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Homofobia institucionalizada

La persecución al colectivo homosexual en muchos países africanos o en Rusia supone una técnica de distracción de los gobiernos para centrar la atención de la opinión pública en esos grupos y no en otros asuntos. Generalmente, estos países tienen graves problemas, como tasas elevadas de desempleo, corrupción o problemas de salud pública, o se avecinan a elecciones presidenciales que requieren alejar la atención de determinados temas. El propósito de este artículo es ofrecer un panorama de la cuestión, de cierta institucionalización homofóbica, para concluir que solo el camino de la democracia podrá darnos herramientas para abordar, ya sea los disensos en esta, así como también las expresiones institucionalizadas en cada cultura que ponen en vilo al colectivo LGBT+.

 

 

A man holds up a picture of an painted Russian President Vladimir Putin during the lesbian, gay, bisexual and transgender (LGBT) Rainbow Pride Parade in Bratislava, Slovakia on June 28, 2014. AFP PHOTO/SAMUEL KUBANI (Photo credit should read SAMUEL KUBANI/AFP/Getty Images)

 

Introducción

El hecho de situar a la población transgénero y homosexual en el centro de la diana mediática y alimentar patrones de conducta ultraconservadores y extremistas es una vía de escape de los gobiernos para lograr que los ciudadanos no se preocupen por los problemas reales del país, como si conquistar derechos fuera un estorbo.

Al mismo tiempo, el predominante papel de la religión o su búsqueda de un mayor protagonismo en estas sociedades, como ocurre en Rusia con Putin y su intención de aupar a la Iglesia ortodoxa al centro de la vida política, está desembocando en una proliferación de predicadores contra la homosexualidad, también es así con el avance de predicadores evangélicos con un discurso que promueve el fanatismo religioso y la “caza de brujas” contra el colectivo LGTB+. De esta manera, se proyecta una imagen del homosexual como la de una persona peligrosa para la sociedad. Los discursos se centran, especialmente, en proteger a los niños de los gays y las lesbianas y de no permitir que les “contagien la homosexualidad”. Se quiere evitar que sus sociedades importen valores extranjeros tan perniciosos como la libertad o la igualdad de derechos civiles. Por tanto, avances como el matrimonio entre personas del mismo sexo se convierte en el objetivo de las críticas del gobierno y de los predicadores, aprovechando así para establecer a los culpables lejos de casa y evitar problemas internos.

 

Especificidad metodológica de la homofobia institucionalizada

La homofobia institucionalizada supone un peligro para la vida de los homosexuales, que son víctimas de graves violaciones de sus derechos humanos que en muchas ocasiones tienen un desenlace trágico. Por ejemplo, en Uganda no es extraño que periódicos sensacionalistas publiquen, anunciándolo en su portada, un listado de “los mayores homosexuales” del país, acompañándolo con fotografías para que se pueda reconocer y denunciar a estas personas e incluso se adjunta, en algunas ocasiones, su dirección para tenerlas localizadas. Esta violación de los derechos fundamentales se traduce en persecuciones públicas, linchamientos impunes, palizas, escraches, arrestos por ser homosexual e, incluso, la muerte.

El activista gay David Kato fue asesinado tras la publicación de su fotografía en la portada de un periódico en 2011. La globalización se presenta, en este caso, como un arma de doble filo. El ascenso de la popularidad de los pastores evangelistas ultraconservadores de Estados Unidos en África supone una justificación para este tipo de comportamientos que, lejos de ser castigados por los Estados, se expanden entre la sociedad con impunidad. Es importante destacar que la mayoría de las leyes antihomosexuales de África provienen de la era colonial, ya que este tipo de regulaciones no existía previamente y el odio a las personas LGTB+ no era un rasgo característico de la cultura como está ocurriendo actualmente.

La homofobia hace que la población no entienda a la homosexualidad como una decisión personal, sino como una enfermedad. Esto hace que sean incapaces de comprender que una persona no “se hace” homosexual, sino que nace con una orientación sexual determinada. Sin embargo, los métodos “curativos” de la homosexualidad proliferan rápidamente, al amparo de discursos extremistas, con la aplicación de métodos atroces como las violaciones “correctivas” a mujeres lesbianas por un grupo de hombres para “devolverle” su heterosexualidad. Además del trauma que una violación supone para cualquier persona, muchos casos se ven agravados por el contagio del VIH como consecuencia de la aplicación de estos “métodos correctivos” en el mundo árabe.

 

Cierto modus operandi y aspectos a tener en cuenta

El norte de África es la zona menos agresiva contra el colectivo LGTB+. En Marruecos o Túnez se pueden encontrar locales gay al norte del país y, hasta ahora, Egipto ha sido uno de los pocos países del continente que no tenía leyes en contra de los homosexuales. Sin embargo, en este último caso, se están dando pasos atrás, ya que en el verano de 2014 el gobierno egipcio intervino varias aplicaciones móviles para el público homosexual. En otros países árabes la represión incluye penas de cárcel, condenas a cientos de latigazos en público e incluso la pena de muerte con métodos como la lapidación.

Las personas homosexuales en el mundo árabe no pueden vivir su sexualidad libremente y cualquier muestra de su orientación sexual supone un riesgo real a su vida. En estos casos, la persecución no puede ser calificada como una caza de brujas, como en el caso africano, al no ser un asunto tan mediático pero no por ello es menos peligroso ni requiere una menor atención. En la mayoría de los casos, las relaciones homosexuales tienen una marcada diferenciación por roles, en las que la sodomía es vista como una humillación. Sin embargo, la situación históricamente no ha sido siempre así. Basta tomar como ejemplo al más importante poeta árabe clásico, Abu Nuwas, que vivió entre los siglos VIII y IX, en cuyos textos habla abiertamente de la homosexualidad y de las relaciones entre personas del mismo sexo, con una completa normalidad que destaca en contraposición con la situación actual.

En aquellos lugares, en los que ser homosexual supone un riesgo para la vida del colectivo, la comunidad internacional debe actuar de manera firme para garantizar la libertad de los individuos y no permitir que se den casos de genocidio por motivos de orientación sexual, un escenario cada vez más probable dado el aumento de las políticas que fomentan el odio y la homofobia. La promoción de los derechos LGTB+ en la agenda de la política exterior de los países occidentales, debe combinarse con técnicas de diplomacia preventiva, como las desarrolladas por la Unión Europea, con el objetivo de avanzar con pies de plomo en el camino por la igualdad y el fin de la represión, asegurando cada uno de los pasos que se toman.

 

Conclusión

El avance de la democracia es el camino para la igualdad efectiva en la sociedad, pero es un camino que debe surgir en cada país de manera individual y, por ello, el apoyo a los grupos de defensa LGTB+ en estos países es clave para hacer germinar un cambio de mentalidad. La protección a las personas que sufren discriminación por su orientación sexual comienza a ser protagonista en la concesión de asilo en algunos países europeos a homosexuales perseguidos y la visibilidad de grandes estrellas que viven abiertamente y con normalidad su orientación sexual pueden suponer un importante acelerador para ese cambio de mentalidad en los países en los que la intolerancia supone un grave peligro.

Los Estados están obligados por el derecho internacional a proteger a las personas LGTB+ y deben tomar medidas encaminadas a terminar con la discriminación y la violencia a base de reformas de sus códigos penales y de campañas de educación para contrarrestar la homofobia en favor de la tolerancia a la diversidad. Las organizaciones en defensa de los derechos civiles jugarán un papel crucial como motores del cambio para permitir que entren los primeros rayos de sol en aquellos países en los que la homosexualidad está condenada a la clandestinidad y en las que querer a una persona supone un riesgo para la vida de aquellos que solo buscan ser tratados igual que cualquier otro ciudadano y amar libremente.

 

Bibliografía

  • Escuer, Vanessa. “Ser gay, ser ilegal en Uganda: entrevista a la activista Kasha Nabageresa”. Diario “El País”. Kampala, 2015.
  • Aengus Carroll y Mendos, Raúl Lucas; “Homofobia de Estado: Estudio jurídico mundial sobre la orientación sexual en el derecho: criminalización, protección y reconocimiento”. Informe ILGA.Décimo segunda edición, Mayo de 2017.

 

Autor

Cristian Iván Da Silva: Estudiante del Instituto Superior de Formación Docente N° 98. (ISFD N°98).

 

Este escrito fue seleccionado por Córdoba Global en el marco de la 1° edición del concurso de artículos “Pensando al mundo”: 2° Premio de la Categoría Estudiantes.

 

 

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