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Crisis Asiática: ¿Hacia un efecto dominó?

Por Carolina Riera

El pasado mes de julio, decenas de impactantes imágenes de manifestantes tomando la casa de gobierno e incendiando la residencia del primer ministro de Sri Lanka recorrieron el mundo. La crisis económica que atraviesa el país, caracterizada por una  gran escasez de alimentos, combustibles y medicamentos, desencadenó una revolución social sin precedentes que sacudió al estado isleño, provocando finalmente la renuncia del  presidente Gotabaya Rajapaksa y el primer ministro Ranil Wickremesinghe.

Este hecho histórico ha llevado a muchos analistas políticos y expertos en la materia a afirmar que la crisis de Sri Lanka no es un caso aislado, sino que podría generarse un efecto dominó en diferentes países asiáticos, como Pakistán, Bangladés y Laos. De acuerdo con esto, la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, expresó en la reunión de ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales del G20 su preocupación acerca de los países con altos niveles de deuda, considerando el caso de Sri Lanka como una señal de advertencia (Business Standard, 2022).

Los factores exógenos: la crisis de covid-19 y la guerra de Ucrania

Las economías emergentes del mundo deberán afrontar un complicado escenario en los próximos meses y años venideros. En lo que se refiere a Asia ,  un informe de las Naciones Unidas afirma que 25 países de la región están siendo golpeados por una crisis de alimentos, energía y deuda (United Nations, 2022)

Si bien a causa de  la crisis financiera asiática que tuvo lugar  en 1997 tras la devaluación del Baht por parte de Tailandia, se habían producido una serie de reformas estructurales que ayudaron a que estas economías emergentes gozarán en los últimos años de un alto crecimiento económico, la situación actual se presenta nuevamente como adversa (Kharas, 2022).

Entre los principales factores exógenos que explican este fenómeno se encuentran la pandemia mundial de Covid-19  y la guerra de Ucrania, acontecimientos que  produjeron grandes desajustes en las balanzas comerciales y fiscales de estos estados.

Al interrumpir las cadenas de suministro y provocar un aumento en los precios de los alimentos y el combustible, junto con el acrecentamiento del gasto público, la pandemia ha ejercido una fuerte presión inflacionaria. Asimismo, la invasión de Rusia a Ucrania meses más tarde no hizo más que reforzar esta tendencia,  principalmente con relación al precio de los alimentos, gas y fertilizantes. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO),  los precios de los alimentos se encuentran un 34% más altos que los del año 2021, mientras que los costos del gas y los fertilizantes se han multiplicado por dos. En consecuencia, las cuotas de importación de dichos recursos han aumentado paralelamente.

Estos fenómenos, no solamente tienen un fuerte impacto en el ámbito económico de los estados, sino que también en la esfera social. Un análisis de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) ha concluido desde una perspectiva histórica la correlación existente entre la inestabilidad social y el incremento de los precios de las commodities alimenticias (United Nations, 2022). Y esta interdependencia claramente se  refleja en la situación de Sri Lanka, Pakistán y Bangladés, cuyos niveles de conflictividad social se han elevado en los últimos meses.

 

Desafíos en el marco de la crisis

Como se mencionó anteriormente, estos países afrontan un severo déficit en la balanza comercial (importaciones > exportaciones) y una drástica disminución de las reservas de moneda extranjera en los bancos nacionales.

¿Cuáles son las implicancias de dichas problemáticas? Principalmente, se ve afectada la capacidad de importación de insumos y productos básicos, como los alimentos y los combustibles, vitales para el funcionamiento de la economía y la sociedad misma. Esto significa, que el estado no cuenta con las divisas suficientes para poder comprar dichos bienes encarecidos en el extranjero, y al mismo tiempo, carece de un sector económico propio para suplir la demanda de los mismos.

Asimismo, la  imparable inflación, la cual se disparó desde el inicio de la pandemia, es otro gran desafío al que se enfrentan los actuales gobiernos. Entre sus principales consecuencias se encuentra la gran pérdida de poder adquisitivo y disminución del ahorro en la sociedad, perjudicando a su vez a los sectores productores de bienes y servicios “no esenciales” (Williams, 2022).

Gráfico 1. Fuente: Trading economics y elaboración propia.

Finalmente, está el creciente nivel de deuda externa, como puede observarse en el gráfico 2. Esta principalmente se ha producido a causa de los graves déficits en las balanzas por cuenta corriente, el incremento de los precios de las importaciones, el bajo nivel de ahorro, el aumento del gasto público y la mala gestión de los recursos (Saenchai, Boonrattanakittibhumi, Urairak, 2019).

Y aquí la pregunta crucial es, ¿Serán capaces estos países de negociar y pagar las deudas pendientes con sus acreedores (organismos internacionales, entidades bancarias y otros estados) ? ¿O deberán declararse en default (es decir, incapaces de reembolsar su deuda externa o pagar los intereses de la misma) como ya ocurrió en el caso de Sri Lanka?

Un efecto dominó de default en varias economías asiáticas, tendría consecuencias económicas gravísimas, no solo para la región, sino que a nivel mundial, provocando además una separación temporal de estos países del mercado financiero internacional, quedando expuestos a sanciones internacionales, principalmente vinculadas a las represalias comerciales de los países de residencia de los acreedores (Ámbito, 2020).

La única vía de escape es la reestructuración de la deuda, y con esto en vista, los 3 países en cuestión ya han iniciado nuevas negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) a fin de solicitar un paquete de rescate. En Sri Lanka por ejemplo, el organismo internacional ofreció el otorgamiento de un préstamo provisional de 2.900 millones de dólares (The Guardian, 2022).

Además, como medidas circunstanciales para afrontar la crisis, los gobiernos han optado por recurrir a frecuentes cortes de electricidad por motivos de razonamiento, la quita de subsidios a los combustibles, y la prohibición de las importaciones de ciertos bienes de lujo. No obstante, esto no ha tenido una buena respuesta por parte de la sociedad. En Pakistán, tras los eventos de Sri Lanka, miles de personas tomaron las calles contra los repetidos cortes de luz (algunos de más de 14 horas) y en Bangladés, luego del anuncio de  la primera ministra, Sheikh Hasina, de que habría un aumento generalizado del 52% en el precio de los combustibles, se desencadenó una oleada generalizada de protestas.

De este modo,  también es importante indagar, sobre cuáles serán las medidas exigidas por el FMI para la reestructuración de esta deuda. Es muy probable que impliquen un endurecimiento de la política fiscal y reducción del gasto público (Srinivasan, 2022), lo cual podría aumentar aún más el nivel de conflictividad social existente, obligando a los gobiernos a hacer un cuidadoso cálculo de equilibrio para mantenerse en el poder al mismo tiempo que adoptan las políticas económicas solicitadas.

Gráfico 2. Fuente: Macrotrends y elaboración propia

 

Conclusión

Este artículo pretendió dar una introducción acerca del impacto del escenario internacional en el desencadenamiento de esta nueva crisis asiática y cuáles son los principales desafíos que los gobiernos de estos estados deberán afrontar en los próximos meses. Si bien en este caso, el análisis se focalizó en Sri Lanka, Pakistán y Bangladés, es importante remarcar que otros estados como Laos, Mongolia, Maldivas y Papúa Nueva Guinea también se encuentran en una situación similar.

Sin embargo, dichos sucesos externos no constituyen la única fuente explicativa. De hecho, gran parte del problema encuentra su origen en los factores estructurales e institucionales de estas naciones, que de una forma u otra contribuyeron al desencadenamiento de la crisis.

En la segunda parte de este artículo, de la mano de la economía política, buscaremos entender por qué estas economías emergentes fracasaron.

 

Bibliografía

14 de septiembre de 2022
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