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Nuevo presidente, nuevo liderazgo: el liderazgo de la concertación

Alberto Fernández accede a las páginas de la historia luego de su triunfo rotundo en las elecciones presidenciales. Un lugar que ni él mismo esperaba. Años de militancia política, de funciones y responsabilidades, y de la noche a la mañana tiene en sus manos el desafío de encarar una profunda transformación, incluso, la del liderazgo político.

 

 

Nuevos y viejos desafíos

De mano de la legitimidad que le da la voluntad popular, el próximo presidente argentino tendrá la tarea no solo de afrontar los problemas que hereda de cuatro años de gestión macrista, sino tambien los que le heredó Cristina Fernández a Mauricio Macri y que este último no pudo resolver.

Los desafíos son enormes, la importancia de cómo encararlos reviste de aún más importancia. En este sentido, la construcción de un liderazgo que sea efectivo es clave para poder darle a la política argentina, y sus cada vez más débiles elementos republicanos, la estabilidad que puede depositarse en un rumbo de concertación, como esperanzado a priori la revitalización de partidos tradicionales; y es que el liderazgo que afronta Alberto Fernández es esperanzador para un partidismo que se creía muerto, luego de la irrupción marketinizada de un partido de eslóganes como el PRO, y que ubica al sistema de partidos políticos con los elementos que este puede ir tomando de las formas de representación que la ciudadanía misma ha encarado, luego de la “resistencia” al ajuste. En este sentido, cobraría importancia poder intentar analizar el rol que puede tener el radicalismo como partido de masas, pero sería parte de otro análisis.

En efecto, las  circunstancias que generaron los cuatro años de macrismo, y también las que no pudieron cumplirse como expectativas tras la promesa de solucionar la tan famosa “herencia K”, han llevado a que los actores sociales piensen su acción como un hecho mediático con impacto político (nótese la relevancia de las redes sociales), antes que a la inversa, en hora buena como algo positivo. De esta manera, el kirchnerismo fue transformando su función representacional para convertirse en un espacio de presentación de los sucesos para asumir de lleno un rol donde se asumiera un liderazgo como “la actividad que entraña la forma de gobernar de un presidente, la cual significa la existencia de lazos que el Jefe de Estado efectúa con los actores políticos, con los otros poderes estatales y con la sociedad en su conjunto” (Ollier, 2010; 5).

Entonces, el liderazgo presidencial de Alberto Fernández, en el contexto de una nueva transición, débil y supeditada a un contexto económico tambaleante e incierto, tiene un impacto sobre los mismos esfuerzos que lo colocaron como presidente, más allá de la voluntad popular que es legítima. Existen nexos, ya puestos en marcha mucho antes de la campaña electoral, que a través de diversos mecanismos encierran, entre sus objetivos centrales –y no desconociendo que la tarea por asumir es enorme– que el nuevo presidente genere resultados favorables para la sociedad en su conjunto.

 

El liderazgo de la concertación

El liderazgo de Alberto Fernández es el liderazgo de la concertación, de una concertación que distingue al líder del gobierno y del liderazgo. Es decir, si el líder es definido como el individuo particular “investido por un poder decisional” (Massi, 2014), al liderazgo deberíamos interpretarlo como la resultante de la acción decisional efectuada por aquel individuo. Por lo tanto, si un líder es un actor, que en este caso está obligado a concertar con los clásicos actores corporativos de la vida política, el liderazgo será una relación que se active para resolver determinados problemas o para promover un resultado –producto del deseo de las decisiones– que se desarrolle en un contexto y un tiempo determinado.

Alberto Fernández tiene a su disposición no solo deudas y expectativas frustradas y herencias acumuladas, sino tambien los recursos objetivos que le despliega el marco político –del cual se nutre el Frente de Todos–, donde no debemos desconocer que se expresan, significativa e internamente, algunos ruidos, y los recursos subjetivos que se van a definir a partir del uso que el presidente electo haga de los recursos objetivos y de su capacidad para generar otros nuevos. Los recursos de este liderazgo son particulares, otros son variables, otros directamente ya no existen, pero los recursos de un presidente, en tanto se desenvuelve en un contexto socioeconómico, se encuentran impactados positiva o negativamente por el carácter consensual o de concertación que tenga en cuenta a los factores externos de la dinámica política.

 

Bibliografía

  • Ollier, María Matilde. “El liderazgo presidencial: síntoma de un patrón democrático sudamericano El caso argentino, 2003-2007”. Escuela de Política y Gobierno UNSAM-Argentina Paper presentado a XXIX Congreso Internacional de Latin American Studies Association (LASA) Toronto, Canadá. 5-9 Noviembre 2010
  • Massi, Alberto Andrés. “Los tiempos de Alfonsín: la construcción de un liderazgo democrático”. Ed. Capital intelectual. 2014

 

Autor

Cristian Da Silva.

 

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