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La política exterior de Bolsonaro

   Introducción

La llegada de Jair Bolsonaro a la presidencia del Brasil en 2019 genero una gran preocupación tanto dentro del país, como en la región y en el mundo, por sus posiciones fuertemente ideológicas. En el ámbito interno la mayor inquietud sobre la política exterior es la transformación ideológica de esta y los inéditos objetivos que transgreden su tradición diplomática. En el ámbito externo la intranquilidad proviene de sus discursos que, ya desde la campaña electoral, alertaban los cambios que podría incurrir su presidencia en las relaciones bilaterales, la integración regional, la participación del país en foros regionales y multilaterales. En occidente lo que más preocupa es su posición en temas como el multilateralismo y el cambio climático (Guillén Ayala, 2019).

 

Tradiciones de la política exterior brasileña

Photo by Rafaela Biazi on Unsplash

 

Históricamente la política exterior de Brasil oscilo entre dos doctrinas: el “americanismo” y el “globalismo” (Mongan, 2020). El Americanismo hace referencia al alineamiento con EEUU, surgido de las bases establecidas por el fundador de la diplomacia brasileña, el Barón de Río Branco. Este paradigma visualiza a EEUU como una potencia global y hegemónica en el hemisferio occidental, y como eje de la política exterior de Brasil (Soares de Lima, 1994).  Hay dos formas de seguir esta orientación: la primera, enfatizando la convergencia ideológica por impulso interno. De esta manera, la relación con EEUU era considerada como una herramienta por la cual Brasil podía consolidar su viabilidad nacional manteniendo al mismo tiempo intacta su soberanía. La alianza era un “fin en sí mismo, y por eso consideraba que el vínculo bilateral debía caracterizarse por una alineación automática e incondicional” (Mongan, 2020). En cambio, la segunda forma ponía de relieve los vínculos pragmáticos de concebir la alianza táctica con Estados Unidos como medio para aumentar el poder de negociación del país (Soares de Lima, 1994). Así, estrechar relaciones con EEUU determinaría la influencia de Brasil en Sudamérica permitiéndole asumir un papel parecido al estadounidense en el norte como estabilizador y hegemón. Al mismo tiempo, dicha alianza con la potencia del norte también serviría para contener los deseos imperialistas europeos sobre la Amazonia (Guillén Ayala, 2019). La contraparte del lado estadounidense fue la importancia otorgada a Brasil como llave del subcontinente (Doval y Ordoñez, 2020).

A partir de fines de los años ’50 surge el paradigma globalista que confronta la idea de que Estados Unidos es eje de la política exterior, y propone la necesidad de globalizar las relaciones exteriores de Brasil. Si bien en un comienzo, y por mucho tiempo, en Brasil predomino el unilateralismo con EEUU, a lo largo del tiempo el orden internacional, la necesidad de diversificar la dependencia y el regreso de la democracia, estableció una nueva agenda. El cambio en el enfoque internacional de Brasil y en sus relaciones regionales comenzó en la década de 1980, participando conjuntamente en las preocupaciones de los países sudamericanos y ya en la década del 1990 iba a consolidarse este cambio pasando del conflicto a la cooperación. (Guillén Ayala, 2019).

El país reforzó el ámbito bilateral y regional bajo una actitud independiente, ambiciosa y activa en el sistema internacional, pero basada en el principio de la integración regional. Al mismo tiempo construía con Estados Unidos una agenda positiva que le otorgaría credibilidad internacional. Para fines de los años 90’ se conformó el Mercosur, transformando a la región en un destino, convirtiéndose en el eje de la política exterior que permitió a Brasil liderar la integración regional (Guillén Ayala, 2019). Si bien durante la década de 1990 hubo gobiernos que volvieron al paradigma americanista, este proceso de diversificación de relaciones e integración regional no se detuvo.

En el gobierno de Lula, a pesar de estar enmarcado en un modelo globalista de política exterior, nunca malogro la relación bilateral con EEUU, sino todo lo contrario, Brasil ascendió a la categoría de potencia emergente (Doval y Ordoñez, 2020). La diversificación de las relaciones, la participación regional y los procesos de integración sudamericana, junto con una mayor vocación internacional y de consolidar la imagen de Brasil en el mundo, mientras las relaciones con EEUU eran prudentes, fue el enfoque que siguieron los diferentes gobiernos petistas. (Guillén Ayala, 2019).

 

Bolsonaro

Brazil’s new President Jair Bolsonaro (centre) waves a national flag while addressing supporters flanked by First Lady Michelle Bolsonaro and Brazil’s new Vice-President Hamilton Mourao, during their inauguration ceremony at Planalto Palace in Brasilia on Tuesday. Photo: Agence France-Presse

 

En su campaña electoral Bolsonaro había dejado entrever lo que podía ser su programa de política exterior: un mayor acercamiento a Estados Unidos e Israel (manifestándose favorable a mudar la embajada a Jerusalén), crítico con China y con todos los regímenes asociados con la izquierda política, y adicionalmente, calificó al Mercosur como un bloque demasiado ideologizado (Frenkel, 2018). Conjuntamente, expuso su preferencia por las negociaciones bilaterales en detrimento de los esquemas multilaterales, manifestó sus deseos de salirse del Acuerdo de París sobre cambio climático, y en el ámbito regional hablo de romper relaciones con Cuba e incrementar las sanciones a Venezuela (Frenkel, 2018).

Frenkel (2018) argumenta que hay dos conceptos que podían identificar el programa de política exterior brasileño: americanismo y des-americanización. Frenkel (2018) hace referencia a que el gobierno de Bolsonaro seguiría un americanismo de tipo ideológico. Mongan (2020) comentando que “la novedad del gobierno no es la ideología ni el alineamiento con Estados Unidos, pero sí los métodos utilizados para expresar esas intenciones.”

 

Des-americanización

El otro eje estructurador de la política exterior bolsonarista es la des-americanización. Esta idea propone un distanciamiento de Brasil de la región emulando lo que fue paso a la República en 1889. Esa época se caracterizó por un “americanismo” que concebía a Brasil como una excepción en América del Sur debido a su carácter monárquico y lusitano, y que este estatus diferencial mantenía a Brasil alejado de los desórdenes propios del republicanismo liberal de las ex-colonias españolas (Frenkel, 2018). De esta manera, el país tenía que privilegiar el vínculo con Europa y EEUU y evitar estrechar relaciones con los países vecinos.

Bolsonaro, de esta manera, propone una des-americanización aggiornada, entendiendo a la región como un ambiente que atenta en contra de los valores esenciales de la sociedad, como la libertad, el libre mercado y la familia (Frenkel, 2018). Bajo este paraguas ideológico se enmarcan las críticas al Mercosur como un bloque ideologizado de izquierda. Así para el gobierno brasileño, restablecer el orden y la grandeza perdida implica aislar a Brasil de los países vecinos (Frenkel, 2018).

 

Occidentalismo Rígido

Jair Bolsonaro y Donald Trump durante una reunión en la Casa Blanca, el 19 de marzoCredit…Doug Mills/The New York Times

Otros autores como Doval y Ordoñez (2020) argumentan que la formulación de la política exterior bolsonarista imprimió un perfil inédito mediante la adopción de un occidentalismo rígido que vincula la orientación externa del país a los intereses conservadores norteamericanos. Esta orientación introduciría a Brasil en una lucha civilizacional en la que está en juego “el alma de Occidente” en consonancia con el expresidente estadounidense Donald Trump. Esta visión explicaría el cambio de las relaciones entre los gobiernos brasileño y estadounidense a partir de la victoria de Joe Biden, que si bien en los aspectos estratégicos sigue habiendo un alineamiento hacia Washington, la relación se enfrió considerablemente. Al mismo tiempo, esto explicaría la nueva predisposición de Brasilia por acercarse a gobiernos de corte conservador como la Rusia de Putin o la Hungría de Orban.

 

Conclusión

La política exterior brasileña es históricamente reconocida por su continuidad y pragmatismo gracias a una diplomacia institucionalizada que ha jugado un papel central en la formulación de los intereses nacionales y de la política exterior (Van Klaveren, 1992). Hoy la diplomacia brasileña está viviendo una crisis profunda, provocada por la orientación disruptiva del presidente Bolsonaro.

 

Bibliografía

  • Mongan, Matías (2020). «Descifrando la política externa bolsonarista», Foreign Affairs Latinoamérica. Url: http://revistafal.com/descifrando-la-politica-externa-bolsonarista/
  • Soares de Lima, María Regina (1994). «Ejes analíticos y conflicto de paradigmas en la política exterior brasileña» América Latina/internacional, vol 1, num 2, p. 27-46.
  • Van Klaveren, Alberto (1992). Entendiendo las políticas exteriores latinoamericanas: modelo para armar. Estudios Internacionales, nº 98, Santiago de Chile

 

Autor

Lautaro Bermúdez: Tesista de la Lic. en Relaciones Internacionales por UNSAM, con un interés especifico en Geopolítica y seguridad internacional.

 

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