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Diplomacia e inteligencia

Por Chiara Porrati Polzella

En las últimas décadas, especialmente con el avance de las tecnológicas de información y comunicación, el fenómeno de  la globalización ha generado controversias en los conceptos nucleares de las relaciones internacionales. Diplomacia e inteligencia -y la delgada línea que las diferencia- no son la excepción

Controversias conceptuales en la era global

Las relaciones internacionales en la actualidad se caracterizan por su heterogeneidad. Se encuentran cargadas de conexiones intersubjetivas, ya no exclusivamente entre estados sino con amplia participación de entidades e instituciones no-estatales y/o privadas. Esta situación conlleva el surgimiento de lo que los académicos denominan “polaridad difusa”, como consecuencia del ejercicio del poder por d iversos actores de origen, nivel y composición variada (Murillo Zamora. 2015: 27). Con ello, la información como herramienta de poder es cada vez más accesible y su manejo se encuentra se torna paulatinamente más descentralizado.

 

Cabe aquí considerar que, en concomitancia con el fenómeno de la globalización, el latente dilema entre derecho a la información y publicidad vs. la confidencialidad y el resguardo del secreto profesional y diplomático tiene amplia relación con la creciente participación de los nuevos actores en la arena internacional. Así, por ejemplo, los medios masivos de comunicación, incluyendo las redes sociales, mitigan y dificultan cada vez más el desarrollo de espionaje por parte de las administraciones gubernamentales en la elaboración de su política exterior.

diplomacia e inteligencia

Al respecto, el diplomático y político esloveno Milan Jazbec (2010: 68) considera que uno de los principales cambios en el sistema internacional es la pérdida actual de la importancia del rol de las fronteras geográficas, caracterizando al mismo como “global”. Aquí es necesario detenerse un momento y cuestionarse ¿cuán apropiado resulta infravalorar la importancia del rol de las fronteras en las relaciones internacionales diplomáticas y de inteligencia?

Si bien es innegable la directa y creciente incidencia de la globalización en las esferas socioculturales -en primer término-, con las nuevas intercomunicaciones tecnológico-digitales, la facilidad en el traslado internacional y la masividad de los medios de comunicación, las fronteras constituyen un rol fundamental a la hora de identificar las entidades en el sistema internacional. De hecho, las negociaciones económicas, ya sean bilaterales, multilaterales o incluso interregionales, son un claro ejemplo donde los actores parte participan con su formal denominación, bajo el compromiso de cada uno con un marco jurídico propio al cual se ajusta. El derecho como ordenamiento jurídico es otro ámbito donde se observa la consolidación de las fronteras. Así, en la formulación de la política exterior y, más aún, en las conexiones intersubjetivas en diferentes circunstancias, la diplomacia juega un rol fundamental y no debemos confundirla con la inteligencia.

 

Distinguiendo diplomacia e inteligencia

Si por diplomacia se entiende una actividad presente en las relaciones internacionales caracterizada por la negociación y la intención de conseguir objetivos e intereses propios, en primera instancia parece no existir mucha distancia con el concepto de inteligencia, entendida como una acción que conlleva proveerse de información sobre actuales o potenciales adversarios exteriores para formular la política exterior gubernamental en diferentes materias.

 

Sin embargo existen ciertas diferencias entre un concepto y el otro, considerándose en el presente artículo que el punto principal se encuentra en la intención de la acción: mientras la diplomacia tiene en vistas lograr acuerdos con otra/s parte/s para obtener un beneficio propio – que en la mayoría de los casos puede implicar el ceder en lo que la contraparte demanda-, la inteligencia tiene el propósito de relevar información unilateralmente sobre “(…) capacidades, intenciones y actividades de potencias, organizaciones o personas extranjeras” (Murillo Zamora. 2015: 17) para implementar luego en la composición de política exterior y obtener, si se quiere, un posicionamiento ventajoso de alguna manera. Si bien ambos  términos  poseen  un componente estratégico, ambos advierten la posibilidad de emplear el “secreto” y la confidencialidad y son herramientas prácticas para la elaboración de tácticas aplicadas en las interacciones en el sistema internacional, no implican, desde esta perspectiva, los mismos designios. De hecho, como bien indica Murillo, hay distinción entre las acciones  desde  el momento de definir agentes de inteligencia y actores diplomáticos -gubernamentales o no-. Mientras los primeros se caracterizan por la investigación encubierta, muchas veces cruzando la delgada línea con el espionaje, los segundos suelen ocupar el lugar de representantes de cierta entidad, la cara visible y negociadora -lo cual no implica que  esté  impune  del  secreto diplomático como una maniobra de autoprotección-.

Aplicación latinoamericana: el caso argentino

Tomando el caso de Argentina, la inteligencia está regulada como competencia exclusiva de la Presidencia de la Nación según la Ley de Inteligencia Nacional N° 25.520, vigente desde el año 2001. En su artículo N°2 define a la misma como la “(…) actividad consistente en la obtención, reunión, sistematización y análisis de información específica referida a los hechos y amenazas, riesgos y conflictos que afecten la seguridad exterior e interior de la Nación” (Ley de Inteligencia Nacional N° 25.520, Artículo 2). Cabe aquí considerar que la diplomacia se encuentra implícita, de alguna manera, como potencial herramienta en el desarrollo de la inteligencia. Actualmente, la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), por Decreto 1311/2015 del Poder Ejecutivo Nacional, es la institución abocada a tal función. Sin embargo, de ningún modo la diplomacia queda exclusivamente reducida a tal rol. Por el contrario, es una cualidad presente en cada una de las relaciones sociales, políticas, económicas y culturales que conllevan cierta  defensa  de  una postura argumentativa o una intención propia de quien se caracteriza por ser “diplomático”.

Comentarios finales

Por otro lado, el tabú del espionaje, directamente asociado a la inteligencia, se alimenta de situaciones en las cuales el “secreto” estratégico se sale del control y pierde su esencia de confidencialidad. Retomando el país en cuestión, un asunto mediático al respecto fue el reconocido caso AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina), llegado a los tribunales superiores de la Nación. Existen ciertas conspiraciones, que por razones de extensión no me es posible desarrollar en el presente trabajo, pero que resultan muy interesantes dada la implicancia de la inteligencia – para ese momento la institución estatal era la Secretaría de Inteligencia Del Estado (SIDE)- y su posible espionaje y actuación acusada de punible por transmisión de información confidencial.

 

 

Reflexionando finalmente, a lo largo del presente artículo se intentó plasmar que la diplomacia y la inteligencia se encuentran íntimamente relacionadas, pero, al mismo tiempo, poseen diferencias notorias en la intención de la acción y los modos desarrollados por los actores implicados. Puede -y debe, en muchos casos- existir confidencialidad en ambas con la finalidad, ante todo, de resguardar la seguridad interior y exterior de la Nación como así también los derechos e intereses de sus habitantes. De hecho, se refiere al “secreto diplomático” como fundamental a la hora de sentarse a negociar para llegar a un acuerdo, teniendo en cuenta que nunca es conveniente poner todas las cartas sobre la mesa frente al “oponente”. Sin embargo, el límite está en el mantenimiento de cierta transparencia en los procesos institucionales que corrompen, de alguna manera, el compromiso democrático de los representantes diplomáticos y la credibilidad de los agentes de inteligencia.

 

Sin duda la temática observada merece un análisis de mayor profundidad y una comparación con casos análogos de la región apuntada para comprender la complejidad de su esencia.

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