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La cuna de las religiones dharmanicas: la India

Una de las cosas que más llaman la atención a la hora de analizar a la India es la singular amplitud en materia religiosa que posee. Más de 10 religiones activas y poderosas tienen cabida entre sus límites territoriales. Tan importante es la religión en el país que incluso las cuatro grandes religiones dharmanicas tienen su origen allí: hinduismo, budismo, jainismo y sijismo. Las dos primeras son de las más practicadas en el mundo (ocupan el tercer y el cuarto lugar, respectivamente), lo que representa un total de 1 400 millones de creyentes alrededor de todo el globo.

 

 

Reseña histórica de la India

La historia de la India es única y amplia y su reconocimiento es de suma importancia, ya que dio como resultado la variedad religiosa que encontramos en la actualidad. Desde los años cercanos al 6000 a. C., grupos de personas se asentaron en el valle del Indo y una cultura se fue formando en ese lugar. Cuando esa primera sociedad empezó a desaparecer, alrededor del año 500 a. C., inició el periodo védico, el cual tomó al hinduismo como su base más importante; a partir de entonces, varios reinos se gestaron y el desarrollo de la región fue imparable.

Durante los siglos X y XII la India sufrió ataques por parte del Sultanato de Delhi (1206-1526) y el Imperio Mogol (1526-1707), y la zona localizada en el norte cayó bajo el dominio de los asaltantes.

Otro aspecto vital para la creación y el desarrollo de la India fue el impacto que tuvieron los países europeos, específicamente Portugal, Francia, los Países Bajos y el Reino Unido, que la utilizaron como una colonia para obtener sus productos más importantes. En 1947 India logró independizarse de la Corona británica gracias a la incansable labor de Mahatma Gandhi.

 

Las religiones dharmanicas

A este grupo  pertenecen las religiones que se originan del Sanātana Dharma o vedismo, también llamadas índicas o védicas. Dharma es una palabra sánscrita que significa “religión”, “ley natural”, “orden social”, “conducta adecuada” o “virtud”. Se utiliza en casi todas las doctrinas y religiones de origen védico (las religiones dhármicas) como el hinduismo, el budismo, el yainismo y el sijismo.

La concepción de las deidades en las religiones índicas varía notablemente, presentando una notable heterogeneidad. Aun así, dentro de los puntos que podemos encontrar como comunes a todas las religiones dhármicas se encuentran la creencia común en la reencarnación, el karma y las prácticas veganas. Su sacerdocio también tiene tendencia al estilo monacal o de gurú. Además, dichas religiones asocian “la interioridad con la transformación personal, enfatizando los logros inherentes de la misma: liberación/iluminación, gozo, paz; en tal sentido, se tratan de visiones inmanentes de la interioridad humana: en ella (o con ella) se alcanzan los más altos niveles de desarrollo personal y felicidad verdadera” (Requena, 2016: 2).

 

El hinduismo

A diferencia de otras religiones en el mundo, el hinduismo no tiene asignados ni escrituras sagradas ni un fundador histórico que establezca cómo deben regirse en el accionar las personas que practiquen dicha religión, a diferencia de otras como el cristianismo.   “Meditar, hacer contacto de manera disciplinada con nuestro interior –nos plantea el Hinduismo– nos da un tipo de conocimiento, un tipo de placer y una concordia que de otro modo no logramos; y estos logros nos conducen a otro de importancia: la transformación de nuestra jerarquía de valores” (Requena, 2016: 1).

Otra de las grandes diferencias con respecto a otras religiones del mundo es que se trata de una religión hereditaria, por lo que una persona no puede simplemente convertirse al hinduismo, sino que debe haber nacido en la doctrina hindú.

La religión hinduista tiene aspectos socioculturales de gran importancia, se puede destacar la división de la sociedad en varias castas, o clases, cada una de ellas con derechos, obligaciones y atribuciones propias: los brahmanes o sacerdotes, los kshatriyas o guerreros nobles, los vaisyas o gente común y los sudras o sirvientes. Por debajo de todos estos están los intocables, una clase sumida en la mayor marginación, con la que el resto de castas no puede tener ningún tipo de trato. Es muy importante destacar que actualmente en la India la constitución declara ilegal la discriminación contra las castas inferiores, aun cuando esto se hace difícil de ver en la práctica.

 

El budismo

La palabra “budismo” proviene del término sánscrito “buddha”, que viene a significar “aquel que ha despertado”. Esto hace alusión a Siddhartha Gautama, fundador de la religión budista, la cual podría considerarse una filosofía de vida, y que consiguió alcanzar la iluminación. Presenta una concepción de interioridad que podemos caracterizar como dinámica: no es un espacio, sino un proceso, un movimiento o viaje. El Buda, según los datos históricos recopilados con los años, pudo haber vivido entre los siglos IV y V a. C.

La doctrina del budismo consiste en librarse del sufrimiento causado por la codicia humana mediante una serie de directrices que son comunes en diferentes religiones, como no tener malos pensamientos ni mentir, ser amable, cuidar el cuerpo, hacer meditación, etc. Esta codicia no se refiere solo a la posesión material, sino también al ansia de sentir y de experimentar.

Durante este siglo, las prácticas tradicionales budistas han sido cada vez más cuestionadas por los avances de la secularización y occidentalización de Asia. En vista de ello, varios líderes budistas modernos han tendido a restarle importancia a las prácticas budistas populares y a las expresiones de la fe, y hacer hincapié en los aspectos más racionales y empíricos del pensamiento budista, así como en la práctica de la meditación. Al mismo tiempo, han dado al budismo un papel considerable en los movimientos nacionalistas de sus propios países, como promoviendo los contactos con otras naciones budistas a través de organizaciones ecuménicas como la Comunidad Mundial de Budistas.

 

 

El jainismo

A pesar de que sus seguidores aseguran que el jainismo es la religión más antigua que existe y que surgió hace más de 10.000 años, los datos históricos le atribuyen la misma época de aparición que al budismo y lo hacen desde un punto de vista que rechaza en cierto modo la doctrina del hinduismo, a pesar de que comparte puntos en común con esta religión. Al igual que el budismo, proclama alcanzar la purificación del alma deshaciéndose de todos los lazos materiales y practicando la abstinencia total a los deseos humanos.

 

El sijismo

El sijismo o sikhismo es la novena religión del mundo en número de adeptos, en la India llegan a ser casi 20 millones y es la más joven de las cuatro religiones dharmanicas, pues apareció en el siglo XV d. C. a modo de respuesta a los dogmas no compartidos del hinduismo y del islam. Sus seguidores se llaman “sijes» o “sijs”, que significa “discípulos” o “instruidos”. En el sijismo la instrucción de sus seguidores no concluye, ya que siempre hay cosas que aprender y son inabarcables como el propio universo.

 

El resto de creencias religiosas en la India

Además de las religiones dharmanicas, en la India convergen las tres grandes religiones abrahámicas: el cristianismo (con 25 millones de adeptos), el judaísmo (con tan solo unos pocos miles) y el islam (con 150 millones). También hay algunas religiones exógenas como el zoroastrismo y el bahaísmo, y las creencias religiosas esotéricas y chamánicas como la wicca y el animismo.

 

 

Es importante destacar, para concluir, que las religiones dharmanicas en la India no solo tienen relevancia por su herencia cultural e histórica, sino porque contribuyeron desde un principio a forjar la identidad del país, tal y como lo conocemos ahora, además de su incidencia en las prácticas sociales actuales. Por otro lado, tienen una importante relevancia mundial por ser de las más prácticas y respetadas alrededor de todo el globo, aun en el mundo occidental donde las religiones abrahámicas tienen una mayor prominencia.

 

Bibliografía

 

Autora

Valentina Ripani: Estudiante de la Lic. en Ciencia Política en la Universidad Católica de Córdoba.

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