El eterno conflicto: Israel y Palestina

Por Rocío Saura

El conflicto entre Israel y Palestina no es solo una disputa territorial; es una herida abierta en la geopolítica mundial y uno de los conflictos más prolongados y complejos de la historia contemporánea. Con raíces que se remontan al siglo XX, ha sido escenario de guerras, negociaciones fallidas y crisis humanitarias que han marcado el panorama global. Cada nueva escalada de violencia evidencia la fragilidad de la región y aleja la esperanza de una solución duradera. ¿Cómo se llegó a este punto y qué posibilidades reales hay de alcanzar la paz?

 

Factores históricos del conflicto entre Israel y Palestina

Para comprender las raíces de este conflicto, es fundamental remontarse a 1947 e incluso a períodos anteriores. El pueblo judío, marcado por siglos de persecución y culminando en el Holocausto, logró la creación del Estado de Israel como un refugio nacional tras que Naciones Unidas emita la Resolución 181 donde no solo fue reconocido si no que dividió la región en dos Estados: uno árabe y otro judío.  A este último se le asignó el 54% del territorio.

Por otro lado, Jerusalén,  una ciudad clave para ambas culturas fue definida como  corpus separatum. La misma al ser centro de significados religiosos y políticos para muchas partes del mundo, no debería ser parte de ningún estado en particular, sino que debería estar bajo control internacional para evitar conflictos entre israelíes y palestinos. Sin embargo, esa propuesta nunca se implementó de manera efectiva, y la ciudad sigue siendo un punto central de disputa. Este proceso desencadenó una lucha territorial y política que ha llevado a décadas de enfrentamientos.

Hoy, Israel, que nació del sufrimiento y la búsqueda de seguridad, es señalado por la comunidad internacional por vulneraciones sistemáticas del derecho internacional, incluyendo la ocupación, la represión y el uso desproporcionado de la fuerza contra el pueblo palestino. Esto ha derivado en acusaciones de crímenes de guerra y ha perpetuado una crisis humanitaria en la región.

israel palestina

Las guerras de 1948 y 1967 marcaron hitos fundamentales en la evolución del conflicto entre Israel y Palestina, ya que redefinieron las fronteras, el control territorial y los equilibrios de poder en la región. Tras la proclamación del Estado de Israel en 1948, estalló un conflicto con los países árabes vecinos y las comunidades palestinas, lo que permitió a Israel consolidar su existencia como Estado, expandir su territorio más allá de los límites establecidos por la ONU y provocar el desplazamiento forzado de aproximadamente 750.000 palestinos, un episodio conocido como la Nakba (catástrofe). Años más tarde, en 1967, la Guerra de los Seis Días llevó a Israel a ocupar Cisjordania, Jerusalén Este, la Franja de Gaza, los Altos del Golán y la península del Sinaí, un hecho que profundizó la disputa territorial y cuya relevancia sigue vigente en la actualidad.

Desde la Guerra de 1967, Israel ha promovido la expansión de asentamientos en los territorios ocupados, especialmente en Cisjordania y Jerusalén Este. Actualmente, más de 700.000 colonos israelíes residen en estos asentamientos, cuya existencia y expansión han sido reiteradamente declarados ilegales por Naciones Unidas y la mayoría de la comunidad internacional. Los asentamientos pueden dividirse en dos tipos: aquellos oficialmente autorizados por el gobierno israelí y los llamados “puestos avanzados”, que, aunque no cuentan con aprobación oficial, reciben apoyo indirecto del Estado y protección militar. Estas colonias no solo  han generado una constante fuente de tensión  si no que fragmentan el territorio palestino dificultando la continuidad geográfica de un futuro Estado.

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De más está decir que la comunidad internacional, a través del Consejo de Seguridad y otros órganos de Naciones Unidas, ha emitido numerosas resoluciones condenando la ocupación israelí y sus prácticas en los territorios palestinos. Sin embargo, la efectividad de estas resoluciones ha sido prácticamente nula: Israel ha cumplido tan solo el 0,5% de las resoluciones de derechos humanos en su contra, desafiando de manera sistemática el derecho internacional. La falta de una intervención efectiva por parte de la comunidad internacional ha permitido que el status quo de la ocupación se mantenga indefinidamente, reforzado por el profundo desequilibrio de poder entre las partes. Sin una presión real y sostenida, la posibilidad de un cambio significativo sigue siendo remota.

¿Solución duradera o pausa en un ciclo de violencia?

Gaza es una cárcel a cielo abierto; así lo han descrito múltiples organismos internacionales y el propio Secretario General de la ONU, António Gutiérrez. La situación humanitaria es crítica: la población vive en condiciones de pobreza, sufren inseguridad alimentaria y precisan ayuda humanitaria para sobrevivir. Además, el bloqueo impuesto por Israel desde 2007, ha convertido a Gaza en un territorio sometido a una crisis estructural permanente.

Tras más de un año de intensos enfrentamientos en la Franja,  el estado Israelí y el grupo terrorista Hamas han negociado para cesar temporalmente las hostilidades el 19 de enero de 2025. Este alto al fuego podría indicar un posible respiro en la violencia, aunque su duración y efectividad dependen de las condiciones pactadas y de la voluntad de ambas partes para respetarlo. También podría ser una estrategia diplomática en medio de presiones internacionales o un intento de ambas partes de reorganizarse antes de futuros enfrentamientos.

israel palestina

Una parte del acuerdo indica que Hamas debe liberar a los rehenes a cambio de que Israel libere a los prisioneros palestinos, si bien este accionar traerá alivio a ambos pueblos no borrará las situaciones traumáticas y suplicios vividos en cautiverio. Sin embargo, en el transcurso de la implementación del acuerdo, se han devuelto cuerpos de rehenes que habían fallecido durante su cautiverio, lo que ha generado una profunda indignación y sensación de traición entre las familias afectadas y la sociedad israelí en general. La devolución de rehenes sin vida genera interrogantes sobre su tratamiento, se cuestiona si murieron por tortura, negligencia o falta de asistencia médica, esto constituiría una grave violación de derechos humanos.

Por otro lado, desde el 21 de enero de 2025, las tropas israelíes llevan a cabo la  operación Muro de Hierro que ha sido ampliamente criticada por violar el Derecho Internacional. Esta operación ha sido dirigida principalmente en el campo de refugiados de Yenín, Tulkarem y Nur Shams,  con el objetivo declarado de desmantelar redes militantes y hacer frente a lo que el gobierno israelí considera amenazas terroristas. La misma ha incluido intensos bombardeos aéreos, incursiones terrestres y la demolición de infraestructuras utilizadas por grupos armados palestinos por lo cual se han tenido que desplazar más de 40.000 civiles.

A esta dinámica se suma el hecho de que, desde el 28 de febrero, Israel ha intensificado su presencia militar en Gaza mediante la creación de burbujas humanitarias, restringiendo el acceso de ayuda proveniente de distintos organismos internacionales. Esta estrategia le permite reforzar su control sobre el territorio, ejercer mayor presión en negociaciones y debilitar a su oponente al limitar los recursos disponibles para la población y las facciones armadas.

Conclusiones

El conflicto entre Israel y Palestina es el resultado de una compleja combinación de factores históricos, políticos y culturales que han alimentado su persistencia y escalada de violencia durante décadas. Aunque las transgresiones han sido documentadas y criticadas por organismos internacionales, el llamado a un cese al fuego, si bien es necesario, no es suficiente para alcanzar una paz justa y sostenible para la población en estos territorios ya que el mismo no apela a las causas estructurales del conflicto en cuestión ni a las violaciones ni al derecho internacional.

La combinación de territorios ocupados y asentamientos ilegales, el bloqueo económico y humanitario, la violencia, los intereses externos, la presencia y acciones de grupos armados ,y  los desplazamientos forzados hacen que la paz sea extremadamente difícil de alcanzar y sin horizontes de mejora a corto plazo.  Apelando a esto, Netanyahu en su anterior discurso mencionó que la victoria “puede lograrse en las negociaciones” pero también “puede lograrse de otra manera”. Este mensaje de Netanyahu refleja la postura de Israel de mantener una estrategia de presión militar y territorial mientras utiliza el discurso diplomático como un recurso secundario.

En este contexto, las negociaciones de paz enfrentan obstáculos significativos, ya que las condiciones actuales no favorecen un diálogo equilibrado entre las partes.

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