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Perspectiva de género: Un enfoque que llegó para quedarse… ¿O tendencia?

En los últimos años el mundo se encuentra más preparado para dar lugar a los debates sobre la desigualdad entre hombres y mujeres. Temas como cambio climático y desigualdad parecen ser tendencia en un mundo cada vez más globalizado y preparado para dar lugar a estas viejas problemáticas que recién hoy entran en escena.


 

Si bien nos encontramos con una sociedad más receptiva a estos temas pareciera ser que la lógica para la resolución de estas problemáticas no es del todo clara, en parte porque desafía nuestra forma tradicional de pensar y nos plantea un esquema que sólo puede ser entendido si comenzamos a pensar «OUTSIDE THE BOX».  Sólo así podremos dar un verdadero debate acerca de las desigualdades estructurales entre hombres y mujeres y dar respuestas eficaces a los problemas que se nos presentan. Como suele decir el dicho: «Problemas extraordinarios requieren medidas extraordinarias» y esto es la perspectiva de género.  

Desigualdad estructural: el mismo problema con distinto nombre

A lo largo de la historia la palabra estructural ha tenido diversos usos, aunque siempre haciendo una referencia tácita a lo que representa el sistema capitalista en nuestras vidas. El mayor énfasis se ha puesto en las diferencias estructurales económicas, la clásica dicotomía entre ricos y pobres, trabajadores y empleadores, profesionales y obreros, etc.

En todos estos casos y más, podemos observar que esta «estructura», que aparece como algo intangible y superior, se nos presenta como una única forma de vivir la vida, con una lógica específica que incluso llega a indicar aquello que es y que no es. Un sistema capitalista de la mano de la globalización se nos presentó como una estructura indiscutible y tan internalizada que no nos permitimos cuestionar hasta que teníamos los problemas golpeando en la puerta de casa.

Las primeras teorías feministas se desarrollaron junto con las corrientes marxistas, cuestionando juntos desde raíz, una estructura que limitaba tanto a hombres como a mujeres y sosteniendo que el patriarcado nace a la par del capitalismo. Años más tarde las feministas denominadas liberales afirmaban la existencia de una desigualdad estructural entre hombres y mujeres, pero creyendo que con los avances tecnológicos, las riquezas y abundancia y con el desarrollo de la democracia como régimen político, existía la posibilidad para la lucha por la equidad de género con resultados progresivos y graduales.

Como podemos observar las corrientes feministas son diversas, pero lo que podemos apreciar es que la desigualdad estructural es un factor común que éstas presentan.  Y eso es así por el hecho de que son estas diferencias estructurales las que dan lugar a prácticas que permiten conductas que han sido naturalizadas en nuestra sociedad.  

Desde lejos no se ve

Entender a la desigualdad de género como un problema estructural no resulta muy alentador pero es el primer paso hacia la plena comprensión de la misma. En los últimos años diversas organizaciones internacionales se han hecho eco de la problemática y  se han desarrollado numerosos enfoques, no sólo para intentar comprender, sino también para intentar solucionar.

Los debates acerca de los orígenes de la desigualdad son amplios, pero desde mi postura entenderla como una cuestión de base, es decir estructural, es la forma quizás más práctica para poder llevar a cabo soluciones.

Es a raíz de esta postura que se desarrolló la «perspectiva de género». La misma implica dar cuenta del impacto diferenciado que tienen las acciones y políticas para hombres y mujeres. Es decir, es una situación que permite en un primer lugar un diagnóstico, ya sea de políticas o programas que ya se hayan implementado, o de las que están por implementarse.

A Nivel Internacional

El Consejo Económico y Social de la Organización de las Naciones Unidas definió el concepto como: «el proceso de valorar las implicaciones que tiene para los hombres y para las mujeres cualquier acción que se planifique, ya se trate de legislación, políticas o programas, en todas las áreas y en todos los niveles».

Este enfoque funciona tanto en el ámbito privado como público. Gobiernos como el de España ya cuentan con oficinas especializadas en los asuntos de la mujer para llevar a cabo lo que se denomina «informes de impacto de género» antes de realizar cualquier acción. Los informes deben estar hechos por profesionales especializados en perspectiva de género que pueden ser tanto hombres como mujeres.

En reiteradas ocasiones se observa una confusión acerca de lo que implica la perspectiva de género y creemos que es un enfoque estrictamente de la mujer. Tanto hombres como mujeres pueden tener la perspectiva porque ambos pueden interiorizarse acerca de las desigualdades, limitar el enfoque sólo a las mujeres solo generaría una brecha mayor de desigualdad. A su vez, el solo de hecho de ser mujer no implica comprender la perspectiva de género, muchas veces se sostiene de que el ser mujer trae directamente aparejada la comprensión de la desigualdad estructural. La perspectiva de género al igual que el conocimiento acerca de las desigualdades se adquiere, no es innato en hombres ni en mujeres.

Puertas Adentro: América Latina

La cuestión de la desigualdad de género en América Latina ha tenido un papel relevante en los últimos años, incluso ha llegado a convertirse en tendencia junto a otras problemáticas como el cambio climático, pobreza, educación, etc. Pero la región tiene ciertas particularidades.

Como mencionamos previamente podemos observar un gran número de desigualdades estructurales; no es casualidad que pobreza y educación sigan siendo tendencia luego de tantos años de desarrollo. Existe en la región una dificultad para garantizar, al menos en la mayoría de la población, educación de calidad, buenas condiciones de vida y un sistema de salud eficiente. A simple vista parecería ser que estos asuntos nada tienen que ver con la desigualdad y la perspectiva de género pero no todo es lo que parece.

Niveles a alcanzar

Longwe y Clark Asociados, especialistas en género han desarrollado una teoría acerca de lo que hace falta para lograr la conciencia sobre la desigualdad de género en las mujeres. Afirman que la adquisición de la conciencia es un proceso acumulativo que tiene en el centro de la escena a la mujer. Nos indican la existencia de 5 niveles que deben ser paulatinamente alcanzados a fin de lograr el objetivo final.

En los niveles 1 y 2 podemos observar la cobertura de las necesidades básicas en lo que respecta al ser humano, haciendo referencia a la salud, el bienestar, los alimentos y los ingresos conjugado a su vez con el acceso a los recursos para la producción: tierra, créditos, servicios y educación. En lo que respecta a los niveles 3, 4 y 5 los mismos se refieren directamente a la participación en el proceso de desarrollo, los niveles de representación y el control sobre los factores de producción para asegurar el acceso igualitarios a los recursos y a la distribución de los beneficios. Una vez alcanzados los primeros niveles se puede llegar al nivel 5 donde una vez satisfechas las necesidades materiales, se puede llegar a un nivel de mayor comprensión de las desigualdades.

El último nivel no implica directamente la adquisición de la conciencia sobre la desigualdad de género, pero sí que ya se encuentran las condiciones dadas para poder reflexionar acerca de las mismas. Está a la vista que los primeros niveles correspondientes a las necesidades básicas responden a su vez a las desigualdades estructurales de América Latina que mencionábamos previamente: pobreza, educación y salud.

Conclusiones

Por lo tanto la falta de conciencia de género no se presenta como algo estrictamente social o cultural, sino más bien como algo estructural por lo que debe replantearse de base a modo de lograr cambios. Europa no es más adelantando ni más evolucionado en estas temáticas por razones naturales, sino por dar lugar a este tipo de debates que llevan a la sociedad civil a dilucidar mejor las cuestiones referidas al género.

No resulta correcto realizar un reduccionismo de la cuestión sólo porque es tendencia, sino más bien atender las complejidades para poder pensar medidas que realmente ayuden a la problemática. El llevar adelante el reduccionismo de la cuestión puede incluso llevar a creer que más mujeres en política, en cargos electivos o en cargos de alta jerarquía conlleva implícitamente medidas más igualitarias cuando en realidad, si bien es un gran logro que haya más mujeres en política, esto no implica que las mismas tengan internalizada la perspectiva de género.

Bibliografía:

Autora:

Florencia Harmitton, Estudiante de la Lic. en Relaciones Internacionales, Universidad Siglo 21.

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