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El wahabismo: una clave para entender la esencia del terrorismo islámico

Son muy pocos los que conocen de la existencia del wahabismo. Y es que, entre todas las nubes de humo que los medios generan, es normal que muchos no estén al tanto de la enorme influencia que ejerce en Medio Oriente. Ahora podemos decir, sin ningún temor, que la ola oscura de esta corriente extremista está traspasando las fronteras del mundo islámico, de la mano de la comunicación global, para penetrar en cada rincón del planeta.

 

Segundo desde la izquierda, Muhammad ibn Abd-al-Wahhab de cuyo nombre deriva el wahabismo, movimiento que él mismo fundó; en el centro el príncipe Husein; a su derecha Abdullah bin Abdulaziz Al Saud, el primer monarca y fundador de Arabia Saudita y la Casa de Saud.

 

Los occidentales no entienden cómo puede ser que los musulmanes sean tan adictos a sus dogmas, al punto de cometer actos aberrantes en nombre del islam y de Alá. Hay dos elementos que nos dan la respuesta. Por un lado, debemos tener en cuenta la reificación. “La reificación es la aprehensión de fenómenos humanos como si fueran cosas, vale decir, en términos no humanos, o posiblemente supra-humanos. Se puede expresar de otra manera diciendo que la reificación es la aprehensión de los productos de la actividad humana como si fueran algo distinto de los productos humanos, como hechos de la naturaleza, como resultados de leyes cósmicas, o manifestaciones de la voluntad divina. La reificación implica que el hombre es capaz de olvidar que él mismo ha creado el mundo humano, y, además, que la dialéctica entre el hombre, productor, y sus productos pasa inadvertida para la conciencia. El mundo reificado es, por definición, un mundo deshumanizado, que el hombre experimenta como facticidad extraña como un opus alienum sobre el cual no ejerce un control mejor que el del opus proprium de su propia actividad productiva” (Berger y Luckmann, 1968: 114-115).

Está claro que todas las sociedades reifican diferentes elementos de la vida cotidiana, en mayor o menor medida. Pero en el caso de las sociedades del Oriente Próximo, la órbita de reificación divina es tal vez más común que en otras sociedades. Pero no todos necesariamente tienen incorporado este tipo de abstracciones.

Por el otro lado, y por el motivo ya descrito, muchas comunidades islámicas pretenden desligar gradualmente los dogmas religiosos del ámbito social. Por ejemplo: en sociedades más conservadoras, el interés generado por un préstamo es considerado una usura. El problema es que existe una fuerza imperativa tan poderosa que pretende imponerse con las armas si es necesario. Y esa fuerza no nació ayer. Hablamos, claro está, del “wahabismo”.

 

El origen oscuro del wahabismo

Antes de la fundación oficial del Reino de Arabia Saudita en 1932, el actual territorio que ocupa se encontraba fragmentado. En el corazón de la península arábiga, se encontraba el Emirato de Diriyah, el cual era gobernado por la familia Al Saud. La futura descendencia saudita sería producto de la unión entre esta y la familia de un prestigioso clérigo árabe, llamado Muhammad ibn Abd-al Wahhab.

Al Wahhab, quien se mostraba como un gran estudioso de la enseñanza coránica, afirmaba con total convicción que la interpretación de los preceptos religiosos lleva necesariamente a una desviación respecto de ellos, por lo que hacerlo suponía un error grave y una consecuente desvalorización del islam. Gracias a las conquistas llevadas a cabo por las huestes de los Al Saud, y la posterior expulsión de la familia Hashemí a la actual Jordania, Arabia terminó sometida a su influencia política y religiosa.

Sin embargo, la base teórica de Al Wahhab no demostraba más que un fanatismo extremo de ciertos elementos de la religión, lo que supone, además del rechazo o indiferencia del resto de la doctrina, la obligada interpretación de tales creencias a favor o en contra de intereses específicos, los cuales entraron en total compatibilidad con los intereses expansionistas de la Casa Saudita.

 

Las huestes de Diriyah, además de ser adeptas a los intereses de la familia Al Saud, estaban influidos por las ideas de Al Wahhab.

 

Así, los futuros monarcas sauditas, establecerían e institucionalizarían la corriente wahabista tanto dentro como fuera de su territorio. Por dentro, a través de un aparato represivo denominado “muqtawa” o policía religiosa, el cual castiga cruelmente todo acto contrario al statu quo impuesto, siendo cada vez más frecuente las ejecuciones en plazas públicas.

Por fuera, lo hizo con gran ayuda del capital petrolero. La corona saudita financió (y de hecho lo sigue haciendo) centenares de mezquitas alrededor del mundo sin escatimar gastos, las cuales son excelentes semillas de esta corriente que termina enseñándose en las escuelas y difundiéndose a través de sus celebraciones religiosas. Patrick Cockburn explica que el wahabismo se impuso de tal modo que, hoy en día, aquellos que demuestran algún tipo de oposición son perseguidos y asesinados. En esta persecución infame aparecen dos conceptos importantes de tratar. Uno es el “takfirismo”, que es la tendencia de un musulmán a no considerar a un creyente como tal o rebajarlo por el mero hecho de no compartir sus convicciones. El otro es la “yihad”, concepto sumamente abstracto que se utiliza como excusa para actos totalmente incompatibles con la religión.

 

El wahabismo de cada día

Está claro que esta ola no solo ha echado raíces en el mundo árabe, sino que pretende devorarse el mundo al precio que sea necesario. Esto nos lo demuestra la presencia del Daesh (o ISIS), que aparece como la gangrena de las guerras dadas en los países musulmanes y que buscan contagiarlo todo. No existe un solo país islámico sumido en el conflicto donde no aparezcan, y no es ninguna casualidad.

Tampoco es casual que desde Europa se recluten jóvenes para engrosar las filas del Estado “Islámico”. Se sabe que detrás de muchos foros y páginas web con temática religiosa, se esconden brillantes manipuladores al acecho de víctimas con crisis de identidad o deseos de vengarse de su comunidad.

 

Las comunidades islámicas de Europa Occidental fueron seriamente perjudicadas por la influencia de ideas radicales.

 

Pero ello no significa que las comunidades islámicas en países extranjeros representen inminentemente una amenaza. Solo hay que verlo con un ojo de cada color, puesto que los medios de comunicación de hoy nos generan también conceptos errados de la otredad misma, y eso también resulta perjudicial. Con esto nos referimos claramente a medios que promueven, directa o indirectamente, la intolerancia, la islamofobia, el racismo y la segregación. En vez de intentan ampliar el concepto cultural abstracto de las otras culturas, solo se dedican a remarcar hechos desagradables ocurridos en el seno de esa cultura, y sin dar explicación o contextualizar los hechos.

 

Conclusión

Todo en extremo es malo. Desde el etnocentrismo hasta la intolerancia y la ignorancia misma. Cada vez nos convencemos más de que la falta de conocimiento sobre un tema en particular, sea cercano o lejano a nuestra vida cotidiana, permite que las decisiones tomadas en esos ámbitos generen problemas a corto o largo plazo. La convivencia entre las personas no puede estar marcada por prejuicios o malas concepciones sobre el otro. La globalización junto con las tecnologías de la información y la comunicación deben convertirse en herramientas que definan nuestras correctas concepciones. De esa forma lograremos no solo una mejor interpretación de los fenómenos sociales, sino que además lograremos frenar el avance de ideologías y creencias intolerantes que día a día están tomando terreno sobre nosotros.

 

Bibliografía

  • Berger, Peter y Luckmann, Thomas. «La Construcción Social de la Realidad». Amorrortu Editores. https://zoonpolitikonmx.files.wordpress.com/2014/09/la-construccic3b3n-social-de-la-realidad-berger-luckmann.pdf
  • Bunzel, Cole. The Kingdom of the Caliphate. Duel of the islamic state. Carnegie Endowment for International Peace. February 2016
  • Bunzel, Cole. From Paper State of Caliphate: the Ideology of the Islamic State
  • Cockburn, Patrick. «ISIS. EL retorno de la Yihad. Ed. Planeta S.A. Buenos Aires. 2015

 

Autor

Leandro Molina: Profesor de Historia. Estudiante de la Tec. En Responsabilidad y Gestión Social (Universidad Empresarial Siglo 21).

 

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