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Las tres falacias sobre la cuestión Mapuche

Los últimos acontecimientos suscitados en la Provincia de Chubut que culminaron con unarepresión por parte de Gendarmería Nacional a las organizaciones Mapuches que reclaman por su territorio ancestral y la posterior desaparición forzada de Santiago Maldonado, obliga a un abordaje integral de la cuestión mapuche a fin de saldar una discusión que tiene más de cien años.

A raíz de los últimos acontecimientos de represión por parte de Gendarmería Nacional a miembros pertenecientes y adherentes a distintas comunidades Mapuches en la Provincia de Chubut, que trajo como consecuencia la desaparición de Santiago Maldonado; es necesario abordar nuevamente el debate respecto de la cuestión Mapuche, dejando en claro algunas consideraciones que vienen a echar por tierra el discurso liberal-nacionalista instalado desde hace más de cien años en nuestro país.

Para ello, vamos a afrontar la problemática a partir de tres premisas instaladas en los discursos oficiales y que son ampliamente reproducidas a lo largo de la historia, creando una “verdad” funcional a las intenciones originarias de colonización interna en nuestro país, siguiendo una línea argumental y académica conuna única intención: desacreditar la “pre-existencia” del pueblo Mapuche.

Invisibilización: Nunca existió la etnia Mapuche

En el año 2009, Rolando Hanglin, escribe una columna de opinión para el diario La Nación, titulada “La Cuestión Mapuche”, en donde afirma la inexistencia de una etnia llamada de ese modo, basándose para ello, en reportes que datan desde la colonización española (Crónicas de Indias), informes de geógrafos militares o en algunas correspondencias de la época. En las mismas, se nombran a comunidades Pampas, Ranqueles, Vorogas, Tehuelches, Pehuenches o Puelches entre otros, pero nunca a una etnia llamada mapuche en territorio argentino.

Como primera consideración, y de acuerdo a lo que sostienen varios autores como Nacuzzi (1998) o Mandrini (2007), estos documentos omiten una buena cantidad de investigaciones antropológicas e históricas que problematizaron acerca de las categorías o rótulos mediante los cuales se identificaron a grupos indígenas. Según afirman estos autores, los nombres mencionados responden a documentos escritos por misioneros, funcionarios coloniales y viajeros que luego fueron tomados de forma acrítica por los primeros etnógrafos (Trentini  et al, 2010).

Al ser estas denominaciones tomadas por los documentos oficiales, se terminan convirtiendo en “verdades”, que no dejan de ser construcciones sociales sin una adecuada contextualización histórica, escritas, la mayoría de las veces, por las clases dominantes según sus prejuicios e ideologías. Vale aclarar que estas denominaciones, no siempre coinciden con la que los propios grupos se han dado a sí mismos.

Vemos así que, por ejemplo, la denominación Araucano, es un exónimo efectuado por otros, mientras que la categoría Mapuche se corresponde con una identidad que engloba diferentes parcialidades (territoriales, dialectales, etc), implicando así, una auto-identificación. De hecho, existen en la actualidad una multiplicidad de agrupaciones de carácter “mixto” (Tehuelche-Mapuche), lo que nos lleva a un segundo momento de invisibilización.

Normalmente se muestra la “invasión” mapuche en detrimento de la existencia del Tehuelche “argentino”. Esto se trata de una clara intencionalidad de estigmatización e invisibilización como etnia pre-existente; donde los Tehuelches se muestran como “verdaderos sujetos de derecho” por ser “nacionales”; categoría esta que nominal en tanto que también se los considera extintos por el supuesto accionar Mapuche, cuando en realidad no lo están.

Extranjerización: Los Mapuches son invasores de Chile

Siguiendo el razonamiento anterior, la falacia más difundida respecto de la etnia Mapuche tiene que ver con su supuesta invasión desde Chile y la posterior aniquilación de Tehuelches y otros pueblos que habitaban la Patagonia. Una rápida reflexión sobre esta premisa deja en claro que se intenta poner en tensión los conceptos mismos del Estado-Nación y su necesidad de establecer “límites jurídicos”, y para ello, la “extranjerización” Mapuche funcionó como una efectiva ingeniería ideológica del nacionalismo argentino para subordinar la problemática étnica a la cuestión nacional.

Ante esto, sólo bastan algunas lecturas especializadas (Berón y Radovich, 2007) para darse cuenta que la Cordillera de los Andes no fue una barrera infranqueable para los pueblos pre-existentes, sino que hay amplios registros (gracias a estudios arqueológicos) que demuestran una presencia más temprana de contactos continuos entre ambos lados de los Andes, incluso algunos datan de mediados del Siglo XIII y dan cuenta de la existencia de cerámicas de origen araucano en La Pampa, Neuquén o Sur de Mendoza y artesanías de cobre de origen de origen Pampa/Tehuelche en múltiples lugares de la región de Temuco (Chile).

La Cordillera, como espacio de articulación social, comienza a ser un límite rígido a partir de la conformación del Estado-Nación, aunque en un principio, sólo tenía un funcionamiento formal ya que se registró siempre una gran y libre movilidad transcordillerana que llega hasta incluso principios de la década de 1940.

La concepción “ahistórica” de la cuestión fronteriza con la consiguiente “araucanización” mapuche, trajo consigo la supuesta rigidez a la nacionalidad de las distintas poblaciones de un lado y del otro de la cordillera. Sin embargo, esto da pie a concepto asociado con la extranjerización, invisibilización y araucanización de las poblaciones Mapuches: el de “Desierto”.

Autores pilares de la concepción liberal-nacionalista, como por ejemplo Estanislao Zeballos (La conquista de quince mil leguas – 1878), adoptaron el concepto de desierto, transformándolo en un pilar ideológico fundamental para legitimar la conquista. Como los indígenas que poblaban la Patagonia eran ahora extranjeros (supuestamente habían exterminado a los Tehuelches), entonces el territorio local se encontraba “despoblado”.

Como lo expone Diana Lenton (1998), una pampa visualizada como desierto, era el marco adecuado para la presentación de las campañas genocidas como una “guerra contra los invasores extranjeros a los que no se les reconoce legitimidad de ocupación ni lazos naturales con la tierra ambicionada”. Así, laconstrucción simbólica de la categoría del indígena, era inseparable del lugar que se le asigna en el proceso de construcción de la nación, en este caso, esta categoría quedaba excluida de la configuración discursiva del colectivo de identificación nacional.

Criminalización: Los Mapuches son terroristas secesionistas

Finalmente, el argumento más absurdo esgrimido por el discurso liberal-nacionalista, y que vuelve a estar en boga por estos días, es el que acusa a las organizaciones Mapuches de terroristas-secesionistas. Si bien absurdo, el discurso no es inocente ya que el objetivo principal es la estigmatización y criminalización de los reclamos de los miembros de estas comunidades.

Estas aseveraciones sirven también, para desdibujar la lucha por el territorio ancestral, negando los derechos consagrados a partir de la reforma de la Constitución en 1994 y permitiendo la venta de tierras a extranjeros como Benetton y Lewis entre muchos otros.

El “terrorismo” mapuche, es sostenido desde los medios de comunicación y también desde la clase política, tal como el caso de Carlos Sapag, hermano del entonces Gobernador de Neuquén, quien sin ninguna prueba para presentar, declaró la supuesta conexión de las organizaciones aborígenes con miembros de FARC y ETA (Bilardo, 2009). En idéntico sentido, la actual Ministra de Seguridad de la Nación, expresó en el Congreso, las sospechas de contactos entre la organización “Resistencia Ancestral Mapuche” (RAM) con extremistas Kurdos. Todo ello apoyado por una buena porción de los medios de comunicación que emiten notas y editoriales adjudicando un carácter violento y secesionista a estas organizaciones, mostrando herramientas de trabajo como eventuales armas de ataque.

Estos discursos que asimilan a los mapuches con terroristas, tiene asidero también en organizaciones como la Sociedad Rural de Neuquén, quienes en un informe de hace unos años manifestaron que hay alrededor de 70 campos “apropiados” por indígenas, volviendo a la carga por estos días donde en un texto difundido por los medios de comunicación, emparentan a las organizaciones reclamantes con grupos criminales que atentan contra el “desarrollo y progreso” de la región.

Como ya lo había expresado Svampa (2007), existe una estrecha relación entre las economías de enclave y el deterioro de los derechos civiles, y como consecuencia del modelo agro-exportador, la territorialización de los conflictos ha derivado en el desplazamiento de innumerables comunidades originarias, no solo Mapuche-Tehuelches, sino a lo largo y ancho del territorio nacional, con especial gravedad en las regiones del Norte y Noreste.

A modo de conclusión

La atribución de los mapuches como “chilenos” o “argentinos”, referida a tiempos anteriores a la conformación de las fronteras, es una estigmatización que es inseparable de la dinámica de conformación de los estados y de las relaciones con sus “otros” internos.

El proceso de colonización interna creó un nuevo enemigo que hoy reflota en la opinión pública, tal como hace más de cien años donde la atribución de extranjería a los mapuches desde el sentido común ha sido acompañada y legitimada por el discurso académico sobre la “araucanización de la pampa”. Se responde así a los reclamos concretos de los mapuches con alarmas difusas sobre propósitos subyacentes de formación de un estado dentro de otro estado o de anexión del territorio indígena a la República de Chile, país que aplicó la Ley Antiterrorista a sus propias organizaciones aborígenes.

 

Bibliografía consultada:

TRENTINI, F y otros, 2010. “Los nostálgicos del Desierto”. La cuestión Mapuche en Argentina y el Estigma de los Medios. Revista Cultura y Representaciones Sociales, Año 4, Nro. 8. Marzo 2010.

LENTON, D.,  1998. Los Araucanos en Argentina. Un caso de interdiscursividad nacionalista. III Congreso Chileno de Antropología, Temuco, Noviembre de 1998.

MANDRINI, R., 2007. “La historiografía argentina, los pueblos originarios y la incomodidad de los historiadores”. Quinto Sol, Santa Rosa, Núm. 11.

NACUZZI, L., 1998. Identidades Impuestas. Tehuelches, aucas y pampas en el norte de Patagonia. Buenos Aires: Sociedad Argentina de Antropología

RADOVICH, J. y  BALAZOTE, A., 2009. “El pueblo mapuche contra la discriminación y el etnocidio”. En: Ghioldi, Gerardo (Comp.). Historia de las familias mapuche Lof Paichil Antriao y Lof Quintriqueo de la margen Norte del lago Nahuel Huapi. Archivos del Sur – Villa La Angostura

SVAMPA, M., 2007. “Movimientos sociales y escenario político: las nuevas inflexiones del paradigma neoliberal en América Latina”. Observatorio Social de América Latina, CLACSO. Julio.

 

Autor

Fernando Ortiz Sosa: Cursando la Licenciatura en Ciencia Política (UNVM). Se desempeña en la Jefatura de Área de Despacho del Ministerio de Salud de la Provincia de Córdoba.

2 respuestas en "Las tres falacias sobre la cuestión Mapuche"

  1. Evidentemente, el perfil ideológico de lo llamado «las tees falacias», demuestra una vez más, el relativismo del pensamiento posmoderno enquistado en las ciencias sociales y políticas.
    El término «mapuche», NO APARECE en ningún texto previo a las disputas de soberanía entre Argentina y Chile, y fue incorporada por un diputado chileno en los debates de fines del siglo XIX, para dar otro argumento a la cancillería chilena (el de «unidad étnica, obviamente inexistente) a fin de reforzar el reclamo sobre la patagonia oriental.
    En realidad en la primera expadición organizada desde Perú al actual Chile, los originarios se llamaban ‘che’ o ‘reche’; JAMÁS mapuche.

    Respecto de que la cordillera no operaba como una «división» entre distintas etnias, por el «argumento?¿» de la existencia de restos arqueológicos de éste o aquel lado de la cordillera, es absolutamente absurdo a los fines de deducir una «preexistencia de ocupación territorial permanente».
    Con ese endeble razonamiento transitivo, basta con que encontrar tumbas y restos de PUEBLOS ENTEROS de nórdicos en Inglaterra o en Escocia le atribuya el caracter de «originarios con derechos preexistentes?
    Científicamente ridículo, obviamente últimamente las ciencias sociales disparan los tiros, y luego «pintan el blanco» para que sus ‘deducciones’ coincidan con sus conclusiones ideológicas.
    En las Cronicas del Reyno de Chile (escrito aprox. en 1641! el Franciscano Rosales es enviado desde Chile a través de la cordillera para hacer las primeras incursiones en la zona del actual Nahuel Huapi. Es claro al decir que salieron a su cruce otros indios (distintos a lis de Chile) que ni diquiera hablabsn su idioma. El Cacique de este grupo (Malopara) era el único de los aprox. 200 que podía comunicarse con el «indio chileno»; y le traducía a los suyos. Eran notablemente más altos, se vestían distinto que los ‘indios chilenos’, con su cuerpo pintado con líneas blancas y amarillas, sólo tapados con pieles y un lazo; y adornados con plumas…
    Del mismo modo, el Pbro. Cabrera, en una serie de trabajos presentados entre 1929 y 1930; copia las Actuaciones realizadas en 1650 por un malón realizado; donde de los 70 indios prisionetos, «sólo dos hablaban el idioma de chile; y tuvimos que mandar a buscar un traductor a Santiago» [documentos que si no me falla la memoria están en los Archivos de la Biblioteca de la Justicia de Córdoba].

    Hablar de nación «mapuche», como una sola etnia que ocupaba «nadie sabe cuanto» territorio, es una construcción tan falaz como referirse a los yugoslavos como una sola nación y etnia. Así terminaron, Croatas, Bosnios, Montenegtinos, Eslovenos, etc. Pero para los «totalitarios soviéticos» eran todos lo mismo.

    Jamás fueron una nación, sino un grupo de diferentes etnias donde algunas habitaban en el lado oeste de la cordillera.
    A la vez, estas se diferenciaban por regiones, algunos vivían en el espacio entre las 2 cordilleras chilenas (una hace de límite con Argentina, la otra más baja corre por el sector central del territorio chileno, en el medio el valle pehuenia)
    La zona de «mapocho» la describen cercana al actual Santiago, el sur del río Bio Bio, etc.
    Y del lado Este de la cordillera, del mismo modo.
    En el mismo Nahuel Huapi, no había un sólo grupo étnico, entre la margen sur y la margen norte se diferenciaban poyas y puelches etnias que NUNCA hablaron mapudungún hasta que se araucanizaron las pampas, y que hablaban los dialectos ‘het’ y sus variantes pero NO mapudungún.

    Supongo que hay que leer muchos libros más, sobre todo desde la historia chilena, para que se pueda tener una noción más real de esa araucanización (tal vez autores como Villalobos, etc.)

    Lamento que un estudiante cordobés, cuyos originarios (ranqueles o ranquelches) fueron masacrados por Calfucurá y el resto de sus amigos trasandinos (aucaes, voroganos, etc.) no se preocupe un poco más por estudiar la «historia» de su pais, cuyos límites fueron definidos luego de la Real Cédula de 1753, cuando el mapudungún (o los que desde 1961 se autodenominaron pir convensión «mapuches») sólo venían de vacaciones o a cambuar tejidos por pieles o ganado cimarrón.

  2. Qué se siente decir que lo de la gendarmería fue una «desaparición forzada» cuando nunca existió una sola prueba de ello? Por lo menos creo que escribiste este artículo antes de que el mapuche con binoculares diera falso testimonio, por ende no te comiste ese relato sino sólo el relato K.
    PD: La represión legal fue contra los delincuentes que cortaban la ruta. Sí, es un delito.

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