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Venezuela: Una Prueba en Materia de Seguridad para el Nuevo Mapa Político de la Región

Actualmente, América Latina está siendo testigo de nuevas amenazas que favorecen el retorno de los Estados a las agendas de seguridad. Entre ellas, son cada vez más los casos de anomia estatal e inestabilidad institucional, como lo evidencia a la fecha el caso Venezuela.  Por consiguiente, en este artículo nos proponemos analizar la situación venezolana, pero desde una perspectiva novedosa en el estudio de la seguridad, utilizando los conceptos de “Securitización” y “Complejo Regional de Seguridad” ofrecidos por la Escuela de Copenhague.

Panorama venezolano: la crisis en su punto más álgido

Como sabemos, la República Bolivariana de Venezuela atraviesa una de las peores crisis de su historia, desde que Nicolás Maduro asumió el poder. El líder venezolano nunca pudo recuperar aquellos años de bonanza que supo atravesar el país durante la conducción de su predecesor, Hugo Chávez.

Sin embargo, la crisis que atormenta al país caribeño desde hace tres años, parece haber alcanzado su pico máximo en este último mes, a causa de la escalada de violencia entre el gobierno nacional y la oposición. Además, las últimas decisiones tomadas por los más altos niveles del Estado (la asunción de las funciones de la Asamblea Nacional por parte del Tribunal Supremo de Justicia; la decisión de retirar a Venezuela de la OEA y la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente) sólo favorecieron aún más este contexto.

Como consecuencia, las reacciones de los actores regionales no se hicieron esperar, asumiendo posicionamientos más duros hacia el gobierno nacional. ¿Estamos en presencia de un proceso de “securitización” en marcha?

¿Existe un proceso de securitización en marcha?

Un proceso de securitización se define y caracteriza por la puesta en marcha de un acto discursivo que tiene como fin convertir un asunto determinado en un asunto de seguridad, construyendo intersubjetivamente a partir de una percepción común, una amenaza existencial que “requiere medidas de emergencia y justifica acciones fuera de los límites normales de procedimiento político”. Dicho acto discursivo y las acciones que se tomen en consecuencia, se fundamentan en la necesidad de preservar “objetos referenciales” que se encuentran en peligro debido a la existencia de esa amenaza. El éxito de esta estrategia dependerá de la aceptación de la audiencia a la cual va dirigido (Buzan et al., 1998).

Si aplicamos esta definición a la actual situación venezolana, no estamos en condiciones de afirmar que Venezuela haya sido “securitizada” a la fecha, ya que aún no ha habido una ruptura total de las reglas del juego político. Pero sí podemos sostener, a partir de ciertas señales que actualmente están siendo brindadas por la región, que podríamos estar evidenciando un proceso en marcha en esa dirección. Veamos por qué.

Para empezar, si nos detenemos a analizar el discurso de Estados Unidos y algunos aliados en la región (entre los que se destacan, Argentina, Brasil, Paraguay, Colombia, Perú y México) hacia la situación en Venezuela, sale a la luz que existe una percepción común sobre qué es lo que sucede en este país.  A partir de la misma, se desarrolla un acto discursivo en el cual  el caso “Venezuela” se convierte en un asunto de seguridad, y donde también se construye (o presenta) intersubjetivamente al gobierno nacional (y particularmente a la figura de Nicolás Maduro) como una amenaza existencial, que por definición, necesita ser abordada con urgencia y cuyo comportamiento justifica acciones por fuera de los límites normales de procedimiento político.

Dos señales: presión y acción militar

Si bien aún estas acciones extremas no han sido tomadas, existen dos señales que nos permiten suponer que podrían ser tomadas en un corto o mediano plazo. Una de ellas es la creciente presión regional/internacional que se está ejerciendo sobre Venezuela para disuadir al gobierno a cambiar su comportamiento, interviniendo de este modo en sus asuntos internos. La segunda señal viene dada por el comunicado del Comando Sur militar de Estados Unidos en el cual se expresa la preocupación por la inestabilidad del país caribeño y se advierte sobre la posibilidad de una respuesta regional, si las cosas no cambian (United States Southern Command, 2017). Lo que en otras palabras, viniendo de este actor, supondría una potencial intervención militar norteamericana.

Por otra parte, existe en sus discursos una repetición de palabras o frases como “población/ciudadanía venezolana”; “Democracia”; “República”; “Libertad” y “Derechos Humanos”. Todos ellos se convierten en los “objetos referenciales” del acto discursivo, cuyo valor hay que preservar.

Finalmente, observamos que el acto discursivo viene en líneas generales teniendo éxito, lo que sostenemos a partir de la evidencia de la aceptación de éste por parte de una considerable masa de la población de estos países, como a su vez, por la asunción del mismo por parte de los medios hegemónicos que se encargan de reproducirlo, favoreciendo al éxito de la estrategia.

¿Estamos ante un nuevo Complejo Regional de Seguridad puesto en funcionamiento ante la crisis venezolana?

Para finalizar el artículo, discutiremos esta posibilidad. Veamos primero que se entiende por un Complejo Regional de Seguridad:

«Un Complejo Regional de Seguridad se define y caracteriza por un conjunto de Estados, agrupados por la proximidad geográfica entre ellos y una percepción común sobre las amenazas y vulnerabilidades de la región, lo que los lleva a mantener una interdependencia profunda en materia de seguridad, con base en unos patrones de amistad/enemistad bien definidos.» (Buzan et al., 1998).

Si como dijimos anteriormente, existe un proceso de seguritización en marcha por parte de actores que comparten una percepción común sobre cuál es una de las amenazas para la región, y además, hay una proximidad geográfica entre ellos definida por la “región latinoamericana”, entonces podríamos estar ante un nuevo Complejo Regional de Seguridad que ha sido puesto en funcionamiento ante la crisis venezolana.

Y decimos “nuevo”, ya que uno de los modos en que se puede alterar la estructura del C.R.S. (redefiniéndolo), es cambiando los patrones de amistad/enemistad, lo que realmente sucedió desde el advenimiento al poder en 2015/2016 de gobiernos de otro signo político, lo que influyó decisivamente en las relaciones y discursos que éstos países venían teniendo con y hacia la República Bolivariana de Venezuela.

Seguritización como concepto clave

Finalmente, también existe una interdependencia creciente en materia de seguridad, lo que ha quedado reflejado en: la serie de comunicados conjuntos que estos países han emitido hasta la fecha (Redacción Infobae, 2017)1; la intención norteamericana de discutir con países de la región la aplicación de “sanciones coordinadas” y el desarrollo de un enfoque regional (Lissardy, 2017); los recientes compromisos de cooperación en materia de seguridad asumidos entre Argentina y Estados Unidos (Redacción Infobae, 2017)2; y la reacción conjunta de muchos de estos actores a través de Instituciones Internacionales como la OEA y MERCOSUR (Redacción Prodavinci, 2017).

En síntesis, como hemos visto en el abordaje de la situación venezolana, los conceptos de “Seguritización” y “Complejo Regional de Seguridad” son muy importantes al momento de analizar elementos de la realidad regional que otras perspectivas de estudio de la seguridad ignoran deliberadamente.

Bibliografía:

Autor

Juan Manuel Severo Frers.

Licenciado en Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas (Universidad Empresarial Siglo XXI). Especial interés en las regiones de América Latina y Medio Oriente; y en temas de Geopolítica, Seguridad Internacional y Análisis del Discurso.

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