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El postcapitalismo: las empresas sociales

Cada vez es más común la tendencia de colectivos que, decepcionados por los gobiernos y estructuras arcaicas del mundo, fundan organizaciones sin ánimos de lucro para contrarrestar las injusticias del sistema actual.  El fondo de la cuestión es la solidaridad y la empatía de unos con otros y sobre todo cuando ya las estructuras religiosas preocupadas por la caridad han dejado de ser suficientes y efectivas. Sin embargo, estas organizaciones tampoco podrán reducir las inequidades ni potenciar el desarrollo económico por sí solas, ya que su funcionamiento depende de otras variables intrínsecas al sistema económico vigente.

 

 

Rentabilidad y responsabilidad social empresarial

Los problemas de la pobreza en el mundo, la propagación de enfermedades, las personas sin hogar y recursos fijos y la contaminación, entre otras temáticas candentes de la realidad actual, son la prueba de que no alcanza con la caridad. En la actualidad se cree que para completar el análisis de la estructura del capitalismo contemporáneo debemos prestar principal atención al surgimiento de una nueva categoría de empresas.

Estas son las empresas sociales, que van más allá de la búsqueda del beneficio económico para hacer foco en los beneficios colectivos de la sociedad. Dejar de lado el fin de lucro de las empresas pareciera inconsistente en el sistema actual pero sin duda está siendo de gran ayuda para equilibrar sus ineficiencias y cada vez son más comunes en el mercado global (M. Yunus, 2011). Pareciera que este nuevo tipo de empresa no encaja en la “teología” capitalista pero está en su profundización poder cambiar esa perspectiva. Un puntapié inicial es la creciente tendencia de las empresas a darle importancia a la responsabilidad social empresarial (RSE).

La presión social hizo que las organizaciones empiecen a preocuparse por lo que generan en el entorno más allá de la contabilización de sus propios dividendos. Muchas empresas han respondido por la convicción de sus líderes respecto del impacto social y el desarrollo sustentable  y otras solo por un nuevo afán de lucro priorizando su buena imagen sin modificar los procesos productivos que subyacen a la naturaleza económica de su actividad. Estas prácticas están siendo dejadas atrás en la mayoría de los países desarrollados, lo que es algo positivo pero insuficiente para darle a la RSE la dimensión global que necesita para producir cambios significativos y generalizados. Así lo evidencia el avance de algunos gobiernos del mundo que, a través de legislaciones que posibilitan el surgimiento de estas nuevas empresas, logran dar mayor visibilidad al a temática. Este año, por ejemplo, la ciudad de Estrasburgo fue elegida como la Capital Europea de la Economía Social. La noticia, según pública Ecodiario.es tomó estado público debido a que el Alto Comisionado para la Economía Social y Solidaria y para la Innovación Social del Gobierno de Francia, Christophe Itier, se pronunciara respecto de este tema y concretara acuerdos de cooperación con distintos países “durante la reunión del Grupo de Gobiernos de la UE que establecen como prioridad la Economía Social. En esta ocasión, de los 14 países que forman este grupo, asistieron representantes de los gobiernos de Bulgaria, Eslovenia, España, Francia, Luxemburgo, Portugal y Rumanía” (Ecodiario, 2019). En esta ciudad la economía social representa el 10 % del empleo. Otro caso importante es el de España,  cuya sanción de la ley 5/011 de Economía social generó un entorno adecuado para potenciar los emprendimiento sociales y generar nuevas formas de relaciones laborales más conscientes y productivas.

 

 

Estos y muchos otros cambios generan que las empresas sociales estén cada vez más presentes en el mercado global, tal es así que estudios recientes que surgen de datos publicados por el gobierno del Reino Unido expresan que existen más de 55 000 empresas sociales en Gran Bretaña con un mercado de 27 mil millones de libras. Las empresas sociales configuran el 5 % del total de las empresas y aportan  8,4 mil millones de libras al año al conjunto de esa economía (Ernesto Bernal, 2018).

Pero entonces, ¿qué son las empresas sociales? Diremos que son empresas que se dedican exclusivamente a resolver problemas sociales y ambientales, que corren de vista la ganancia personal y se enfocan en logros colectivos. Las empresas sociales no ofrecen beneficios ni tampoco dan caridad. Son empresas que como todas no deben perder de vista los costos, pero tampoco es el fin último por el cual fueron creadas. Es decir, agregan valor a los productos o servicios sin descuidar la matriz social, el capital humano y todo lo que genera la producción en la sociedad y el ambiente.

Sin duda, la cuestión del postcapitalismo abarca muchísima más complejidad, pero por algún lado siempre hay que empezar. Teniendo en cuenta los elevados gastos anuales que cada empresa tiene en publicidad para vender sus productos y servicios, no parece imposible que la redistribución, concientización y compromiso por alentar la  creación de estas empresas sea algo que estemos lejos de presenciar, de hecho es lo que está ocurriendo en diversos lugares del mundo. Evidentemente, la estructura se encamina hacia una economía más social, equitativa y solidaria que deje atrás el cruento empeño del individualismo clásico y meramente mercantilista.

 

Conclusión

Entonces, ¿cómo evitar que las empresas exploten a sus trabajadores, contaminen el medio ambiente y modifiquen sus productos solo con la mira puesta en los beneficios obtenidos? Una solución es el avance de la legislación en materia de RSE y, por otro lado, que los ciudadanos estén más informados sobre lo que acontece no solo en su entorno inmediato, sino también en el contexto internacional. La actuación de los medios de comunicación como promotores de bienestar colectivo, que promueven las ventajas de este tipo de organizaciones y su impacto sociocultural, y no como anclajes empresariales que defienden intereses determinados, permitirá la expansión de que la idea de empresa tradicional está cambiando y es algo inevitable.

Lo que parece una utopía quizás pueda ser alcanzable si se aúnan esfuerzos en pos del desarrollo colectivo y el reconocimiento de la necesidad de lograr un equilibrio entre el crecimiento económico y la sustentabilidad.

 

Bibliografía

 

Autor

Muhammad Jadur: Licenciado en Gestión de RR. HH. Analista de RR. HH. Adscripto en investigación en la Universidad Empresarial Siglo 21.

 

 

 

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