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Unión Europea – Mercosur

La consolidación interna como clave del éxito

Si bien es imperiosa la necesidad de alcanzar un acuerdo con la Unión Europea por parte del MERCOSUR, ambos bloques enfrentan una serie de desafíos a superar para negociar de manera efectiva.

América Latina y Europa comparten lazos históricos, económicos y políticos cuya duración se extiende a siglos. Si bien dicho entramado de relaciones fue modificando su naturaleza, la importancia que reviste para ambas regiones nunca dejó de ser menor. Es con esta idea en mente, que es posible entender la relevancia que posee actualmente la posibilidad de concretar un tratado de libre comercio entre el MERCOSUR y la Unión Europea.
No obstante, si bien históricamente el Cono Sur estuvo (y se encuentra aún) afectado por problemas estructurales, la Unión Europea se enfrenta igualmente a problemas no menores, que no son exclusivamente extrarregionales. Dichos obstáculos tienen como particularidad, el originarse en el propio esquema institucional derivado del proceso integrador, y que hacen eco en latitudes más allá del mediterráneo.

 
Necesidad de Cooperación

El contexto económico internacional actual podría estar definido como un escenario post-crisis y signado por una fuerte incertidumbre. La victoria de Donald J. Trump en los Estados Unidos, el Brexit y los movimientos euroescépticos, el incesante conflicto en Medio Oriente y los avances estratégicos rusos, han vuelto imperioso para Estados y bloques regionales el poder reforzar mecanismos de cooperación y coordinación para mitigar los efectos que dicho contexto acarrea.
Asimismo, tanto el PBI mundial como el comercio internacional han tenido un magro crecimiento en los últimos años. Según datos del Banco Mundial, el crecimiento promedio del producto bruto mundial en los últimos cinco años fue de 2.5%, contrastando con un crecimiento promedio de 3.6% los cinco años anteriores a la crisis mundial de 2008 (de la cual se derivó una contracción de -1.7% durante el 2009). Todo lo cual lleva a los Estados a pensar en mecanismos de concertación y cooperación para poder dinamizar sus economías y retornar a una senda de crecimiento sostenido, a mayores tasas.

Es bajo este marco en el que se puede entender la prioridad que tienen los acuerdos económicos de carácter regional, y en lo que nos compete, el posible acuerdo al que pueden arribar el MERCOSUR y la Unión Europea. Pero para que dicho acuerdo tenga solidez y prosperidad existen una serie de desafíos internos, tanto políticos como económicos, que ambos bloques deben enfrentar a los fines de minimizar potenciales amenazas a la estabilidad del futuro acuerdo.

 
MERCOSUR

Han sido años dificultosos para los países que conforman el MERCOSUR. La crisis mundial ha afectado de manera directa el precio de los commodities, lo cual se ha manifestado con una sustancial caída en sus precios desde el año 2012, con una leve recuperación el año pasado . Para ilustrar dicha caída basta observar el promedio del precio de los commodities exportados por Argentina el cual pasó de un promedio de $281 USD en el periodo 2010-2014, a un promedio de $200 USD en 2015-2016.

Acompañando este escenario, los dos principales países del bloque, Argentina y Brasil, experimentaron el año pasado contracciones de su PBI de -2.3% y -3.6% respectivamente. Con dicha evidencia, se vuelve evidente la necesidad de dinamizar sus economías, alcanzar acuerdos en materia de política monetaria y fiscal, y de reforzar el compromiso hacia la constitución de una unión aduanera real. Existen allí una serie de desafíos a sortear.

Primero, y como más evidente, el retorno de la institucionalidad y el pleno goce de las libertades civiles y políticas en Venezuela. El clímax de la crisis que sufre dicho país ocurrió el pasado 30 de marzo cuando el Tribunal Superior de Justicia Venezolano, mediante un fallo, declaró en desacato a la Asamblea Nacional y asumió de manera provisoria sus funciones. Si bien se dio marcha atrás con dicha medida ante la presión internacional, principalmente de parte de la OEA y también a través de una declaración conjunta de los cancilleres de los demás países miembros del bloque, se hace imperiosa la necesidad de diálogo con la oposición y el levantamiento de la situación de excepción actual que rige desde mayo del año pasado.

En segundo lugar, resta aún alcanzar acuerdos mínimos entre los Estados miembro en lo que respecta a la aplicación de barreras arancelarias y no arancelarias, como así en lo referido a la coordinación de las políticas macroeconómicas, todo lo cual está establecido en el Tratado de Asunción. Si bien la liberalización ha sido progresiva en materia arancelaria aplicada al comercio de bienes, resta mucho por recorrer en lo referido a la aplicación de restricciones no arancelarias (cuotas, prohibiciones, regímenes de precios mínimos etc) y liberalización de servicios. Así también, la prolongación del Fondo Estructural de Convergencia del MERCOSUR hasta 2025, sin un aumento relativo de aportes de sus miembros más importantes tampoco es buen indicio .

 
UNIÓN EUROPEA

Es de conocimiento público la crisis que vive la Unión Europea actualmente. Los factores que podrían citarse como desencadenantes o catalizadores son: la crisis que sufrió el Euro, como efecto colateral de la gran crisis mundial en 2008, y la oleada de refugiados provenientes de Medio Oriente y África Subsahariana. Todo ello derivando en la consolidación de movimientos en contra de la unidad europea, marcados por fuertes nacionalismos y que tuvo como hecho paradigmático el abandono del Reino Unido de la UE en junio del año pasado, aprobándose dicho acto en su Parlamento el mes pasado.

Si bien sería muy extenso y complejo analizar la responsabilidad que le cabe a la UE por la crisis de los refugiados, si es posible hacer un breve análisis en lo que refiere a la crisis financiera y sus raíces, con la implicancia que tiene para un acuerdo con MERCOSUR o cualquier otro bloque de integración. Hay que mencionar que dicha crisis tuvo como principal manifestación las crisis financieras que vivieron España, Grecia, Irlanda y Portugal, su posibilidad de contagio, y la amenaza que dicha situación suponía para la estabilidad financiera, no sólo de Europa, sino de todo el mundo. Sobre esto último se hará foco.

A sesenta años del inicio formal del proceso de integración europeo, se pueden citar los innumerables avances realizados en materia política, económica, jurídica y cultural. Se pueden citar como hitos los Tratados de Roma, a través de los cuales se constituyó la Comunidad Europea de Energía Atómica y la Comunidad Económica Europea; el Acta Única Europea, que contribuyó a la constitución del mercado único; o el Tratado de Maastricht del cual (luego de revisiones) derivó la creación del euro y el comienzo de la interdependencia económica europea.

Es esa misma interdependencia la cual explica la crisis que vivió Europa. En este punto lo que se debe tener en cuenta es que bajo el esquema actual, la UE es una unión monetaria, pero no (al menos por ahora), una unión fiscal. ¿Qué significa esto?, que si bien existe una autoridad monetaria como el Banco Central Europeo que regula las tasas de interés, realiza operaciones de divisas y gestiona las reservas oficiales de los países miembros de la zona euro, la UE carece de una autoridad que regule la política fiscal, esto es, el nivel de gasto y de tributación de sus países miembros.

He allí la raíz del problema. Si bien había ya límites fijados a los niveles de déficit y deuda pública, bajo el imperante esquema de securitización de activos financieros y bajas tasas de interés, se inició un proceso de toma de deuda, el cual superó en algunos casos ampliamente la capacidad de pago de los países involucrados, y terminó en la aplicación de medidas de rescate financiero, la constitución del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, el Mecanismo de Estabilidad Europeo y la firma de un Pacto Fiscal Europeo endureciendo los estándares financieros bajo los cuales los países de la zona euro se deberán regir.

En esta instancia hay que aclarar la responsabilidad que le compete a la principal potencia económica de Europa, Alemania. En este sentido, dicho país, con su modelo económico fuertemente centrado en las exportaciones, con una estricta disciplina en cuanto al manejo de déficits, tanto público como en cuenta corriente, contribuyó en gran parte en agravar dicha crisis. La insistencia de los germanos en no incrementar su gasto público o reducir sus impuestos, no incrementar en gran medida las importaciones provenientes de la zona euro o el lobby bancario focalizado en no bajar las tasas de interés, provocaron una profundización de la crisis y un descontento en los países afectados, que no tuvieron otra opción más que el implementar medidas de austeridad, como condición sine qua non para ser refinanciados.

Ante esta situación se entra en la disyuntiva de dejar de lado los intereses nacionales y focalizarse en el bien de la Unión. Es un desafío no menor, y con el cual los líderes europeos deberán lidiar para poder fortalecer la integración, generar prosperidad, y así poder estar bien parados ante cualquier proceso de negociación económica internacional.

 
Bibliografía:

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