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Gas Natural: hacia un nuevo paradigma de consumo

El gas natural, como sabemos, ha sido indispensable en los hogares argentinos durante décadas, pero no sólo como principal combustible en las labores culinarias, sino también en los artefactos de calefacción doméstica y, más recientemente, vehículos de transporte civil. Se cuenta en los miles de millones de metros cúbicos el gas que utilizamos al año para abastecer el sector residencial, como también el industrial.

 
Como se ha indicado, una buena parte de la matriz energética argentina depende del gas (según cifras registradas para el año 2015 por el Instituto Argentino del Petróleo y del Gas); el mismo es producido localmente, pero dado los costos de producción y la escasez de inversión en infraestructura, en la última década se ha producido un cuello de botella y una escasez de oferta que, con una demanda creciente, sólo ha sido posible cerrar dicha brecha mediante la importación de gas extranjero. Esto no sólo implica una carga importante para los consumidores -dado que el gas tenderá al alza al tratarse de un bien importado- sino que representa una fuga de divisas, tratándose de un bien cuyo intercambio se realiza principalmente en dólares.

Ahora bien, este cuello de botella provocado por la caída de la producción de gas y el aumento del consumo fue algo que se supo con antelación, de hecho si se observan los datos provistos por el Instituto Argentino del Petróleo y el Gas durante el periodo que va del 2006 al 2016 (amén de la ligera mejora en los volúmenes de producción en el último año) puede evidenciarse esta tendencia.

Consumo Final de Energía (2015): Elaboración propia en base a los datos provistos por el Centro de Información Energética del Ministerio de Energía y Minería (2015)

Normalmente la solución ortodoxa a un problema de esta índole sería la inversión en la exploración y explotación de nuevos yacimientos (los cuales implican inversiones a largo plazo con costos hundidos), o la aplicación de medidas políticas fiscales tendientes a castigar el consumo, para reducir el mismo; inclusive medidas de racionamiento del gas (con la impopularidad que implica ambas opciones).

Pero existe tal vez otro tipo de políticas públicas alternativas que hacen hincapié en la racionalización del consumo, tendiendo a la eficiencia a través del uso de tecnologías que son de fácil adquisición y que de hecho producimos localmente.

En su Noticiero Semanal Nº 348, del 27 de mayo de 2013, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial había pronosticado que el reemplazo de calefones domésticos a piloto, por otros cuyo encendido se realiza mediante un dispositivo electrónico, permitiría (si se llevase a cabo a nivel nacional) ahorrar unos 3.5 millones de metros cúbicos al día. Si tenemos en cuenta que en el año anterior (2012) se importaron unos 5.8 millones de metros cúbicos al día, esto hubiese permitido al país reducir sus importaciones de gas en un 60%, aliviando la presión sobre la balanza comercial.

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Si bien los calefones con válvula piloto consumen gas las 24 horas, el estudio demostró que los usuarios destinan en promedio solamente 26 minutos al día para calentar agua.

– INTI (2016)
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Pero avancemos un poco más en el tiempo, al Noticiero Semanal Nº 514, del 5 de septiembre de 2016. En ese informe el INTI pronosticó que el 90% de los fabricantes de los calefones tenía proyecciones de discontinuar la producción de los calefones menos eficientes.

Con esta información podríamos sugerir una alternativa fácilmente ejecutable en el corto a mediano plazo: la implementación de una política pública que permita el reemplazo del 100% de los artefactos domésticos que posean una válvula piloto. Esto podría alcanzarse inclusive de manera progresiva, subvencionando de manera directa a hogares cuyo poder adquisitivo esté por debajo de un techo pre-establecido, líneas de crédito para aquellas que superen el mismo y de manera compulsoria para todos aquellos hogares que superen holgadamente dicho techo.

Esto no solamente permitiría aliviar el cuello de botella (reduciendo el consumo), sino que también crearía nuevos puestos de trabajo en el sector privado, como también crear un fuerte incentivo para el desarrollo y aplicación de tecnologías más eficientes del gas. El aumento del gasto público podría ser fácilmente compensado por la disminución de la importación de gas extranjero para consumo.

Cuando de políticas públicas se trata, muchas veces, nuestra clase política carece de la cintura política necesaria para llevar adelante proyectos que se salgan de los esquemas de la ortodoxia -nacional-, ya sea por miedo al fracaso (y la pérdida de influencia que ello conlleva) o simplemente por la usual deficiencia de instrucción de los mismos. Resulta recomendable, pues, realizar el ejercicio de “tacklear” un problema por todas sus aristas. Todo problema, por simple que parezca, es intrínsecamente polifacético.

Bibliografía:

  • Codesiera, L.; Gil, S.; Givogri, P, 2015. “El Gas Natural en Argentina. Propuestas. Periodo 2016-2025”. Cámara Argentina de la Construcción. Disponible aquí
  • INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial), 2013. “Noticiero Tecnológico Semanal Nº348”. Disponible aquí
  • INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial), 2016. “Noticiero Tecnológico Semanal Nº514”. Disponible aquí
  • Ministerio de Energía y Minería, 2015. “Balance Energético Nacional – Revisión 2”. Disponible aquí
26 de abril de 2017

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