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Geopolítica Sudamericana: la integración regional

Los proyectos integracionistas surgidos en Iberoamérica a lo largo de su historia han sido muchos. Lamentablemente, la mayoría quedaron truncos por infinitas razones o no dieron los resultados deseados. Algunas consideraciones geopolíticas regionales importantes permitirían vertebrar mejor un espacio político-económico-cultural común.

Integración histórica: Del pacto ABC al ALBA

Haciendo una breve reseña de los procesos de integración regional, vemos que allá por la década del 50 el estadista argentino Juan D. Perón reflotó el famoso pacto ABC (Argentina-Brasil-Chile),  que había sido iniciado a principios de siglo por el barón de Río Branco. Pero la alianza no llegó a buen puerto fundamentalmente debido a las presiones internas sufridas por el presidente brasileño Getúlio Vargas.  

Entre 1960 y 1980 existió ALALC (Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, luego devenida en ALADI, Asociación Latinoamericana de Integración), que fue la primera propuesta de integración económica latinoamericana para el desarrollo de las naciones de carácter gradual y asociativo que aglutinaba además de los diez países suramericanos hispano-lusitanos, a México. Esta alianza no dio frutos debido a la escasa voluntad integracionista de los países en aquella ocasión.

En 1969 se creó, Acuerdo de Cartagena mediante, el Pacto  Andino (hoy devenido en CAN, Comunidad Andina de Naciones), que incluía a  Colombia, Ecuador, Perú y Chile. Dicho proceso, a lo largo de casi tres décadas, atravesó por distintas etapas. De una concepción básicamente cerrada de integración hacia adentro se reorientó hacia un esquema de regionalismo abierto.

Pero igualmente este pacto nunca dio demasiados frutos debido, en parte, a los sucesivos alejamientos de sus miembros pues Venezuela se vinculó al grupo en 1973 pero se alejó del mismo en 2006 y Chile fue miembro pleno hasta 1976 y luego en 2006 pasó a  ser país asociado.

Entre siglos

Después vendría el Mercosur (Mercado Común del Sur), creado en 1991 mediante la firma del Tratado de Asunción aglutinando así a Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. En el mismo se establecían la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre los países, la fijación de un arancel externo común, la adopción de una política comercial común, y la coordinación de políticas macroeconómicas y sectoriales entre los estados partes.  

Pero desafortunadamente las desavenencias nunca resueltas hasta hoy, en especial las asimetrías económicas de sus integrantes y la política arancelaria, han hecho que este proceso  no haya avanzado como se esperaba. Finalmente aparecería en 2004 el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), como contrapartida del ALCA, de la mano del presidente venezolano Hugo Chávez Frías y del cubano Fidel Castro Ruz, que reúne hasta el momento a nueve países: Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda,  Nicaragua y Honduras.

Aquella es una alianza política estratégica sustentada en los principios de solidaridad, cooperación genuina y complementariedad entre los países miembros en orden de compensar las asimetrías existentes entre ellos y luchar contra la pobreza y la exclusión social, además de velar por los derechos humanos y la defensa por el ambiente. Si bien esta alternativa tiene basamentos justos y nobles,  lamentablemente  no logró unir a tantas naciones como hubiera sido deseable, y las que unió tienen más debilidades comunes que fortalezas. Otro proyecto más inconcluso.

La integración actual

En diciembre de 2004 a través de la Declaración de Cuzco, nace la CSN (Comunidad Suramericana de Naciones). Los países firmantes de ese documento fueron: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela.

Esa declaración comprendía tres ámbitos: la conformación de dicha comunidad, la acción de la misma y el desarrollo de un espacio suramericano integrado. En  2007 se realiza en Isla  Margarita  la Cumbre Energética de los países de América del Sur. En este marco se decidió adoptar el nombre de UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas), para el proceso sudamericano de integración caracterizado por ser un espacio de cooperación intergubernamental, flexible y voluntario, basado en el método del consenso para lograr acuerdos.

La cooperación política, social y cultural con temas como la democracia seguridad regional, lucha contra las drogas y la corrupción aún deja bastante que desear, etc. Quedan fuera del análisis CELAC y la Alianza del Pacífico por ser grupos de reciente creación, por lo tanto aún no consolidados.

Una integración geopolítica a futuro

Hay una vieja idea de conformar una alianza subcontinental fluvial. Esta opción  trata de reflotar el olvidado proyecto de la década del 40 conocido como el gran canal suramericano, el cual interconectaría las tres cuencas más importantes de Suramérica: Orinoco, Amazonas y Río de la Plata. Aproximadamente  8000 km de rutas fluviales  que establecería un sólido eje norte-sur, Venezuela-Brasil-Argentina, lográndose así una importantísima vía de comunicación que permitiría un gran desarrollo regional.

De hecho, la causa principal por la que los países caribeños han sido siempre un satélite norteamericano es justamente la imposibilidad de transitar esa enorme frontera física constituida por la selva amazónica. Ese vacío comunicacional entre el sur y el norte meridionales, condenó a Mesoamérica a girar en torno a otro vértice ordenador. Por ello, el futuro eje de cooperación entre América del Sur, el Caribe y América Central es un canal físico de interconexión que permita unir los extremos de un vasto espacio subcontinental, marítimo e insular.

Casos particulares

En todas las alternativas de integración analizadas con anterioridad surge, naturalmente, la pregunta sobre el papel a desempeñar por México, país que no puede obviarse a la hora de las ligas regionales ya que su peso económico y cultural es muy significativo. Y en el caso de Colombia, no son menos preocupantes los lazos políticos que tiene con el país del norte lo cual le impondría un rol poco feliz para la alianza.

Además en ambos países los cárteles de los narcotraficantes es un dato mayor a tener presente. Y desde ya que habrá que salvar viejos inconvenientes acarreados en la mayoría de los acuerdos regionales hasta ahora concebidos: generar claros y decisorios espacios de debate que vayan más allá de las meras declamaciones y plasmen las ideas en tiempo y forma, ampliar la cobertura de Telesur ya que no en todos los países puede verse esa señal televisiva,  incluir en el consenso intrabloque a todos los sectores (campesinos, aborígenes, sindicalistas) los cuales hasta ahora han tenido escasa representación, gestionar políticas claras de información a la ciudadanía y mecanismos de transparencia de todas las actividades del bloque (no como hasta ahora que la única documentación pública son las actas ya que el resto goza de una hermética cláusula de confidencialidad).

Objetivos a futuro

Gestionar la creación de una moneda común que otorgue solidez a las economías regionales respecto al dólar y al euro, promover el intercambio pluricultural a todos los niveles reivindicando el Convenio Andrés Bello, agilizar la homologación de títulos universitarios para que los profesionales puedan trabajar sin los obstáculos burocráticos que aquello ocasiona, eliminar el requisito del pasaporte para circular entre los países que no son limítrofes, consensuar y coordinar políticas energéticas conjuntas que permitan el abastecimiento mutuo tanto en electricidad cuanto en hidrocarburos.

Lograr que la integración  no sea en pié de igualdad sino proporcional  ya que la igualdad en este caso es la primer fuente de injusticia, adoptar serios compromisos multilaterales en materia de medio ambiente , aunar criterios en cuestiones de defensa expidiéndose taxativamente sobre la injerencia militar de países ajenos a la región y propiciar la formación de una fuerza marítima común para el control del mar territorial y el extenso litoral atlántico.

Extender los alcances de los Convenios Simón Rodríguez y Celestino Mutis, definir claros lineamientos inherentes a la lucha contra el narcotráfico, crear más rutas aéreas directas intercapitales, tratar unificadamente la deuda externa y mucho más.

La disyuntiva es: o nos unimos aprovechando todos nuestros aspectos comunes, que no son pocos, en aras de romper las cadenas coloniales para avanzar libremente hacia nuestra autodeterminación,  o de lo contrario seremos meras provincias del imperio de turno, divididas por la Línea de Tordesillas y a la espera de alguna limosna.

Bibiliografía:

Autor:

Hugo N. Lilli. Politólogo y Escritor

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