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Gasoducto TAPI: integración regional y disputa geopolítica en Asia Central

En las últimas décadas Asia Central se ha convertido en un territorio estratégico gracias a sus abundantes recursos energéticos. Actualmente, si bien se encuentra bajo la esfera de influencia rusa, la irrupción de la República Popular China en la región y los intentos de la República de Turkmenistán de alejarse del monopolio del gas ruso (mediante la creación del gasoducto TAPI y otros proyectos de infraestructura) implicarán una futura transformación en la dinámica regional.

 

¿Qué es el gasoducto TAPI?

El Gasoducto Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India (TAPI), también conocido como gasoducto Transafgano, es un proyecto de infraestructura impulsado por la República de Turkmenistán desde la década del 1990.

Aunque su desarrollo se vio frustrado a través de los años a causa de los múltiples desacuerdos surgidos entre los socios principalmente alrededor del precio de tránsito y la inestabilidad del gobierno de Afganistán, finalmente, el 13 de diciembre del año 2015 Turkmenistán dio inicio a la construcción de la obra.

Este gasoducto, de una importancia trascendental para la región de Asia Central, contará con 1.814 kilómetros de tubería y una capacidad que permitirá bombear unos 33 mil millones de metros cúbicos anuales. Comenzará en Galkin Ysh, Turkmenistán, atravesando el oeste de Afganistán, Pakistán y concluirá en la ciudad India de Fazilka, conectando por primera vez a la región con los mercados sudasiáticos.

Según las estimaciones actuales, el proyecto tendrá un coste de 10 mil millones de dólares y se encuentra financiado por el Banco Asiático de Desarrollo, entidad que ha tenido un papel destacado a la hora de liderar y facilitar las negociaciones entre los socios.

Fuente: Google Maps y elaboración propia. La línea verde que se puede observar en el mapa representa el trazado del gasoducto.

 

El rol de Asia Central en el tablero geopolítico

Es innegable que, en las últimas décadas, las políticas energéticas han adquirido un rol clave en la geopolítica tanto a nivel regional como internacional, impactando en las relaciones de  poder existentes entre los Estados.

No es nueva la importancia que le otorga Asia Central a la disputa por los recursos energéticos como el petróleo, gas, carbón y otros minerales raros. De hecho, si nos remontamos a principios del siglo XX, podemos encontrar la teoría de Mackinder, un famoso geógrafo inglés que afirmaba que Asia Central era el corazón de los recursos naturales y que quien dominara dicho “Heartland” dominaría el mundo.

Hoy, existe un importante grupo de Estados interesados en dicha zona geográfica, como Estados Unidos, China, la Unión Europea y la Federación Rusa. Actualmente, este último país es el actor más poderoso en centro de Asia, participando de forma destacada en todos los grandes proyectos hidroeléctricos y rutas comerciales.

No obstante, últimamente, se ha estado desarrollando una transformación en la dinámica regional. Por un lado, existe una iniciativa del gobierno de Turkmenistán y otros Estados de la región para buscar vías alternativas para sus exportaciones de gas, las cuales en el presente se encuentran sometidas al monopolio de los gasoductos rusos y su capacidad fijadora de precios. De este modo, el gasoducto TAPI es una oportunidad para dichos países de alejarse del control ruso y su influencia, fortaleciendo sus relaciones bilaterales y la cooperación económica, además de adquirir nuevas zonas para satisfacer sus crecientes necesidades energéticas.

Por otra parte, dicho alejamiento presentaría una excelente oportunidad de establecer nuevos vínculos con otros Estados, principalmente la República Popular China, para la cual Asia Central constituye una fuente de suministro energético alternativa y estratégica debido a su carácter directo y terrestre.

 

 

La situación tras la toma de Kabul por los talibanes

¿Podrían darse las condiciones de seguridad y estabilidad para el desarrollo del proyecto bajo el gobierno talibán?

Tras la retirada de las tropas estadounidenses en Afganistán el 30 de agosto del año 2021, las predicciones respecto al futuro del gasoducto fueron múltiples.

Desde que el grupo fundamentalista se hizo con el control del país, las construcciones tanto del gasoducto TAPI como del proyecto CASA-1000, que pretende suministrar electricidad desde Tayikistán hasta Pakistán, han sido detenidas. El ministro de información de Pakistán, Fawad Chaudhry afirmó el pasado 27 de noviembre que las obras permanecerán suspendidas y sin fecha de reanudación.

Por su parte, el grupo talibán se ha abocado a la tarea de constituirse como un gobierno aceptable frente a la comunidad internacional. De hecho, incluso antes de la conquista de Kabul, el grupo afirmaba que: “No solo respetamos todos los proyectos nacionales que sean de interés para nuestro pueblo y resulten en el desarrollo y prosperidad de la nación, sino que estamos comprometidos a protegerlos”.

 

Conclusión

Este proyecto de infraestructura tiene el potencial de convertirse en una fuente de transferencia de energía, cooperación e integración regional, mejorando las relaciones entre los países socios y principalmente entre Pakistán y la India (Khe Tran, M. S., Rafique, N., 2018).

En este sentido, un suministro de energía más barata y limpia tendría un impacto directo en la economía, permitiendo generar crecimiento y reducir las altas tasas de inflación existentes en los países de la región. En consecuencia, se produciría un incremento de los ingresos y reservas en las arcas de los Estados, los cuales podrían ser empleados para el desarrollo de los sectores sociales y la mejora en la prestación de servicios, especialmente la educación, la salud, la limpieza, agua y vivienda (siempre que dichos fondos no se vean vulnerados por hechos de corrupción) (Rajput, A. R., Naeem, S., 2020).

Si bien la situación en el presente es incierta, debido al contexto afgano explicado anteriormente, la conclusión de este proyecto conduciría a los países miembros a diseñar estrategias conjuntas para abordar las preocupaciones de seguridad que afectarían a su economía, mejorando la conectividad regional y teniendo un efecto de multiplicador de fuerza en otros proyectos de este tipo que se están llevando a cabo actualmente en la región.

Por lo tanto, se pasaría de una competencia de suma cero a un beneficio mutuo entre los Estados socios, mientras que, al mismo tiempo, se produciría una ruptura del monopolio ruso en la región y un acercamiento a la esfera de influencia de la República Popular China.

 

Bibliografía

 

 

 

 

 

Autora

 

Carolina Riera: Estudiante avanzada de la Licenciatura en Relaciones Internacionales UCC. Diplomada en Cooperación Internacional UCC. Interés en la región de Asia Occidental y Central, la seguridad internacional y el sector humanitario.

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