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Del conflicto a la rehabilitación: el rol de la Ulster Defence Association (UDA) en el conflicto de Irlanda del Norte

La relación Irlandés-Británica ha estado caracterizada a lo largo de la historia por un sinfín de conflictos y discordia. Diversos grupos y organizaciones paramilitares surgieron en esta puja entre la integración de la isla y la lealtad a la corona del Reino Unido. Así como del lado católico republicano vimos la aparición del IRA (Irish Republican Army), en contraposición emergieron grupos que defendían los intereses protestantes lealistas. En el siguiente escrito centraré la atención en uno de los más importantes de este último bando y de los que, sin lugar a dudas, tuvieron mayor influencia en el conflicto norirlandés. Me refiero a la Asociación en Defensa de Ulster (UDA, por sus siglas en inglés). Este grupo junto a su ala más militarizada, el UFF (Ulster Freedom Fighters), protagonizaron algunos de los eventos más sangrientos y tortuosos que tiñeron de rojo a la pequeña isla por tres décadas. Concebida como una organización “paraguas” de los grupos defensivos lealistas, se convirtió rápidamente en la entidad protestante más importante. En su punto cúlmine, por el año 1974, llegaron a acumular alrededor de 50 mil miembros.

 

 

El nacimiento de la UDA

Inicialmente, la organización ganó gran apoyo y afiliación de parte de la mano obrera protestante norirlandesa en lugares como Belfast y Lisburn. Su nacimiento estuvo enmarcado en un contexto (finales de los 60) donde había un panorama en el cual tanto el “viejo IRA” como su equivalente lealista, la Ulster Volunteer Force (UVF), estaban viviendo sus últimos días. Nuevas organizaciones comenzaban ya a gestarse en el contexto de la guerra, donde se observaba una grave erupción de la violencia. Por parte de la comunidad nacionalista se formaba el IRA provisional en 1970, y se convirtió rápidamente en el grupo republicano dominante. Alrededor de un año después se empezarían a percibir los primeros pasos de una nueva agrupación unionista: la UDA.

El principal objetivo con el que nació la organización fue el de establecerse como un estandarte defensivo para la comunidad protestante, en un contexto donde se temía que ocurriesen ataques paramilitares republicanos. Los miembros de la UDA patrullaban las zonas donde vivían aquellos a quienes se proponían defender. Poco a poco, las insurrecciones por parte de los republicanos fueron avivando la llama del conflicto e hicieron que la rama más militarizada de los lealistas se despierte: el UFF.

La historia después habló por sí sola. Esa vocación protectora con la que se autodenominó la agrupación unionista, manchó su nombre con la sangre de los insurrectos republicanos, también llevando en el camino la vida de muchos inocentes en su afán por mantener una Irlanda separada. Miles de vidas fueron arruinadas por este conflicto. A pesar de que la cantidad de muertes perpetradas por las organizaciones lealistas está lejos de asemejarse a los números del IRA, es innegable el hecho de que los crímenes de guerra definen a estas organizaciones como grupos terroristas. Los lealistas fueron responsables por más del 29 % de las muertes entre 1966 y 2001. Utilizando como cobertura al UFF, la UDA se responsabilizó por asesinatos sectoriales tanto a civiles como a soldados republicanos y católicos.

 

Las secuelas de la polarización y la violencia: la posibilidad de un cambio

Podemos ver entonces que este grupo, escondido tras el objetivo de defender a ciudadanos, tuvo, en realidad, la despreciable tarea de hacer subsistir el odio entre católicos y protestantes. Muchos estudios analizaron la situación y demostraron que la mayoría de la gente en Irlanda del Norte quiere vivir junta en vez de dividida. Sin embargo, también se pudo ver cómo las tendencias muestran que, desde 1971, las comunidades tienden a congregarse, eligiendo áreas donde se sienten más seguros y menos expuestos. No cabe duda de que la prolongada riña entre grupos paramilitares no hizo más que avivar el miedo en las calles, donde ningún bando se sentía plenamente seguro y tanto de un lado como del otro se veían como enemigos. Este tipo de sospecha es muy común en sociedades étnicamente divididas.

Luego de 30 arduos años de conflicto, los grupos nacionalistas y lealistas vieron la futilidad de la guerra. Sus resultados desastrosos fueron claramente en vano, pero hicieron converger a los gobiernos de Reino Unido e Irlanda en la aceptación de diversas propuestas. Muchas de estas no fueron posibles durante la extensión de la guerra (1968-1998), ya que solo se vieron posibles cuando ambos bandos dieron un paso atrás en sus ideales de integración absoluta. La UDA no fue ajena a estos movimientos. Tras el cese de hostilidades el grupo lealista formó parte en 1994 del Comando Militar Lealista Unificado, que se posicionó como proconversaciones y proacuerdo.

La tregua militar se vio explícitamente influenciada por los cambios políticos. Si no hubiese sido por la inclusión de partidos tanto nacionalistas como lealistas en la discusión, hubiese sido mucho más difícil, sino imposible, la negociación entre bandos.

Previo al cese de fuego, la UDA ya había sido prohibida por el gobierno, que ya no pudo ignorar las acusaciones de que la organización se encontraba envuelta en actos terroristas. Algunos de estos se reflejaron en matanzas indiscriminadas a civiles, políticos y militares católicos. Lamentablemente, el acuerdo entre las partes no significó el fin de los crímenes de esta agrupación. A diferencia del IRA, mostraron una indisciplina mucho mayor, siendo así responsables en el año 2000 de 6 muertes y también involucrándose en diversas prácticas criminales, como el narcotráfico. Estas perturbaciones al proceso de paz que se estaba encaminando fueron el resultado de una enorme fragmentación en el campo de los lealistas. Hubo muertes que estuvieron relacionadas con enfrentamientos entre la UDA y la UVF, ambas organizaciones unionistas. Esto fue un fiel reflejo de lo que se vivió post acuerdo. El proceso no fue para nada simple, había muchos desacuerdos en cuanto a las políticas que debían tomarse y el desmantelamiento de las armas de grupos paramilitares, entre los cuales se encontraban disidentes que se oponían al proceso de paz.

En la actualidad, podemos ver que Irlanda del Norte ha quedado ya lejos de aquellos días oscuros de la guerra. La unión que se veía inimaginable entre polos opuestos a inicio del siglo fue trabajada arduamente, dando como resultado una convivencia entre partidos nacionalistas y unionistas en el ámbito político. Hoy la guerra es un recuerdo lejano, uno muy triste y que dejó una marca imborrable. La UDA se desempeña en su ala política, como el Ulster Democratic Party, y poco a poco va purgando su pasado sangriento.

 

Bibliografía

 

Autor

Nicolás Eduardo Guillou: Estudiante de la Licenciatura en Relaciones Internacionales en la Universidad Siglo 21.

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