecer un alto al fuego, que sin embargo ha sido violado en reiteradas oportunidades (1999, 2002, 2016, 2019, entre otras situaciones de menor riesgo) dificultando cada vez más los acuerdos de paz y dejando en diversas ocasiones muertos y heridos. No menos importante es el ataque al Parlamento Indio, al cual el gobierno atribuye la responsabilidad a grupos musulmanes paquistaníes y cachemires extremistas.

A partir de este acontecimiento India ha culpado a Pakistán de cada infortuna que ha tenido, no solo para mantener la imagen negativa del “estado fallido”, calificación impulsada por su íntimo aliado Estados Unidos, sino también para evitar cualquier tipo de negociación con su vecino del oeste, según India, hasta que el terrorismo haya acabado en la Cachemira bajo su administración.

Fue a partir del ataque de 2001 cuando India ha aumentado la diplomacia coercitiva contra Pakistán. Esta relación de poder deja de lado las normas y costumbres diplomáticas y toma como propósito la ejecución de ciertas acciones armadas que buscan intimidar e influir sobre los decisores políticos rivales, sin llegar a destruir su fuerza militar (Jordán, 2014). Parte de esta estrategia está constituida por la alianza indo-norteamericana, a través de la cual Estados Unidos también ejerce presión sobre la dirigencia pakistaní, quien de lo contrario recibe el apoyo de China, como hemos visto, constituyendo un contrapeso para India en la región.

Durante los últimos años, India ha desarrollado una estrategia de inserción en el orden internacional, denominada por varios autores como “alineamiento múltiple”. S. Jaishankar, el actual Ministro de Asuntos Exteriores del gobierno indio, reafirma el compromiso de la nación hacia el multialineamiento y su deseo de construir y conservar un mundo multipolar, en el que podría participar como un actor influyente (Hall, 2016). Como explica el autor referido, esta estrategia de vinculación tiene como objetivo no sólo mantener equitativamente cierta distancia de las grandes potencias, en este caso tanto de China como de Estados Unidos, sino también evitar generar una gran dependencia, ya sea económica, militar o política, en sus relaciones con estos grandes poderes.

Aunque la rivalidad entre China y la India por la pugna de poder a nivel continental existe, no pueden permitir que asuntos como el de Cachemira obstaculicen sus relaciones comerciales. Por un lado, porque la estrategia del alineamiento múltiple lo requiere ya que si bien el status de China como potencia mundial se encuentre seriamente bajo debate, no deja de posicionarse como un actor realmente influyente a nivel internacional, y a su vez claramente como una potencia en el continente asiático, aunque la India todavía se reúse a aceptarlo. Por otro lado, debemos tener en cuenta que hablamos de las dos demografías más importantes, cuantitativamente hablando, del planeta, constituyendo también dos inmensos mercados de importaciones y, como si fuese poco, aledaños. A su vez, ambos países comparten un objetivo básico común: favorecer el crecimiento económico y aumentar el nivel de vida de su población (…) Este es el gran factor de convergencia entre India y China, y debería servir para que en sus relaciones la colaboración se impusiera sobre la rivalidad. (Fanjul, 2015: párr. 34).

 

Los nuevos desafíos regionales para Pakistán frente al exponencial crecimiento de India y China

Desde los inicios del litigio, Pakistán reivindica el territorio para sí, fundamentando que los pobladores del lugar de mayoría musulmana deseaban pertenecer a la República Islámica y que además la contigüidad geográfica determinaría la pertenencia del territorio a este Estado. Como a pesar de ello el conflicto nunca fue resuelto, da pie a los paquistaníes a calificarlo como un “asunto pendiente”, como lo explica Pande (2011: p.19) (traducción propia). Por otro lado, la autora cita al Primer Ministro paquistaní electo democráticamente, Zulfikar Ali Bhutto, quien explica que Pakistán se siente incompleto sin Jammu y Cachemira en ambos sentidos, tanto territorial como ideológicamente. Pensando en el proceso de construcción estatal, constituía un factor preponderante para adquirir legitimidad tanto a nivel externo, para posicionarse y ser reconocido a nivel internacional, como también interno, por la utilización legítima del aparato coercitivo estatal que tal situación requería.

Es cierto que Pakistán en su momento denunció la violación del alto al fuego alcanzado en 2003 y la dura represión desatada por el ejército indio, solicitando al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas una reunión de emergencia luego de haber disuelto sus relaciones diplomáticas y comerciales con su vecino oriental. Sin embargo, dentro del órgano multilateral la cuestión de Cachemira, como muchos otros asuntos, ha quedado a la deriva, no solo por ser adjudicado por la India como un asunto interno, sino también por la misma estructura del Consejo en el que los miembros permanentes, entre los cuales se encuentran China, intimo aliado de Pakistán y Estados Unidos, que apoya fuertemente a la India, tienen el poder de veto sobre las resoluciones que resultan del mismo.

Retomando la Iniciativa de la Franja y la Ruta, China utiliza la misma estrategia que ha desarrollado en el Mar Índico o en Estados africanos como el Congo y Djibouti, aunque a pesar de que las medidas han resultado exitosas en otros países, adentrarse en Pakistán conlleva ciertas dificultades. Los antecedentes históricos y los factores que han caracterizado a la República Islámica no reflejan la estabilidad ni la aceptación social que a China le gustaría encontrar. La particularidad de sus grupos de poder, su forma de hacer política de la mano de actores no estatales con un difícil reconocimiento a nivel internacional y sus fuertes vínculos con los Talibanes le impiden posicionarse como una potencia respetable y especialmente estabilizadora en Asia Meridional.

Sumado a estas dificultades, los beneficios que el involucramiento podría brindar a la sociedad paquistaní, especialmente a la provincia de Balochistán donde se encuentra el puerto de Gwadar, se han puesto bajo cuestionamiento por parte de ciertos grupos de la sociedad civil, movimientos sociales y líderes políticos y empresariales de gran influencia. Como expresa Small (2017), existen cuestiones de transparencia frente a las cuales incluso el presidente del Banco Central de Pakistán se ha manifestado con duda, declarando que hay puntos del proyecto, como por ejemplo acerca de la devolución del préstamo, que no están demarcados claramente por la potencia prestataria. A esta insolvencia se le suma el desacuerdo entre algunas provincias que se ven afectadas por el CPEC, por los posibles efectos negativos a largo plazo y los beneficios asimétricos que generaría tal proyecto, desplegando cierto escepticismo en todos los ámbitos.

En el margen contrario existen sectores que consideran que la economía pakistaní podría verse beneficiada por el CPEC, al convertirse en “pivote económico”, en términos de Abid y Ashfaq (2015: p. 151), status que le daría la renovación del puerto de Gwadar posicionándolo geoestratégicamente en el Mar Arábigo y a través del Corredor siendo un punto de conexión entre las regiones de Asia Meridional, Asia Oriental y Asia Central.

 

Conclusión

La región de Cachemira al parecer se ve sumergida en un irremediable conflicto, frente al que existe una amplia serie de aspectos y factores que demoran una posible solución. Indudablemente la actitud del gobierno indio no está siendo colaborativa al respecto, adhiriendo a una postura autoritaria y nacionalista frente a su vecino Pakistán. Aparentemente, tampoco ha surgido ninguna respuesta a nivel internacional, ya sea de una potencia extra continental ni organismos internacionales. Sabemos que una solución definitiva no es factible por el momento sin que las partes acepten ceder a la rigidez de sus posturas, aunque resultaría beneficioso no solo para estos tres Estados sino también para la región en su totalidad.

Por otro lado, están a la vista las ambiciosas iniciativas y astutas estrategias de China enmarcadas bajo el paraguas de la Nueva Ruta de la Seda. Si la India quiere realmente disputarle el liderazgo regional, deberá aunar todos sus esfuerzos para al menos tratar de seguir los agigantados pasos del crecimiento chino. Debería a su vez replantearse su postura de rival, y considerar en cambio los beneficios que podría brindarle, no necesariamente su incorporación, pero sí su participación en la estrategia china. Claro que esto depende de las intenciones de Xi Jinping y de las prioridades de Modi, pero podríamos considerarlo una posibilidad para el desarrollo de la región, y podría también situarse en el marco de la política de alineamiento múltiple de la actual India.

Por su parte, Pakistán es la parte del litigio que definitivamente se presenta más desfavorecida, ya sea por sus debilidades e inestabilidad interna, o por verse necesariamente sometido al poder de otro Estado de mayor influencia. El hecho de pertenecer al CPEC lo ha posicionado bajo el ala de China, sometiéndose a cierta dependencia en términos de deuda, abastecimiento de armas y desarrollo de infraestructura que como hemos visto a largo plazo le costará mayores concesiones. La República Islámica no ha podido hacer mucho frente al avance del Ejército indio más que ejecutar una denuncia al Consejo de Seguridad donde el reclamo ha quedado náufrago sin solución alguna. Concluimos, entonces, que el Estado musulmán se encuentra tanto frente a desafíos como oportunidades, por lo que de acuerdo a las circunstancias debería realizar un balance específico de ventajas y desventajas y pensar si realmente un Estado tan complejo como Pakistán podría enfrentarse a los cambios que requiere la participación en las iniciativas chinas, que a su vez no hay duda que lo posicionan bajo cierta dependencia, pero que al mismo tiempo constituye un gran impulso para el desarrollo de la economía paquistaní.

Para finalizar, quedó en vista la complejidad de la cuestión, debido a la confluencia de intereses de los tres Estados partícipes. Para sobrevivir a los grandes cambios impulsados por China, y a la vez no salir desfavorecido, se requerirá de un gran esfuerzo gubernamental para saber leer las tendencias y estrategias predominantes en la región. Aunque deseando que el conflicto entre ambas potencias nucleares no llegue a mayor gravedad, podemos decir que al parecer la región de Cachemira seguirá en latente disputa entre India y Pakistán.

 

Bibliografía

 

Autora

Valentina Arredondo: Lic. en Relaciones Internacionales por la Universidad Siglo 21. Fundadora del centro de estudios ISA e investigadora del centro de estudios Ciudades Globales.

 

 

 

 

Este escrito fue seleccionado con el 2° premio en el marco de la 3° edición del concurso de artículos de Córdoba Global “Pensando al mundo”.

4 de agosto de 2021
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