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El verdadero origen del ISIS

ISIS (Islamic State of Iraq and Syria) y el Estado Islámico (E.I.) son grupos políticos radicales islamistas, yihadistas y suníes liderados por Abu Bakr al-Baghdadi. En el año 2014 I.S.I.S. cambia de nombre a Estado Islámico o E.I. cuando se auto proclama califato, abarcando zonas de Irak y Siria. Su actual líder, y autoproclamado califa, es el propio Abu Bakr al-Baghdadi. El que gobierna, según el islam, es un califa, y es considerado el jefe político y la suprema autoridad religiosa. El territorio bajo su jurisdicción se llama califato.

¿Pero cuál es el origen de este grupo radical islámico?

Para responder esta pregunta es necesario situarnos en el Afganistán de finales de la década del 70 el cual estaba gobernado por el partido comunista en la cabeza de su presidente Mohamma Najibullah. Anteriormente a la llegada al poder del comunismo, los rumbos del país eran llevados por clanes y señores de la guerra, los cuales sometían a su población a la ley Sharia, si la misma ley que hoy en día quiere instalar en todo el mundo el grupo terrorista autodenominado Estado Islámico. Estos clanes radicales sometían a su población a toda clase de violaciones de los derechos humanos, escudados en tradiciones religiosas.

Durante el Afganistán comunista, el gobierno Afgano logró una serie de avances jamás imaginados para beneficio de su población, iniciando un programa de amplios cambios en la sociedad afgana. Para empezar, eliminó la usura (de la que se beneficiaron once millones de campesinos); inició una campaña de alfabetización (por primera vez en las escuelas se enseñó en las lenguas nativas de los alumnos y también asistían mujeres); implantó una muy radical reforma agraria; separación total de la religión y el nuevo Estado (que, en virtud de la Ley, pasaba a ser constitucionalmente laico); eliminó el cultivo del opio; legalizó los sindicatos y estableció una ley de salario mínimo para subir sueldos a los trabajadores y trabajadoras afganas.

Los derechos de las mujeres

El gobierno también promovió la igualdad de derechos para las mujeres: permiso de no usar velo si así lo deseaban, permiso de transitar libremente y conducir automóviles, abolición de la compra de mujeres y trata de personas, integración de mujeres al trabajo y a estudios universitarios, así como a la vida política con cargos públicos. Los comunistas afganos tomaron medidas para sacar al Pueblo del atraso y la miseria. En un primer momento distribuyeron tierra a 250 mil campesinos, abolieron todas las deudas contraídas por los campesinos con los terratenientes, liberaron 8 mil presos políticos, declararon la educación universal para ambos sexos, entre numerosos avances.

Algunos datos

La tasa de mortalidad infantil de menores de 5 años pasa de 30% en 1960 a 18% en 1988; el 80 % de la población urbana accede a servicios de salud; el 63 % de los niños y niñas realizan íntegramente el curso escolar en 1985-87; la esperanza de vida pasa de 33 años en 1960 a 42 en 1988. Centenares de miles de personas son alfabetizadas. Se aumenta en un 50 % el número de médicos, se duplica el total de camas en los hospitales; se crean por primera vez jardines de infancia y casas de reposo para los trabajadores.

El gobierno comunista se esfuerza en sacar a las mujeres del tremendo atraso y opresión que sufren: el analfabetismo femenino es reducido del 98 al 75 % y miles de mujeres afganas dejan de usar el chador. Se incorporan a la producción e integran los destacamentos populares de defensa de la revolución con las armas en la mano.

Los afiliados del PDPA que practican la poligamia son expulsados del partido. Incluso se incorporan a la vida política: las mujeres son una décima parte de la militancia del PDPA, cifra insuficiente pero que es un gran avance en comparación con la exclusión absoluta que sufren hoy bajo el régimen de los talibanes y la ocupación de la O.T.A.N. La vicepresidenta de la Unión de Mujeres Democráticas Safika Razmiha declaró en 1988: «si no se logra la igualdad de la mujer en nuestra sociedad, es imposible avanzar por el camino del progreso social. Muchos miles de mujeres afganas aún están encerradas en los harenes, millones ocultan su rostro bajo el chador y el 75 % de ellas son analfabetas.

Fotografía de Reagan con los comandantes radicales Islámicos

El origen de las armas

La revolución afgana realiza un ingente trabajo para emancipar a la mujer. Pero la correlación de fuerzas es todavía favorable a los atrasos feudales». Afganistán permitió el divorcio, curiosamente, un año antes que países Europeos. Estados Unidos vio la situación como una oportunidad única para debilitar a la URSS, y volver a comercializar armas con los líderes de los clanes afganos.

Aquellos convirtieron al país en uno de los mayores compradores de armas proveniente de USA del mundo, y representaban la posibilidad de poder quedarse con negocios proveniente del gas, la construcción, los préstamos internacionales y el petróleo en Afganistán, negocios que por supuesto se terminaron durante el Afganistán comunista, por este motivo y por la presión que ejercieron los fabricantes de armas, y el poder económico estadounidense a sus políticos para no perder ese mercado. Fue uno de los motivos esenciales que marcó el final de la era de la distensión iniciada por el ex Secretario de Estado Henry Kissinger.

Financiamiento y entrenamiento de terroristas

En 1978, los estadounidenses comenzaron a formar insurgentes y establecer emisiones de propaganda para Afganistán desde Pakistán. A principios de 1979, oficiales estadounidenses comenzaron a reunirse con los líderes insurgentes para determinar sus necesidades. De acuerdo con el entonces Consejero de Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski, la ayuda de la CIA a los insurgentes en Afganistán fue aprobado en julio de 1979.

Brzezinski dijo que la ayuda a los muyahidines, ( se denomina así al radical que lucha para instalar un régimen basado en el califato islámico) se inició bajo la administración Carter con la intención de provocar la intervención soviética, y continuó siendo impulsado de manera significativa en la administración Reagan. Los Estados Unidos y sus medios de propaganda instalaban en la opinión mundial que Afganistán estaba siendo invadido por los Soviéticos sometiendo a su «pobre e indefenso pueblo». Recordarán películas como Rambo I donde el afamado héroe pelea junto al pueblo para liberarlo de la opresión extranjera, ese pueblo que se deja ver en la película no es más ni menos que los clanes de señores de la guerra quienes luego serán conocidos como Al Qaeda y deviniendo en el actual Estado Islámico.

¿Invasión de la URSS?

Cuando se habla de este hecho histórico en la bibliografía o en los medios de comunicación, se le califica de “invasión de Afganistán” o “invasión soviética”, equiparándolo con episodios que protagoniza la URSS en Hungría (1956) o en Checoslovaquia (1968). Nada más lejos de la realidad. La URSS no invade Afganistán, sino que interviene tras recibir la petición por parte del Consejo Revolucionario. Esto explica que la intervención en Afganistán no despierte el mismo descontento que años atrás produjo la invasión del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia.

De hecho no hay que olvidar dos datos: La Revolución de Saur se produce en 1978 y la entrada de tropas soviéticas es el 7 de diciembre de 1979, habiendo ya EE.UU empezado a financiar a los «rebeldes», el actual estado Islámico.

Otro dato: La República socialista afgana SOBREVIVIÓ a la caída de la URSS durante meses, sin ayuda y luchando sola contra sus enemigos. La URSS desaparece en diciembre de 1991 y Kabul no es tomada hasta un año después, lo que demuestra la existencia de un apoyo importante y notable por parte de la población, teniendo en cuenta que de 1988 a 1992, la RPDA luchó sin más ayuda que la de su propio Ejército y las milicias comunistas. Apoyo abierto por parte de EEUU a los islamistas, entre los cuales acabará naciendo Al- Qaeda.

El rol de los medios

EEUU no dudó, con el apoyo de Arabia Saudita, en financiar y armar a los «freedom figthers». Como en Siria y Libia ha pasado en los últimos años, EEUU no tuvo problema en apoyar a gente que, sumidos en un feroz fanatismo islamista, obedecían y servían a los poderes que les financiaban.

Reagan se reunió con los comandante radicales afganos, el actual estado islámico en la casa blanca en el año 1982. Reagan llegó a decir de ellos: «Ver los valientes afganos luchadores por la libertad contra modernos arsenales con simples armas de mano es una inspiración para aquellos que aman la libertad»

La misma Al Qaeda tiene el origen de su nacimiento en Afganistán, algo que ha sido reconocido por la misma Hillary Clinton. En 1981 se producen secuestros de ciudadanos, decapitados y ejecutados por no cumplir con la ley sharia de la misma forma que hoy hoy ejecuta ISIS a sus capturados. Entonces, los medios de prensa, a ese acto, igual que a los coches bomba, le llamaban «luchar por la libertad».

De hecho, Bin Laden era retratado en medios occidentales en los años 90 como un héroe de la libertad.

Con la complicidad de la prensa occidental, donde se vendía que eran «rebeldes» que luchaban contra un «régimen». De hecho, ya estaba allí «informando» como por ejemplo la conocida periodista de EL PAIS, Pilar Bonet, denunciada por la intoxicación de sus artículos sobre Ucrania en 2014. Durante los años 80, cuando era una constante. (Curiosamente escrito por muchos tipos que hoy siguen escribiendo crónicas desde Siria).

Los muyahidines eran «oposición armada», quienes les combatían, «régimen». Los medios tuvieron un papel fundamental a la hora de convertirse en sicarios rentados y propagandísticos pagados por los gobiernos que poseían un gran interés económico en Afganistán. De esta manera Estados Unidos y sus aliados entrenaron y armaron a un grupo radical islámico que se vendía a la opinión mundial como luchadores por la libertad, sabiendo que sus ideas radicales nada tienen que ver con eso, pero de esta manera lograron convencer al mundo, que creyó ciegamente, en lo que los medios le decían.

Diario de la época con Bin Laden en tapa

¿Qué pasó después?

La oposición, llamada en Occidente, incluso por la izquierda «de salón» RESISTENCIA, REBELDES, LUCHADORES POR LA LIBERTAD, que no es más que un amasijo de 300 comandantes enfrentados entre sí y acostumbrados a llenarse los bolsillos con los dólares de la CIA, termina en 1992 por derribar el gobierno comunista. Las conquistas sociales son liquidadas y el país pasa a un nuevo tipo de guerra civil entre los diferentes jefes tribales.

Cuando los «muyahidines» llegaron, además de cortar los dedos a las mujeres con uñas pintadas, y matar a muchas de ellas, después de violarlas con sadismo, junto a defensores del régimen socialista, fue quemar todo el esfuerzo puesto años atrás en hacer avanzar al país. Basta con recordar el saqueo y quema de libros en Kabul, 1992.

La CIA, el régimen saudí y el general pakistaní Nasrullah Babar forman un grupo integrista aún más fanático y brutal que toma el poder en Kabul en 1996, los talibanes. Los Estados Unidos pretenden que este régimen no dificulte la instalación de oleoductos que transporten el petróleo centro-asiático a manos de las petroleras multinacionales estadounidenses. Otras vías alternativas por Irán y China no son posibles.

Los talibanes hacen saber mediante dos gestos lo que va a ser su política: arrastran por las calles de Kabul y cuelgan al último presidente comunista, Najibullah, y ordenan a las mujeres a esconderse debajo de de una espantosa pieza de tela. El asesinato de Najibullah podía haberlo evitado él mismo: le ofrecieron salvarse si firmaba un documento favorable a Pakistán. Al no hacerlo, los entrenados por EEUU no tardaron tiempo el darle una muerte horrenda y terrible.

El nacimiento del ISIS

Los antiguos amos de la CIA pensaron seguramente que su operación había tenido éxito y que Kabul «ya era libre». Poco imaginaban, y tampoco sus aliados de la OTAN, que los fanáticos integristas se iban a volver contra ellos colaborando, supuestamente, en los devastadores atentados de EEUU y otros lugares.

El pueblo afgano tuvo una oportunidad de obtener un desarrollo pacífico y construir una sociedad más justa. La única ayuda que recibieron de Occidente fue las armas de los bandidos integristas, después las lágrimas de algunas feministas pequeñoburguesas, los misiles de Clinton y un país sumido en la miseria en todas sus categorías clasificables.

Todavía, quienes tenemos memoria tenemos que aguantar noticias como «Una mujer conduce por primera vez en Afganistán» (Europapress, 2014), como si fuésemos IMBÉCILES y desconociésemos la historia. La Historia de un Afganistán libre, socialista, donde las mujeres podían ser y desarrollarse, donde los pobres y los humildes por fin tocasen con la punta de los dedos el poder y auto gestionar sus destinos.

Por desgracia, execrables y repugnantes intereses sembraron de muerte y pobreza en Afganistán en nombre de la «libertad»: como en Irak, como en Libia y como hoy en Siria.

Debemos recordarlo, debemos tener memoria, si no lo hacemos, conseguiremos que vuelvan a matar, de nuevo, a todos y todas las valientes que en 1978 lucharon por un Afganistán mejor, que nada tiene que ver con la cloaca actual creada por EEUU en 2001. Los afganos, a pesar de todo, no lo han olvidado. Cabe señalar que una encuesta de Radio Kabul en 2008 preguntaba qué gobierno preferían los afganos: Un 93% dijeron que la República Socialista, recordando el periodo de prosperidad vivido en aquellos años que, de momento, parece que no volverán.

Bin Laden y el entorno teórico de Al Qaeda están obteniendo una horrenda victoria póstuma a través del Estado Islámico. Las miles y miles de personas que mueren víctimas de los atentados en varias regiones del mundo tienen un origen teórico común, una decisión estratégica fundacional pactada por Estados Unidos y Arabia Saudita y un error garrafal cometido en Irak luego de la invasión de 2003. Esos tres elementos van a diseñar el espantoso mundo en el cual vivimos.

«Los militares no comienzan las guerras. Los políticos y su ambición comienzan las guerras».-William Westmoreland.

 

Autor:

Gustavo Suárez Analista Internacional y escritor del libro «sueños de revolución, presos del capitalismo» y «origen del mal: ISIS».

 

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