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Estados Unidos – Cuba: El “Detrás de Escena” de la nueva política exterior norteamericana hacia Cuba

A medio año de que Donald Trump haya asumido la presidencia de Estados Unidos, el mundo  está siendo testigo de un giro en su política exterior hacia Cuba, rompiendo con significativos avances realizados durante la Administración Obama. ¿Cómo puede explicarse semejante decisión política después de que el rumbo asumido por la anterior Administración haya contado con el apoyo mayoritario de la sociedad norteamericana? En el presente artículo intentaremos resolver esta incógnita a partir de un análisis liberal de política exterior.  

 

“Un paso adelante, dos atrás”

El 17 de Diciembre de 2014, con un contundente y amplio apoyo de la sociedad y clase política norteamericana, como también de la sociedad cubana y la Comunidad Internacional, se restituía el diálogo entre Cuba y Estados Unidos después de más de medio siglo de interrupción. El inesperado acercamiento no sólo auguraba el inicio de una era de “deshielo” en las relaciones entre ambos países sino la posibilidad (según los más optimistas) de que dicho proceso condujese a la culminación del histórico embargo económico.

Sin embargo, la inesperada llegada de Donald Trump a la Casa Blanca redujo las expectativas creadas. Ello quedó confirmado cuando el 16 de Junio del presente año, Donald Trump profundizaba el bloqueo mediante la firma de una orden ejecutiva en la que se exponían los principales lineamientos de la nueva política exterior hacia Cuba.

Un enfoque para el análisis de la política exterior

Con el fin de entender el giro en la política exterior de Estados Unidos hacia Cuba, recurriremos al enfoque liberal de política exterior, particularmente a su variante “racionalista actor-céntrica”. Pero antes, definámosla:

«El enfoque liberal de política exterior explica el comportamiento estatal en el terreno internacional a partir de la influencia de actores/estructuras domésticas que determinan sus identidades e intereses en este ámbito. Se trata de una aproximación «dentro-fuera» en la que los factores domésticos se constituyen en la principal variable explicativa del accionar externo de los Estados.» (Risse y Panke, 2006)

En cuanto a la formación de los intereses del Estado, esta variante señala:

«La importancia de un enfoque «abajo-arriba» para analizar cómo los intereses de política exterior de los actores estatales son configurados por los grupos domésticos. No existe una distinción entre la política doméstica y la política exterior: los actores domésticos se organizan para influir y configurar los intereses estatales recurriendo a diversos canales de acceso y estrategias de lobby, que les permitan capturar al Estado como agente de sus intereses particulares. Por lo tanto, según esta teoría, los tomadores de decisión se ven obligados a responder a demandas societales, muchas veces procurando evitar sanciones electorales, lo que explica una mejor adaptación de la teoría al análisis de Estados democráticos.» (Risse y Panke, 2006)

Y en lo que respecta a su comportamiento en el plano internacional, postula:

«Los negociadores del Estado enfrentan limitaciones externas al actuar en el terreno internacional, ya que los demás Estados, con lo que se ven relacionados, persiguen intereses diferentes que influyen en sus cálculos racionales estratégicos, derivando muchas veces en una adaptación del Estado a esas diferencias (Risse y Panke, 2006).

En este sentido, Putnam (1988) habla de un «velo de incertidumbre» que afecta las negociaciones internacionales, tanto en lo que refiere a aquello que los decisores de un Estado saben sobre el margen de maniobra que tienen los negociadores de los otros Estados, como al grado de congruencia entre los intereses de los actores domésticos y los actores estatales con los que debe negociar.»

Veamos a continuación por qué podríamos estar ante un caso que se ajusta adecuadamente a lo que esta teoría plantea.

Los intereses detrás de la polémica decisión política

Si estamos atentos a las señales que nos ofrece la realidad política, no es difícil sostener la postura de que la nueva política exterior hacia Cuba está influenciada y planificada por  el lobby cubanoamericano delEstado de Florida, específicamente el sector más recalcitrante y visceral contra el régimen castrista.Principalmente, nos estamos refiriendo al senador por Florida, Marco Rubio y al representante por Miami, Mario Díaz-Balart, quienes han sacado provecho de su cercanía a la Casa Blanca, su capital político y sus influyentes puestos en el Congreso (Gómez, 2017).

Señales de la injerencia cubana-americana

Para introducirnos: si prestamos atención al discurso pronunciado por el mandatario estadounidense (cargado de una fuerte retórica anticastrista), el lugar escogido (el teatro “Manuel Artime” en Miami) y la audiencia presente en el recinto (exiliados cubanos con un profundo odio hacia la “Revolución”), se hace más fácil entender quién está detrás de la polémica decisión tomada por Donald Trump y a quien busca complacer.

En segundo lugar, es llamativo el hecho de que las medidas adoptadas (entre las principales, la limitación del turismo y del comercio con la Isla) no benefician, sino que perjudican, los intereses de amplios sectores del pueblo norteamericano y cubano que dependen de estas actividades. Además, no deja de sorprender que sólo los exiliados cubanoamericanos podrán viajar a la isla sin limitaciones, no así el resto de los ciudadanos norteamericanos.  Por lo tanto, esto contradice su política de “America First” y la supuesta “preocupación” por el pueblo cubano (Redacción Cuba Debate, 2017), sacrificando sus intereses por los intereses políticos de una minoría extremista local (Foto: Jeff Swensen/Getty)

Ello coincide con lo que marcan las últimas encuestas: más del 60% de los ciudadanos norteamericanos y de la comunidad cubanoamericana en ese país aprueban la apertura llevada a cabo por la Administración Obama en relación a Cuba. En este último país, el porcentaje es mayor: más del 90% de su población (López-Levy, 2017).

Por último, un tercer indicio viene dado por la “familiaridad” de la propuesta. En junio del 2015, Marco Rubio ya había presentado un proyecto de ley en el Senado para prohibir cualquier transacción con empresas del sector militar cubano. Algo similar había hecho Mario Diaz-Balart (Gómez, 2017). Después de fracasar ambas iniciativas en el Congreso, se nos hace fácil comprender por qué su espíritu está contenido en la nueva política exterior republicana.

La deuda política del Presidente Trump y el futuro de su gobierno

¿Qué es lo que forzó al Presidente Trump a responder a estos intereses particulares por sobre los del resto? El nuevo rumbo escogido busca pagar una deuda política con los cubanoamericanos conservadores por su apoyo en la campaña para las elecciones de 2016,  lo que no sólo le permitió ganar en el Estado de Florida, sino fundamentalmente, la presidencia. No hay que soslayar tampoco la necesidad de buscar aliados políticos frente a las dificultades políticas internas que enfrenta.

Pero también pensemos a futuro. No es descabellado pensar que el magnate ya pueda estar pensando en las elecciones de 2020 y en un nuevo acuerdo político con el lobby cubanoamericano del Estado de Florida, que le brinde los votos electorales nunca desdeñables. Por lo tanto, no sólo estamos frente a un ejemplo de política exterior íntimamente ligada a un factor doméstico como lo es el cumplimiento de una “promesa electoral”, sino también a la necesidad de evitar una posible “sanción electoral” en el futuro.

El costo político del “velo de incertidumbre”

Finalmente, para concluir, veamos cómo el “velo de incertidumbre” planteado por Putnam (1988) afecta políticamente al gobierno republicano ante la reciente decisión política.

Detengámonos a analizar una de sus medidas: la limitación del flujo monetario a las Fuerzas Armadas cubanas a partir de la prohibición a negociar con sus empresas. Ello, más que socavar su poder para la sucesión de Raúl Castro en 2018 (lo que es el objetivo final de la medida), generó el efecto contrario: fortaleció a los sectores más radicales por sobre los sectores moderados que apostaban a la apertura; facilitó la propagación de un discurso nacionalista y antiimperialista; propició la unidad de todo el arco político cubano bajo su hegemonía  y coadyuvó a incrementar el respaldo político con el que cuentan, con el fin de resistir la embestida norteamericana (Foto: Reuters/Alexandre Meneghini).

En síntesis, como quedó demostrado a lo largo del artículo, el diseño y ejecución de la política exterior de un Estado puede estar respondiendo a intereses particulares de sectores que ejercen una presión constante sobre sus responsables. En nuestro ejemplo, el cambio de política hacia Cuba demostró estar regido por factores de la política doméstica más que por intereses de política exterior.

Bibliografía

Autor

Juan Manuel Severo Frers: Licenciado en Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas (Universidad Empresarial Siglo XXI). Especial interés en las regiones de America Latina y Medio Oriente; y en temas de Geopolítica, Seguridad Internacional y Análisis del Discurso.

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